febrero 27, 2018

Specific Rules #1 for Date of Publication (required) to Citing Entire Reports Vancouver Style: Multiple years of publication



For multiple years of publication, separate the first and last year of publication by a hyphen. Do not shorten the second of the two years to the last two digits.

2002-2003

1997-1998

1999-2000


If months are given, place them after the year. Use English names for months and abbreviate them using the first three letters.

1999 Oct-2000 Mar

2002 Dec-2003 Jan


Separate multiple months of publication by a hyphen.

2005 Jan-Feb

1999 Dec-2000 Jan


Separate multiple seasons by a hyphen; for example, Fall-Winter. Do not abbreviate names of seasons.



Según:

Citing Medicine: The NLM Style Guide for Authors, Editors, and Publishers [Internet]. 2nd edition. Chapter 4: Scientific and Technical Reports






febrero 06, 2018

Que savez-vous de Gutenberg, l'inventeur de la typographie moderne? | Marie-Aude Bonniel (@BonnielDuparc), @Le_Figaro @Figaro_Histoire




Le Figaro




« Le 3 février 1468 disparaissait Gutenberg. À cette occasion Le Figaro vous propose de tester vos connaissances sur cet illustre personnage dont l'invention a révolutionné la diffusion du savoir en Europe.


» L'inventeur de l'imprimerie: l'Histoire retient le nom d'un certain Gutenberg. Contrairement à l'idée répandue, ce n'est pas tout à fait exact. Gutenberg a repris les différents types de matériels existant et les a améliorés. Ces innovations majeures permettent de le considérer ainsi comme le pionnier de la technique donnant naissance à la prodigieuse invention de l'imprimerie.

» Grâce à l'invention de Gutenberg, des ateliers d'imprimeurs se multiplient à travers les grandes villes d'Europe: plus de mille imprimeries naissent entre les années 1450 et 1500. On estime que quinze à vingt millions de livres sont imprimés dès avant 1500. Cette révolution de l'imprimerie change profondément le contenu et la forme du livre. Absente des manuscrits une page de garde voit le jour: on y trouve le titre du livre, le nom de l'auteur. Ces livres sont imprimés en lettres gothiques et le plus souvent en latin langue commune aux gens lettrés.



» Une révolution culturelle

» L'Europe va découvrir cette technique révolutionnaire de reproduction des livres: c'est une nouvelle façon de véhiculer la pensée, le savoir et même la contestation. Très rapidement les pouvoirs publics tenteront de s'assurer le contrôle des imprimeries: dès François 1er l'ordonnance de Montpellier en 1537 organise le dépôt légal, une façon de contrôler des idées dissidentes mais également de conserver les ouvrages.

» Le livre devient un objet public dans les villes commerçantes et universitaires. Depuis on connaît l'essor et le succès des livres. Mais l'évolution technologique des métiers de l'imprimerie puis l'apparition du numérique ont entraîné d'immenses transformations. Pour marquer le 550e anniversaire du célèbre imprimeur, l'association Espace Européen Gutenberg lance ce 3 février: 2018, année Gutenberg. Tout au long de l'année des animations lui sont consacrées. Découvrez à travers notre quiz, Gutenberg et l'aventure de l'imprimerie. »





Pop Culture Typography | Isaac Moores








Diseño de una Tipografía digital de la A a la Z - Un curso de Juanjez



Juanjo López | Lettering & type design








«Discurso, poder e imaginario cultural: Análisis de los ensayos Las trampas de la desgracia y Ese país donde nunca estuvimos de Alexander Jiménez Matarrita»



Ronald Gerardo Hernández Campos
«Discurso, poder e imaginario cultural: Análisis de los ensayos Las trampas de la desgracia y Ese país donde nunca estuvimos de Alexander Jiménez Matarrita»

humanidades, vol. 8, n.º 1 (2018)

humanidades | Universidad de Costa Rica | San José de Costa Rica | COSTA RICA


Extracto de apartados en páginas 104 y 113 a 119 de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Resumen

»Se analizan los ensayos Las trampas de la desgracia y Ese país donde nunca estuvimos (cultura y sociedad en Costa Rica, 1980-1995) de Alexander Jiménez Matarrita a partir de diferentes perspectivas: por un lado, se exponen las relaciones de ambos textos con la teoría del ensayo y las categorías del presente y del tiempo propuestas por Liliana Weinberg; por otro lado, se explican ambos ensayos en torno a los postulados teóricos de Michel Foucault y de Louis Althusser sobre los mecanismos de control-distribución del discurso y los aparatos ideológicos del Estado, respectivamente.



»Las trampas de la desgracia: Los mecanismos de control del dis-curso y los aparatos ideológicos del Estado

»En este ensayo Jiménez (1996) abre su exposición relacionando los medios de co-municación con algunos de los conceptos del entramado teórico de Foucault acerca de la vigilancia, la disciplina, el castigo; si se sigue el planteamiento de que el ensayo trasciende a su tiempo presente (el momento de la enunciación del texto) se puede llegar rápidamente a encontrar aún vigente el siguiente cuestionamiento del autor:

»Somos el producto de regímenes constituidos mediante artifi¬cios de poder y saber, ligados al manejo de la información sobre los cuerpos y las virtualidades del alma. En efecto, buena parte de los aparatos disciplinarios operan mediante miradas omnicomprensi¬vas. Verlo todo, saberlo todo, decirlo todo (Jiménez, 1996, p. 60)


»De acuerdo con el autor, entonces, se incluye como un “producto” de regímenes y sus mecanismos para mantener el poder, entre ellos los aparatos disciplinarios; además, el ensayo pone énfasis en el hecho de que dichos aparatos convierten en un “panóp¬tico” al Estado: lo ve y lo sabe todo, lo cual no precisamente está cargado de un sig¬nificado positivo, puesto que la disciplina opera para hacer que el pueblo obedezca.

»A partir del concepto de disciplina, en este texto se observa cómo la infor¬mación –entendida como los medios que se dedican a “informar”– surge en como piedra angular para el autor e inmediatamente de entrada les colo¬ca una connotación negativa: en concreto, los medios de comunicación (pe¬riódicos, noticieros, de acuerdo con Jiménez) son mecanismos de vigilancia y castigo, ya que cooperan con el “poder” siempre invisible y casi omnipresen¬te, según su interpretación; el yo discursivo del ensayo afirma que “las pan¬tallas y las planas de los diarios transforman las capacidades perceptivas de los sujetos. Actúan como factores de irrealidad o hiperrealidad necesaria se¬gún haya que enseñar o mostrar [cursivas añadidas]” (Jiménez, 1996, p. 60).

»En efecto, el acceso a la información que se divulga en los medios tiene poder sobre los sujetos. El texto apunta a la función que cumplen las noticias de sucesos dentro de la sociedad y del entramado del discurso periodístico nacional; el autor alude a varios ejemplos de cómo por el afán de “rememorar” lo ocurrido se toca un punto que se puede llamar ético, si se quiere, ya que como afirma el autor “la condición de nuestro periodismo, la de nuestros periodistas y la de nuestra sensibilidad. Sin duda, algo se descompone allí donde la desgracia íntima asume la realidad de un espectáculo [cursivas añadidas]” (p. 61). Para la voz del ensayo, la desgracia, que se supone es íntima, pertenece al ámbito de lo privado, es un elemento que se ve invadido, cosificado, por parte de los medios y su connotación de espectáculo es evidentemente negativa. Esta desgracia adquiere el matiz de expectación, ya no es propia de quien sufre el suceso, sino que es tomada para crear contenido infor¬mativo, no siempre aceptado por el público como válido en el ámbito periodístico.

»En este caso, se observa al medio de comunicación –el periódico, la noticia de sucesos– como un aparato ideológico porque está “contribuyendo” de cierta for¬ma a dar legitimidad al discurso del poder: la clase que se encarga de “recolec¬tar” y “distribuir” la información se acuerpa con el derecho de hacer saber a las demás clases el acontecer de la realidad ocurrida, lo que incluye por supuesto la noticia de sucesos; como dice el autor, para el resto de las personas se norma¬lizan este tipo de noticias. El ensayo hace hincapié en la manera en que exis¬te un cambio en la ética y estética de consumir los sucesos, la intimidad, por parte de los sujetos, ya que el consumidor de la noticia lo hace desde la visión indiferente del observador sin apelar por ello a su empatía y al respeto de la in-timidad de las personas que sufren, de acuerdo con lo propuesto en el ensayo.

»Se puede afirmar, además, que en el texto de Jiménez se ilustra la for¬ma en que el discurso periodístico encuentra las formas para construir su saber y sus rituales dentro de una sociedad a partir del ejemplo que el autor da acerca de la manera en que se relatan las noticias de sucesos:

»El modo de elaborar el discurso de la delincuencia común puede ilus¬trar tales mediaciones y su carácter de estabilizadores sociales. Los sectores populares aprenden a denunciar a quienes les son cerca¬nos. La peligrosidad social queda así reducida a un segmento que tie¬ne mala conciencia sobre sí mismo, a partir del manejo de un discur¬so administrado por las secciones de sucesos (Jiménez, 1996, p. 60).


»De acuerdo con el planteamiento de Jiménez, se sostendría entonces que el segmen¬to informativo denominado sucesos administra con sus propias reglas el discurso sobre diferentes noticias que entran dentro de esta categoría periodística; además de ello, el factor ético de dicho subgénero periodístico se encuentra anulado puesto que los sectores que denomina el ensayo como populares son objeto y no sujetos de tales noticias: forman parte del discurso administrado a las clases dominantes, a quienes los “miran de reojo” desde la comodidad del televisor o del periódico, me¬dios que critica Jiménez por publicitar el dolor ajeno como una forma de dominio.

»Asimismo, en Las trampas de la desgracia se afirma que existe un lugar de enuncia¬ción para los sujetos de las clases: los sectores “poderosos” se encuentran representa¬dos en las noticias de espectáculos, de económicos, de política, entre otros, mientras que los sectores que se podrían denominar populares, “dominados”, según el texto:

»Solo acceden a los espacios públicos a modo de material informa¬tivo en las secciones de Sucesos. Es paradójico. Quienes nunca ha¬bían aparecido en la pantalla o el papel aparecen cuando ya no es¬tán, cuando han dejado de habitar sus cuerpos. Quienes estaban al margen ocupan el centro de estas noticias. La intimidad parece es¬tar reservada a los hombres públicos y a las familias “honorables”, y la honorabilidad es una virtud reservada, desde finales del medioevo, a los sectores con poder económico (Jiménez, 1996, p. 62).


»En la cita anterior se evidencia que en efecto, los sectores que son dominados por las clases poderosas tienen un lugar en el discurso periodístico; sin em¬bargo, es un lugar de objeto, de contenido de noticias. Cabe destacar, además que el acceso al discurso por parte de los sujetos populares les quita su priva¬cidad, la intimidad, pues esta se reserva para hombres honorables que por lo descrito en el ensayo de Jiménez no son otros sino los que ostentan el poder económico. Otro punto con el que se relacionan el texto y la teoría es la per¬cepción en el imaginario cultural costarricense de las personas que sufren y cuyo dolor es expuesto en las notas de sucesos. Jiménez expone lo siguiente:

»Hasta hace pocos años, los sujetos creían tener derechos a sobrellevar el dolor y la desgracia con un cierto grado de intimidad, dignidad y dis¬creción. Como parte del proceso de frivolización colectiva que pade¬cemos, también los sufrimientos más profundos son divulgados como información negociable. Sin que nadie lo advirtiera, nos ha nacido una “intimidad de masas” cuyo rostro más visible son los espacios te¬levisivos en donde sujetos se confiesan, los unos a los otros, detalles afectivos, amorosos, familiares, que tradicionalmente se resolvían en ausencia de las cámaras. Sin embargo, la apertura del mercado de la des¬gracia no toca a todos los segmentos por igual (Jiménez, 1996, p. 63).


»En esta cita se puede apreciar que el subgénero periodístico denominado “sucesos” implica un posible mercado, según la voz del ensayo. Esto quiere decir que la sensi¬bilidad de quien es “víctima” de la desgracia se convierte en una fuente de ingresos, una “cosa” mercadeable, vendible, para un público que consume la información.

»En la cita anterior, además, se evidencian varias apreciaciones a partir de la experiencia del autor con los medios de comunicación y el uso de la informa¬ción que llevan a cabo. Para el autor, la frivolidad con que se televisan y se recuentan los sufrimientos y las desgracias de los otros (de los po¬bres, de los dominados, de las personas a quienes les ocurre una trage¬dia) les resta lo poco de dignidad y discreción que deberían recibir al menos.

»La intimidad de masas de la que habla el texto reafirma que los medios de comuni¬cación son un aparato ideológico del Estado porque, en el fondo, la visibilización de ciertos sucesos permite a la clase dominante construir una imagen del gran “otro” (los dominados) a quienes sí les ocurren desgracias. Aquí la connotación de la masi¬ficación también es negativa porque en la masa no hay solidaridad, sino frivolidad, es decir, el pensamiento masificado de la misma manera reprime lo que visibiliza.



»Ese país donde nunca estuvimos: Para una (de)construcción de la “cultura” y la “sociedad” costarricenses (1980-1995)

»En este otro texto, el autor propone una crítica y su interpretación de ciertos fe-nómenos culturales que persisten en el imaginario costarricense; no obstante, al parecer, la memoria del poder ha buscado la manera de borrarlos. El texto se interroga por el lugar del recuerdo hacia el que se dirigen los hechos relevantes (los años) de un país, a partir del intertexto de Funes el memorioso de Jorge Luis Borges, pero hace una apreciación opuesta:

»A diferencia de Funes, los políticos costarricenses tienen como oficio la desmemoria. Siempre han olvidado todo cada vez que se descu¬bren sobornos, financiamientos mafiosos, líos diplomáticos, desfal¬cos en los bancos. El talento del olvido lo tienen muy desarrollado. No saben, no recuerdan, no estaban nunca ahí (Jiménez, 1997, p. 163).


»En la cita anterior, la metáfora tomada de Borges sirve (con un efecto opuesto) para hacer hincapié en la “desmemoria” que persiste en la cultura costarricense, en su imaginario y, desde luego, en la clase política que domina el país y que cons¬truye una identidad que pretende homogenizar a todos los habitantes de la nación con el fin de que no salgan a la luz los crímenes que los diplomáticos cometen, mediante actos de corrupción que se esconden a través del olvido. El imaginario costarricense, de acuerdo con Jiménez, está construido a base de olvidos de los acontecimientos trascendentales, procesos de invisibilización de lugares y sujetos incómodos para el colectivo dominante, y de la mostración de Costa Rica como una marca país. Jiménez apunta y critica:

»Costa Rica es, pues, un nombre tramposo. Aquí lo real acontece le¬jos de las costas, y estas fueron perdiendo poco a poco sus riquezas. Sin embargo, alrededor del nombre de la Patria se ha configurado un discurso que despliega y sostiene estructuras de percepción, valora¬ción y racionalidad, de una gran rentabilidad política (1997, p. 162).


»En esta cita se confirma que el imaginario costarricense ignora conscientemente todo lo que está fuera de la Gran Área Metropolitana, para la época en la que escribe el ensayo el autor. Sin embargo, aquí cabe preguntarse nuevamente por la categoría del presente en los textos ensayísticos, y la respuesta no dejaría de apuntar a que esta visión sesgada de lo nacional. Incluso en el texto se hace referencia a la búsque¬da de los costarricenses por borrar a los sujetos que son la otredad (mujeres, niños, negros, indígenas, homosexuales) para la clase dominante (hombres, “blancos”, “heterosexuales”, productores de riqueza). Jiménez es tajante en su afirmación:

»La sociedad y la cultura costarricenses son básicamente ladinas. Esto quie¬re decir que la identidad social de sus capas medias está construida desde elementos imaginarios que les hacen creer que son sin mezcla, que aquí la sangre hispana marca la diferencia, que no son parte de un proceso por el que han pasado la mayoría de los pueblos profundos de América Latina (p. 164).


»Para el costarricense, siguiendo la línea de pensamiento del filósofo Jimé¬nez Matarrita, la identidad social, su imaginario, dista demasiado del mes¬tizaje, de la diversidad: al ser sin mezcla, la pureza representada en la paz, en las celebraciones que se alejan de la parafernalia militar de las nacio¬nes centroamericanas, se marca la “diferencia” entre los ticos y los otros. De hecho, esta consideración también es criticada por Alexander Jiménez:

»Para los costarricenses, los pueblos de Centroamérica son siem¬pre lo otro, aquello con lo cual no se nos puede confundir, aque¬llo donde se origina buena parte de los males. En los estadios de fútbol, en los asesinatos y robos cotidianos, en los posibles proyec¬tos políticos y económicos comunes, el resto de los centroameri¬canos no merecen nunca la oportunidad de la inocencia (p. 162).


»El gran otro que representan los pueblos extranjeros para el costarricense, de acuerdo con el texto de Jiménez, se observa de reojo sin identificarse con este: el costarricense no es belicoso como ellos, porque se olvida de las revueltas y de los conflictos armados en los que ha participado (guerra de 1948, campaña de 1856, por citar algunos importantes) que han sido la forma de zanjar las bases de ese discurso pacífico que domina el imaginario en el país.

»Asimismo, la no identificación con el otro centroamericano le da legitimidad a la carga semántica de “pureza, blancura e inocencia” con que se publicita la identidad costarricense porque al ser más hispanos, ladinos, los ticos son más “civilizados”, lo cual, discursivamente, es un artificio, es una construcción y no precisamente es cierta.



»Conclusiones

»Se ha visto en este trabajo que la ideología dominante en el imagina¬rio costarricense ha decantado en la construcción de una identidad que se publicita como estática en el tiempo. Jiménez Matarrita argumen¬ta con ejemplos de la cotidianeidad de la época en la que enuncia sus textos.

»El filósofo toma como base para criticar el pensamiento y el imaginario cultural cos-tarricenses los olvidos de la política y las noticias de sucesos; de esta manera invita a reflexionar al lector sobre cómo el poder y las clases dominantes del país han buscado la forma de invisibilizar sujetos, reafirmar a las clases poderosas a través de los me¬dios de comunicación, olvidar hechos relevantes que atañen al “tico” y controlar a las masas por medio del dolor y la negación de la intimidad de los individuos. De esta manera, además, se cumple que estos ensayos de Jiménez continúan siendo vigen¬tes, mientras se siga observando en la cotidianidad lo ya criticado por el ensayista.»






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Always give the year of publication.

Convert roman numerals to arabic numbers. For example: MM to 2000.

Include the month of publication, if desired, after the year, such as 2004 May.

Use English names for months and abbreviate them to the first three letters, such as Jan.

End date information with a period.


Según:

Citing Medicine: The NLM Style Guide for Authors, Editors, and Publishers [Internet]. 2nd edition. Chapter 4: Scientific and Technical Reports






febrero 02, 2018

«“Cuando yo era niña”: desplazamientos enunciativos en la canción de cuna de una cristiana cautiva»



Marina Di Marco de Grossi
«“Cuando yo era niña”: desplazamientos enunciativos en la canción de cuna de una cristiana cautiva»

Revista de Cancioneros Impresos y Manuscritos (RCIM), n.º 7 (2018)

Revista de Cancioneros Impresos y Manuscritos (RCIM) | Universitat d’Alacant | Departament de Filologia Catalana | Alicante | ESPAÑA


Extracto de páginas 52-57 y 62-63 de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Esta canción fue recopilada por Francisco Rodríguez Marín (en Cantos populares españoles, 1883) y Fernando Llorca (en Lo que cantan los niños, 1931). En la versión de su primer recopilador, este la introduce, dentro de una sección de nanas, con una breve presentación:

»Siguen dos canciones de cuna, recogidas en Simancas por la hija mayor de mi ilustrado amigo Murguía, canciones que él, con su acostumbrada bondad, me ha remitido, y que no quiero dar á conocer sin extractar la explicación que las acompañaba.

»“Entrambas se cantan á dos voces, una que contesta á la otra. El origen de esta especie de diálogo no lo adivino, á no ser que sean imitación de ciertos dramas litúrgicos, parecidos al que todavía se conserva (en cierto modo) en las funciones de Semana Santa en Santiago (Rodríguez Marín 1883: 9).

»Fernando Llorca retoma la presentación conjunta de las dos composiciones recopiladas por Rodríguez Marín, aclarando que tanto “Cuando yo era niña” como el poema “Idilio”, que la acompaña en ambas ocasiones, “son á dos voces: una que contesta á la otra” (1931: 24).

»Mientras que Rodríguez Marín anuncia el primer poema diciendo que “un rey moro tenía una cautiva cristiana” y que esta “cantaba, mientras dormía un niño” (1883: 10), Llorca lo hace con las siguientes palabras: “Un rey moro y una cristiana cautiva que está acunando a la hija del rey” (1931: 24). Como veremos, esta diferencia presentará significativos cambios en la interpretación de cada versión impresa de la nana. A continuación, reproducimos íntegramente la transcripción realizada por Rodríguez Marín (1883: 10):


»1.ª Voz. Cuando yo era niña,
Al campo salía
tras las mariposas;
cual ellas corría.
Cuando yo era niña,
por el campo andaba
tras las mariposas;
cual ellas volaba.
Por el campo fui,
rosales sembré,
espinas cogí.
¡Ea, ea, ea!
Que no soy tan fea;
y si lo soy, si lo soy, que lo sea.
¡Eh, eh, eh!
Si soy fea, ¿qué le importa á usté?
Duérmete, niño,
duérmete.
(El rey, que estaba escuchando, contesta:)
2.ª Voz. Te quiero, niña mía;
Te quiero, duerme,
más que a las flores que nacen
en el campo y el viento mueve.
Más que al arroyo
del prado verde
te quiero, niña mía;
duerme.
Quiéreme, sí;
como á las flores
te quiero á ti.
Duerme tranquila;
duérmete, sí;
como al arroyo
te quiero á ti.
1.ª Voz. Nazarena soy,
nazarena fui;
si soy nazarena,
no soy para ti.
Al run, run, mi vida.
Así dormía su Niño
Santa María.
Y al ron, ron, (¿á la-ro-ro?)
Dormía la Virgen
al Niño-Dios.
Allá arriba en el monte Calvario,
matitas de oliva, matitas de olor,
restañaban la sangre de Cristo
cuatro gilgueritos y un ruiseñor.
Nazarena soy, etc.


»Al leer las acotaciones paratextuales de Rodríguez Marín, y con solo mirar el poema, resulta sencillo afirmar que “Cuando yo era niña” constituye una nana peculiar. De hecho, pertenece a un conjunto de canciones de cuna que —en vez de seguir la estructura más habitual de una voz arrulladora—, se permite la introducción de dos voces, que establecen un diálogo.

»En este caso, es el paratexto del recopilador el que determina qué voz pronuncia cada verso. En general, las divergencias entre Rodríguez Marín y Llorca son significativas, y en este punto llegan a revestir distinciones semánticas —pues la edición de Llorca evidencia una mayor especificación respecto de los papeles enunciativos—: mientras que Rodríguez Marín pone acotaciones entre paréntesis y en bastardilla, y nombra a las voces como “Primera voz” y “Segunda voz”, Llorca no duda en denominar a la primera voz “la cautiva”, y a la segunda, “el rey”. La primera voz es eminentemente emotiva (McDowell 1977) y expresa en un lenguaje simbólico los elementos que envolvieron la situación de cautiverio.

»Encontramos aquí el tópico “collige, virgo, rosas”, pero semánticamente superpuesto con el advenimiento de otros dos: el “tempus fugit”, encarnado a través de la frustración que conlleva la captura, y el “in illo tempore”. En este último resuena el mito de la infancia como edad dorada, a través del verso “Cuando yo era niña”, que funcionará, por medio de un proceso anafórico, como leitmotiv.

»Además, aquí se plantea una fiel representación del tópico medieval de la cristiana cautiva, por cuanto recoge una imagen presente —ya con el mismo contenido simbólico— en el Romance de Moriana. Tomamos la versión que recoge Menéndez Pidal en Flor nueva de romances viejos, con el título de “Moriana cautiva”:


»Moriana en un castillo
con ese moro Galván
jugando estaba a las tablas
por mayor placer tomar.
Cada vez que el moro pierde
bien perdía una ciudad;
cuando Moriana pierde
la mano le da a besar;
del placer que el moro toma,
adormecido se ha.
Tendió la vista Moriana,
caballero vio asomar;
llorando viene y gimiendo
palabras de gran pesar:
―¡Arriba, canes, arriba,
que mala rabia os mate!;
en jueves matáis el puerco
y en viernes coméis la carne.
¡Ay, que hoy hace los siete años
que ando por aquestos valles,
trayendo los pies descalzos,
las uñas corriendo sangre,
buscando triste a Moriana,
la hija del emperante!;
cautiváronla los moros
la mañana de San Juan,
cogiendo rosas y flores
en las huertas de su padre.
Bien lo conoce Moriana,
con alegría y pesar;
lágrimas de los sus ojos
en la faz del moro dan.
Con pavor recordó el moro
y comenzara a hablar:
―¿Qué es esto, señora?
¿Quién vos ha hecho pesar?
Si os enojaron mis moros,
luego los haré matar;
o si las vuestras doncellas,
harélas bien castigar;
y si pesar los cristianos,
yo los iré conquistar (Menéndez Pidal 2008: 194-195).


»Tanto en esta obra como en la canción de cuna recopilada por Llorca y por Rodríguez Marín, la configuración del espacio se revela como un elemento fundamental. Ambos poemas hacen alusión a un espacio exterior —el huerto o el campo—, en el cual la naturaleza se dejaba embellecer —siempre en el recuerdo— por la mano de la doncella.

»Pero, al contrario de lo que ocurre con Moriana —pues “el jardín y la dama se reflejan el uno en la otra en cuanto a que ambos son tierra separada y cultivada, distinta de los campos abiertos” (Augspach 2005-2006: 132)—, ya en la evocación del recuerdo feliz, la primera voz de la nana “Cuando yo era niña” se tiñe del tono melancólico: el mal está presente desde el principio, incluso en esa edad dorada:

»“Por el campo fui, / rosales sembré, / espinas cogí”. El campo abierto, desde esta perspectiva contrastiva con el jardín, conlleva una carga de transgresión, o quizás de pertenencia a una clase social alejada de la nobleza, dado que, al no constituir un espacio controlado, no resulta propio de una dama.

»Por ello, el ámbito idílico planteado por el jugueteo con las mariposas cobra una carga de menor inocencia e introduce una cruda realidad, vinculada con el primer verso. En él se desarrolla una proposición circunstancial de tiempo con verbo en pretérito imperfecto (“Cuando yo era niña”), y este in illo tempore representa en la actualidad de la enunciación ficcional del poema una tragedia: el yo lírico, por las experiencias que ha vivido, ya no es una niña.

»Sin embargo, aquí vemos cómo la asimetría niño/adulto (Carli 2006; Montes 2001), en el subgénero de la canción de cuna, termina en algunos casos por desdibujarse. Aquí, para el locutor adulto —o en este caso, adulto precoz—, la memoria funciona como catalizador de un proceso por el cual —contemplando la dificultad del niño para dormir y, en última instancia, el propio miedo a la muerte—identifica su lejana infancia con la del alocutario. El niño-confidente propuesto por Daiken se corporiza aquí como un confidente-espejo, en el cual el hablante, en la expresión catártica de su interioridad, se ve reflejado.

»Luego, en “Cuando yo era niña”, el encuentro con la otredad, generado a partir de este viaje al que la primera voz lírica se vio forzada (“ea, ea, ea, que no soy tan fea […] / si soy fea, ¿qué le importa a usté?”) hace que la enunciadora se reconozca a sí misma como diferente, y que sus parámetros de belleza con respecto a su autoimagen se vean modificados.

»La pérdida de la belleza no es percibida solo como una consecuencia del paso del tiempo, del abandono —quizás precoz— de la niñez, sino como la lógica alteración en la concepción estética que genera el encuentro con lo otro. A nivel cultural, pero también a nivel perceptivo y emocional, el cruce forzado de una cultura hacia la otra repercute en el individuo, y en el presente poema llega incluso a generar confusión en la forma de tratamiento que el enunciador elige para el enunciatario del poema. Comparemos, por tomar el caso, estas dos apelaciones al niño: “¿qué le importa á usté?”, “Duérmete, niño, / duérmete”, que varían de modo arbitrario entre el uso del “usted” y el del “tú” tácito.

»A continuación, se introduce la segunda voz, que parecería en principio agotar ciertas fórmulas habituales en las canciones de cuna, como el vocativo con posesivo —“niño mío” (Rodríguez Marín) o “niña mía” (Llorca)— y las promesas de cariño (Daiken 1959). Sin embargo, hay una diferencia entre los recopiladores, que nos lleva indefectiblemente a pensar que nos encontramos ante un caso de lo que podríamos denominar “hipercorrección paratextual”, por parte de Fernando Llorca, y que abre una brecha de significado entre ambas versiones.


»[...]


»Hemos desarrollado, a lo largo de este trabajo, la problemática que se desprende del análisis enunciativo de la canción de cuna “Cuando yo era niña”, en relación con el género en el que se enmarca, en contraste con el tópico medieval de la cristina cautiva, y tenido en cuenta la postura editorial adoptada por los sucesivos recopiladores.

»Como vemos, la corrección que —voluntariamente o no— realiza Llorca respecto del paratexto acarrea sobre la interpretación de “Cuando yo era niña” cuatro consecuencias negativas. Por un lado, no llega a abarcar el sentido complejo de la obra, dado que, entre otras cosas, choca con la respuesta de la cristiana.

»En efecto, si el rey no le ha hablado a ella, sino que lo único que ha hecho es repetir fórmulas — tradicionales y vacías— para dormir a su hija, ¿por qué la cristiana diría, en su última intervención del primer poema: “Si soy nazarena, no soy para ti”? En segundo lugar, en razón de las variaciones aplicadas por este segundo editor, “Cuando yo era niña” no logra establecer una relación plena con el Idilio que le sigue.

»En tercer lugar, en la versión de Rodríguez Marín —la más cercana a la transmitida por el testigo, Murguía— se deja entrever como nuevo género el requiebro. Con él, el rey moro interrumpe el canto de la cristina hacia un niño cuya identidad resulta desconocida y, por lo tanto — según han establecido los tamices del tiempo y de la voluntad de los transcriptores—, de poca importancia para la interpretación de la obra.

»Con la variación propuesta por Llorca, que da señas concretas respecto del bebé, se pierde esta riqueza interdiscursiva, pues no hay atisbos de requiebro en la pragmática intrínseca al poema “Cuando yo era niña”, ni relación alguna con el requerimiento amoroso del Idilio. Por último, en la versión de Llorca —y en razón de cambios, en apariencia, tan insignificantes—, el poema se desliga de toda una tradición medieval que envuelve al tópico de la cristiana cautiva: el mitema de la traición a la propia cultura, que parte de la posibilidad de una relación amorosa con el otro, y que plantea el eje dual pecado / redención, a través del mecanismo narrativo de la anagnórisis.

»Se da entonces, en esta canción de cuna, un desdoblamiento, tanto de la representación del alocutario —niño indefinido, o niña hija del rey— como de la representación de quienes lo está acunando. Respecto de esta última, la ambigüedad que se genera entre el requiebro amoroso, la emotividad catártica y la funcionalidad implícita al contexto de enunciación —inherente a la canción de cuna— convierten a este texto en una obra rica en significados. En ella, el encuentro con la otredad, que fue generado por el viaje de cautiverio, lleva a una resignificación de las tradiciones de cada voz lírica, con resonancias —más o menos complejas, según la versión— a la tradición lírica heredada de la Edad Media.

»Vinculando estos tópicos a la luz de un análisis semántico y cultural del final del poema, podemos arribar a una observación fundamental. La voz perteneciente a la cristiana cautiva define su propia identidad en base a la de Jesús: no es ya cristiana, sino “nazarena”. Esta definición conlleva una preceptiva explícita y una implícita. La explícita —siempre siguiendo la versión de Rodríguez Marín, hechas las salvedades acerca de la hipercorrección de Llorca— gira en torno a la negación de la propuesta del rey moro en su requiebro.

»Sin embargo, desde la preceptiva implícita, la cristiana cautiva siente la necesidad de transmitir las creencias propias, asumiendo tanto el imaginario como los cantos pertenecientes a su cultura, pues Rodríguez Marín (1883: 10) identifica los últimos cuatro versos con los que aparecen en Cuentos y poesías populares andaluces de Fernán Caballero. Así, la canción de cuna, a través del viaje, se transforma en un modo de intercambio cultural que permite expresar, en la emotividad de una sola mujer, la cosmovisión de todo un pueblo.»





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If no publisher can be found, use [publisher unknown].

Rome: [publisher unknown]; 1971.



Según:

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febrero 01, 2018

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If more than one publisher is found in a report, use the first one given or the one set in the largest type or bold type.

Do not list multiple publishers. For those publications with joint or co-publishers, use the name given first as the publisher and include the name of the second as a note if desired. For example, use "Jointly published by …" or "Joint publication of …".

Monahan C, Szpur MV, Evans M, Craik D, Kubale MG, Maloney MM. Focus on Children community planning manual: needs assessment and health planning for children, including children with special health care needs. Rev. ed. Chicago: University of Illinois at Chicago, Division of Specialized Care for Children; 1996 Oct. 136 p. Grant No.: DHHS/PHS/HRSA MCJ-175005. Joint publication of the Division of Family Health, Illinois Department of Public Health, Springfield.


End publisher information with a semicolon.



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enero 31, 2018

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Two organizations may co-publish a report.

Use the first organization appearing in the publisher position on the title page or the verso (back) of the title page as the publisher.

Place the name of the second organization as a note at the end of the citation, if desired.

Monahan C, Szpur MV, Evans M, Craik D, Kubale MG, Maloney MM. Focus on Children community planning manual: needs assessment and health planning for children, including children with special health care needs. Rev. ed. Chicago: University of Illinois at Chicago, Division of Specialized Care for Children; 1996 Oct. 136 p. Grant No.: DHHS/PHS/HRSA MCJ-175005. Joint publication of the Division of Family Health, Illinois Department of Public Health, Springfield.


Do not give more than one name as publisher.



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enero 30, 2018

«Apuntes para una lectura ideológica de la cronística medieval: el caso de la Crónica de tres reyes»



Pablo Enrique Saracino
«Apuntes para una lectura ideológica de la cronística medieval: el caso de la "Crónica de tres reyes"»

Anclajes, vol. 21, n.º 1 (2017)

Anclajes | Universidad Nacional de La Pampa | Facultad de Ciencias Humanas | Instituto de Investigaciones Literarias y Discursivas | Santa Rosa | ARGENTINA


Extracto de páginas 82 a 85 de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«En palabras de Walter Ong, “[l]a naturaleza no ‘enuncia’ hechos: éstos se presentan sólo dentro de los enunciados producidos por los seres humanos para referirse al tejido sin hilos de la realidad que los circunda” (72).

»Al ser captados por una estructura narrativa, al ser seleccionados y organizados en una trama, los hechos de la realidad necesariamente adoptan una coherencia en la cual entran en relación con los elementos de una fábula, lo cual les asigna una imbricación necesaria para ser asimilados en tanto materia narrable, y por ende, poseedora de alguna verdad. Jaume Aurell explica que, en el abordaje de White, “la historia no queda vaciada de contenido, porque la narración misma forma parte de dicho contenido” (132).

»En este punto, resulta indispensable recurrir a algunos conceptos de la narratología que pueden echar luz acerca del modo particular a través del cual esta operación se realiza. Mieke Bal plantea que una narración se vuelve accesible ya que responde a una “lógica de los aconteci-mientos”, la cual se define como “un desarrollo de acontecimientos que el lector experimenta como natural y en concordancia con el mundo” (20). La clave de la narración histórica como herramienta ideológica radica en presentar la trama como natural, como previa a la configuración narrativa, como una cualidad que los hechos poseen a priori de su narrativización.

»Así, esta actividad netamente ideológica se define no tanto como una “falsa conciencia” sino más bien como una herramienta necesaria que permite asir la realidad y, en este caso, el pasado, el cual se vuelve inteligible al ser convertido en historia, produciéndose así una “necesaria constitución simbólica de la realidad” (Ariño 137), al ser atravesado y ordenado por una lógica narrativa. Asimismo, en el texto historiográfico, se lleva a cabo una segunda operación, ya señalada por Roland Barthes (“El discurso”), a través de la cual esta narración se propone como espejo del pasado, mostrándolo en toda su dimensión y complejidad al articular los significantes de los que dicho texto se vale, no con su correspondiente significado, sino directamente con el referente.

»Es decir, que esta equivalencia semántica se lleva a cabo a través de una homología estructural entre las fábulas de las narraciones y las históricas que vuelve inteligibles a ambas recíprocamente; las fábulas ficcionales se asemejan estructuralmente a las reales, y estas se vuelven significativas al adoptar una forma narrativa que las inserta en la gran matriz que organiza la historia de la humanidad y le otorga un sentido dentro de las denominadas “narrativas maestras” (fatalismo griego, redentorismo cristiano, progresismo burgués o utopismo marxista) (White 163).

»Dentro de estos grandes esquemas, cada sociedad “se narrativiza, construyendo una serie de personajes sociales o roles a representar por sus miembros [...]; una trama o curso ideal de desarrollo de las relaciones que presuntamente existen entre sus tipos de personajes reconocidos”. Es decir, la ideología no agrega nada al contenido, sino que lo determina en el plano formal, lo vuelve asequible a una comunidad portadora de la organización narrativa necesaria para decodificar y producir sentido en una cadena de hechos determinada, es decir, para señalar, articular y aclarar la experiencia temporal. Para Aristóteles el término mŷthos refiere a la “estructuración que requiere que hablemos de «elaboración de la trama» antes que de trama”, por lo tanto, estamos hablando de un proceso de selección y disposición de acontecimientos que hará que la fábula devenga historia (Ricoeur 480-481).

»La crónica medieval intenta configurar un pasado que sea fundamento, explicación y legitimación del presente. Alrededor de 1344 Alfonso XI ha logrado acabar con las pretensiones de la nobleza levantisca que desde tiempos de Alfonso X había mantenido en jaque a la realeza. Por lo tanto, uno de los objetivos de Crónica de tres reyes será evidenciar los efectos nocivos que dicho estamento habría causado en el reino de Castilla durante los reinados de sus antepasados, y a la vez otorgar a Alfonso XI un rol de monarca capaz de poner fin al período de incertidumbre. De esta manera, la selección y organización de los acontecimientos narrables, no hace otra cosa que explicar y justificar el presente desde el cual y para el cual se construye la historia.

»De hecho, otra cuestión que Alfonso XI necesita resolver es la legitimación de su propio linaje, un linaje “maldito” a partir de los conflictos sucesorios acaecidos durante los últimos años de Alfonso X, narrados detalladamente en los últimos capítulos de Crónica de Alfonso X. Creemos que es necesario señalar, para comprender el rol de estas crónicas en función de una reivindicación linajística, que la mera exaltación de un monarca y sus antepasados no puede ser entendida en sí misma como una cuestión ideológica.

»Para alcanzar una comprensión más abarcadora de las particularidades que definen a este subgénero cronístico específico, debemos trabajar con un concepto de ideología que la ubique en un plano más general, formal e independiente de las coyunturas sociales, que la considere una cosmovisión del orden social que necesariamente ha de trascender las épocas y sus avatares políticos, los cuales, al ser recogidos en un texto de intención historiográfica, habrán de ajustarse al modelo propuesto por la ideología para no contradecir el “sentido” de la Historia, es decir su estructura narrativa.

»Si, en términos de Louis Althusser (142-143), la ideología es la que interpela al individuo en tanto sujeto, asignándole un sentido y un lugar dentro el orden social, resulta indispensable para estudiar la ideología en un contexto medieval preguntarse acerca del tipo de sujeto que estas crónicas presuponen en el lector en tanto hechos ideológicos. Es decir, qué tipo de lector cumplidor de la ley se diseña en el plano textual a la vez que refleja el imaginario social vigente, ya que −como señala Michel De Certau− en una sociedad en la cual la práctica discursiva hegemónica consiste en un sistema escriturario “el público se ve moldeado por lo escrito [...], se vuelve parecido a lo que recibe, es decir que está impreso por medio del texto y a semejanza del texto que se le impone” (179).

»Así, la cronística medieval (y la historiografía en general) acaso cumpla una función equivalente a aquella que para Frye desempeñan los contenidos religiosos, función que Jameson amplía al campo de la literatura en tanto acto socialmente simbólico.

»Las figuras religiosas se vuelven entonces el espacio simbólico en que la colectividad se piensa a sí misma y celebra su propia unidad; de tal manera que no parece un paso siguiente demasiado difícil, si, con Frye, vemos a la literatura como una forma más débil de mito o un estado más tardío de ritual, concluir que en ese sentido toda literatura, por débilmente que sea, debe estar informada por lo que hemos llamado un inconsciente político, que toda literatura debe leerse como una mediación simbólica sobre el destino de la comunidad. (Jameson 57)


»Esta mediación simbólica es posible a través de un proceso en el cual se habrán de someter los elementos constitutivos de la experiencia vital a las reglas de la materia narrable. Por ejemplo, con respecto al tipo de lector que la crónica exige, vemos que al tratarse esta de un texto cuya fábula establece una identidad entre el actante sujeto y el personaje rey, el lector necesariamente ha de asumir en la figura regia el eje alrededor del cual se ordenarán todos los demás elementos de la fábula.

»Contar la historia −haya sido esta gestada en un ámbito oficial o nobiliario− es contar los “fechos” del rey (es decir, los acontecimientos funcionales relacionados con el sujeto) y de todo lo que se refiera directamente a él. Los únicos hechos y personajes que habrán de ser mencionados serán aquellos que ingresen dentro del “aura” regia. Es decir que lo narrable se halla determinado por los elementos significativos de la fábula y, dentro de este conjunto de acontecimientos, los que cobrarán un mayor relieve serán los relacionados con actividades bélicas, ya sea contra el moro o bien contra la nobleza rebelde.

»De esta manera, en términos narratológicos, el objeto del sujeto-rey será mantener la paz dentro de las fronteras del reino, así como también luchar contra el moro, enemigo político y religioso. Estos objetos serán los que determinen sus acciones durante todo el período que ocupa la Reconquista, cualquiera sea el texto narrativo historiográfico del que estemos hablando.

»Es decir que, en este caso, la ideología funciona como límite formal en la frontera de lo relevante, de lo historiable, al imponer a la historia un modelo narrativo básico y dejando fuera versiones antagónicas de los hechos así como todo acontecimiento que no pueda (o no deba) ser relacionado con el campo de acción del rey.

»En el mismo sentido, la estructura capitular analística del relato (presente en Crónica de Sancho IV y, en menor medida, en Crónica de Fernando IV) establece un calendario en el que la referencia temporal fundamental será el año de reinado en el cual suceden los hechos. De este modo, todo hecho histórico narrado tendrá como marco los “fechos” de un determinado rey y encontrará una ubicación cronológica precisa en relación con los años de su reinado.»





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When citing publishers that are national bodies such as government agencies, if a nationality is not part of the name, place the country in parentheses after the name, using the two-letter ISO country code (see Appendix D).

National Cancer Institute (US)

National Society on Alcoholism and Drug Dependence (NZ)

Royal Society of Medicine (GB)

Royal College of Physicians (AU), Paediatrics & Child Health Division

but

St. John's (NL): Government of Newfoundland and Labrador, Department of Health & Community Services; 2002.


Do not confuse the publisher with the distributor, who disseminates documents for the publisher. For example, the most common distributors of US government agency publications are the US Government Printing Office (GPO) and the National Technical Information Service (NTIS). Designate the agency that issued the publication as the publisher and include distributor information as a note, preceded by the phrase "Available from: ".

Ewing RE, Flournoy L, Wall J, Wild J, Crooks R (Texas Engineering Experiment Station, College Station, TX). Disaster Relief and Emergency Medical Services (DREAMS): Texas A&M digital EMS and the detection and remediation of chemical threat agents. Annual report 1 Oct 2003-30 Sep 2004. Washington: Department of the Army (US), Medical Division; 2004 Oct. 36 p. Contract No.: DAMD170020010. Available from: NTIS, Springfield, VA; ADA435629.



Según:

Citing Medicine: The NLM Style Guide for Authors, Editors, and Publishers [Internet]. 2nd edition. Chapter 4: Scientific and Technical Reports


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enero 26, 2018

«Lonergan, lector del Ensayo para contribuir a una gramática del asentimiento»



Francisco Vicente Galán Vélez
«Lonergan, lector del Ensayo para contribuir a una gramática del asentimiento»

Open Insight, vol. 8, n.º 13 (2017)

Open Insight Centro de Investigación Social Avanzada (CISAV) (@CISAV) | Querétaro | MÉXICO


Extracto de páginas 218-219, 224 y 231-236de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Es bien conocido por los estudiosos de la obra de Lonergan que éste reconoció la Gramática del Asentimiento (GA) de Newman como su influencia fundamental y su guía filosófica. En este trabajo, analizo dicha influencia en la principal obra filosófica de Lonergan: Insight:Estudio sobre la comprensión humana.

»La influencia principal de la GA es lo que Newman llamó “sentido ilativo”. Aunque, como trataré de mostrar, Lonergan recoge con mucho detalle el sentido ilativo en los capítulos centrales del Insight dedicados al análisis del papel del juicio en el conocimiento, lo curioso es que este concepto no aparece en el Insight, ni tampoco el nombre de Newman. Mi propósito no es únicamente histórico, sino que, como considero vigente la propuesta de Lonergan, trato de mostrar la pertinencia de la propuesta de Newman.


»[...]


»El capítulo diez investiga el fundamento inmediato del juicio y lo encuentra en la aprehensión del incondicionado virtual, una idea que fue precedida en mi pensamiento por cierta familiaridad con el sentido ilativo de Newman. Es diferente del realismo ingenuo y de la opinión empirista, la cual considera a la verificación como un asunto de atender a los datos, y no como una tarea de encontrar los datos que encajen con una hipótesis. Y difiere, además, por supuesto, de la vieja noción de que juzgar es un asunto de comparar conceptos y descubrir que uno implica al otro (Lonergan, 1974: 273).


»[...]


»El incondicionado virtual

»En el capítulo diez del Insight, “La comprensión refleja”, se profundiza en la comprensión de las operaciones que intervienen en el juicio y, además, se advierte que hay diferentes tipos de juicios, en gran medida porque hay diferentes contextos o campos semánticos. No es lo mismo la verdad de un juicio matemático que la de un juicio de la física o de uno de sentido común. Juzgar es afirmar que uno tiene evidencia para decir que algo es así. Sin la evidencia, estamos adivinando y no querer asentir cuando algo es evidente es una insensatez. El capítulo diez analiza, pues, cómo se pesa esa evidencia.

»Dijimos que la primera operación para juzgar es preguntarse si es verdad o no lo que uno entendió. Esto significa preguntar si uno tiene la evidencia para afirmar que lo comprendido (“juicio prospectivo”), es o no algo incondicionado, o solo depende de que así lo queramos ver. Cuando nos preguntamos si es así o no, procedemos a reflexionar sobre nuestros datos de experiencia, nuestras preguntas orientadas a entender, nuestros conceptos y formulaciones. Ordenamos la evidencia y, sobre todo, la ponderamos. Es decir, nos preguntamos si tenemos todos los datos, si los observamos bien, si son pertinentes, si son coherentes las ideas que tenemos sobre ellos unas con otras, etcétera.

»La pregunta operante es qué condiciones tendría que satisfacer el prospecto de juicio para poder afirmar que es así, y no tan solo que así se me ocurrió. “Captar que la evidencia es suficiente para un juicio prospectivo es aprehender el juicio prospectivo como virtualmente incondicionado” (344). Un incondicionado virtual se distingue de uno formal, algo o alguien que de suyo no tuviera ninguna restricción ni condición en su modo de inteligir, lo que obviamente no es nuestro caso. Para nosotros, un juicio verdadero es un juicio que si bien tenía condiciones, se hizo incondicional por el proceso, por la fuerza (virtud) de satisfacer las condiciones:

»“Un incondicionado virtual comporta tres elementos, a saber: (1) un condicionado, (2) un nexo entre el condicionado y sus condiciones, y (3) el cumplimiento de las condiciones. Por tanto, un juicio prospectivo será virtualmente incondicionado, si (1) es el condicionado, (2) sus condiciones son conocidas y (3) las condiciones se cumplen” (344).


»Todo juicio verdadero es algo absoluto, incondicional. No es así “para mí”. Es así, y punto. No era incondicional. Fue la comprensión refleja la que lo transformó de juicio prospectivo y condicionado “al estado de incondicionado virtual; y la comprensión refleja consuma esta transformación al aprehender las condiciones del condicionado y su cumplimiento” (344).

»La inferencia deductiva es un ejemplo de este esquema general de la comprensión refleja. En el modus ponens, decimos: Si A, entonces B; Es así que A; Luego, B. La premisa mayor vincula al condicionado B con sus condiciones A. La menor, afirma que se cumplieron las condiciones y, por tanto, que la conclusión es incondicionada. “La función, por tanto, de la forma de la inferencia deductiva es mostrar una conclusión como virtualmente incondicionada. El acto de intelección refleja aprehende la estructura y, por coerción racional, se sigue el juicio” (345, énfasis mío). Sin embargo, “la inferencia deductiva no puede ser el ejemplo básico del juicio, pues presupone que otros juicios son verdaderos” (345). Es sólo una ilustración.

»La forma del acto mismo de intelección refleja es mucho más general que la forma de la inferencia deductiva. Si ha de haber una deducción, el nexo entre el condicionado y sus condiciones debe ser un juicio y el cumplimiento de las condiciones debe ser otro juicio. Ahora bien, los juicios son los productos finales del proceso cognoscitivo. Antes de que el nexo entre el condicionado y las condiciones se presentara en el acto de juicio, ya existía en un estado más rudimentario en el proceso cognoscitivo mismo. Antes de que el cumplimiento de las condiciones se hiciera patente en otro acto de juicio, ya estaba también presente en un estado más rudimentario en el proceso cognoscitivo. El hecho notable acerca del acto de intelección refleja es que puede valerse de esos elementos más rudimentarios del proceso cognoscitivo para alcanzar el incondicionado virtual (Lonergan, 1999: 345, énfasis mío).


»Está hablando Newman más que Lonergan, o mejor dicho está hablando Newman con los términos de Lonergan. En el proceso cognoscitivo, está inscrito en forma rudimentaria la manera de establecer el nexo entre condicionado y condiciones, y la manera de saber si se alcanzaron éstas o no. Por eso comienza Lonergan su análisis con los juicios fácticos concretos: los juicios que el hombre de la calle ejerce desde siempre.

»El ejemplo que encontramos no es: “El Reino Unido es una isla”, sino el hombre que regresa del trabajo a su hogar, encuentra las ventanas destrozadas, humo en el ambiente y charcos en el suelo, y entonces emite el juicio fáctico extremadamente limitado “Algo pasó”.

»Lonergan muestra cómo hay un nexo entre las presentaciones sensibles al momento de llegar y las que recuerda al salir, cómo está operando en él la noción de “cosa” como algo que permanece en el tiempo, pero que, si presenta propiedades diferentes, es debido a un cambio. Sin embargo, los señalamientos del tipo anterior, son juicios, dice Lonergan, y “antes, empero, de ser o bien enunciados o bien juicios, existen como estructuras o procedimientos no analizados, inmanentes y ejercidos en el proceso cognoscitivo” (347).

»Una gran cantidad de presentaciones, de ideas, de situaciones, quedan integradas en el juicio: “Algo pasó”. El ejemplo nos muestra que “el nexo entre el condicionado y las condiciones que han de cumplirse es una estructura inmanente y operativa en el proceso cognoscitivo. No es un juicio. No es un conjunto formulado de conceptos, como lo es una definición. Es sencillamente una manera de hacer las cosas, un procedimiento dentro del campo del conocimiento” (346).

»Tales juicios fácticos se basan en intelecciones sobre situaciones concretas. “Intelección” porque, si bien suponen el procedimiento analítico de ordenar y ponderar la evidencia, hay un momento sintético en el que se aprehende que ya se alcanzó la suficiencia de la evidencia. Los insights forman conglomerados unos con otros, de tal modo que unos llevan a diversas preguntas relacionados con otros. De aquí surge una distinción con la que operamos espontáneamente: hay intelecciones vulnerables e invulnerables.

»Las intelecciones son vulnerables cuando todavía quedan más preguntas por hacer sobre el mismo asunto. Pues las nuevas preguntas conducen a nuevas intelecciones, las cuales ciertamente complementan la intelección inicial, modifican en mayor o menor grado su expresión y sus implicaciones, y tal vez lleven a un parecer enteramente nuevo sobre el asunto. Pero, cuando ya no hay más preguntas, el acto de intelección es invulnerable. Pues sólo mediante nuevas preguntas es como surgen nuevas intelecciones, que completan, modifican o revisan el punto de vista y la explicación iniciales (Lonergan, 1999: 349).


»Mas no se trata de que ya no haya preguntas ulteriores posibles, sino de que no haya preguntas ulteriores pertinentes posibles. Lonergan se sitúa en su epistemología entre la búsqueda de la certeza tipo Descartes, que pediría que ya no haya preguntas ulteriores posibles, y las diversas formas de escepticismo, que señalarían que siempre habrá preguntas ulteriores y nunca se llega a un fin. Tampoco se trata de que ya no se me ocurran preguntas ulteriores a mí, sino que ya no las haya. Por ello, se involucra la responsabilidad personal en el juicio, lo que podríamos denominar “la razonabilidad”, la prudencia del justo medio, entre el que, a las primeras de cambio afirma que algo es así, y el indeciso que, a pesar de tener la evidencia para afirmar algo, se muestra vacilante.

»No puedo ahora entrar en mayores detalles epistemológicos, lo que quiero señalar es que Lonergan está siguiendo a Newman, al afirmar que el procedimiento cognoscitivo que opera es espontáneo, rudimentario si lo comparamos con la lógica formal; es auto-correctivo y, lo más importante: en muchas situaciones, llega a un fin. Tal vez sea en esta afirmación en la que se encuentra la influencia más profunda de Newman sobre Lonergan. Es decir, que somos capaces de hacer juicios verdaderos, que somos capaces de llegar a lo incondicionado, a lo absoluto.

»No está de más aclarar que lo absoluto del juicio verdadero no significa que sea exhaustivo, en el sentido de que uno conociera todo de todo. El juicio, dice Lonergan, es un compromiso limitado, lo que significa que su validez es solo respecto a lo que se ha preguntado y se ha comprendido. Por supuesto que no basta con estos juicios fácticos; sin duda, revisten mucha importancia los juicios científicos, basados en generalizaciones, o en la búsqueda de leyes universales. Está, también, la complejidad de la verdad de los juicios matemáticos y de otras formas lógicas de los juicios, como las tautologías, pero todos ellos tienen como fundamento la estructura dinámica cognoscitiva que se ejerce en el hombre de la calle, en el “mixe” y en el scholar de Harvard.

»En el caso de Newman y Lonergan, es fundamental para su retórica que su lector (es decir, yo) aprenda esta racionalidad, esta coerción, esta fuerza racional como algo inherente en él (en mí), tan subjetivo como los deseos y los temores, y que descubra, por tanto, que la objetividad del conocimiento no solo no es algo contrapuesto a la subjetividad, sino que tiene a ésta, a la consciencia, como su fundamento.»





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Give publisher names appearing in the roman alphabet (French, Spanish, Italian, etc.) in their original language.

Montreal (QC): Agence d'Evaluation des Technologies et des Modes d'Intervention en Sante;

Rome: Istituto Superiore de Sanita;


Romanize names given in Cyrillic, Greek, Arabic, Hebrew, Korean

Moscow: Rossiiskaya Akademiya Nauk, Institut Sotsial'no-ekonomicheskikh Problem Narodonaseleniya;


Romanize names or translate names presented in character-based languages (Chinese, Japanese). Place all translated publisher names in square brackets unless the translation is given in the publication.

Tokyo: Tokyo-to Kenko Anzen Kenkyu Senta;

Beijing (China): [Chinese Academy of Social Sciences, Population Research Institute];

Peking (China): Mei tan gong ye bu zhi ye yi xue yan jiu suo;

[Note that the concept of capitalization does not exist in Chinese. Therefore in transliterating Chinese publisher names only the first word and proper nouns are capitalized.].


If desired, follow a non-English name with a translation. Place all translated publisher names in square brackets.

Tokyo: Tokyo-to Kenko Anzen Kenkyu Senta [Tokyo Metropolitan Institute of Public Health];


If the name of a division or other part of an organization is included in the publisher information, give the names in hierarchical order from highest to lowest

Valencia (Spain): Universidade de Valencia, Instituto de Historia de la Ciencia y Documentacion Lopez Pinero;


As an option, you may translate all publisher names not in English. Place all translated publisher names in square brackets unless the translation is given in the publication.

Tokyo: [Tokyo Metropolitan Institute of Public Health];



Según:

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enero 25, 2018

«Una reeducación crítica: emergencia de revistas literarias digitales chilenas en el transcurso de la primera década del siglo XXI»



Paulina Soto
«Una reeducación crítica: emergencia de revistas literarias digitales chilenas en el transcurso de la primera década del siglo XXI»

Estudios Avanzados, n.º 28 (2018)

Estudios Avanzados | Universidad de Santiago de Chile | Instituto de Estudios Avanzados | Santiago de Chile | CHILE


Extracto del apartado en páginas 126- de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Confluencias digitales: hacia una reinscripción del acto lector

»La cuestión a la que apunta la reflexión literaria ya no es la instrucción, ni la crítica en su connotación judicial. Esta implica la producción de umbrales creativos cuyo objetivo es proponer la apertura de relaciones erógenas diversas respecto a la sociedad de consumo. Como plantea Walter Benjamin, se atisba la imposibilidad del lugar artístico de la asimilación o mediación sociopolítica. Se reconoce que, de seguir esa cadena de producción, el texto se juzga como subsidiario a otras discursos sin que el poeta encuentre lugar posible para su quehacer. La creación –tal como muestran estas nuevas publicaciones- requiere una ingeniería de suyo.

»El autor es un productor por sí mismo que, siguiendo la aproximación de Benjamin, se desentiende del antinómico mito del arte espiritualista versus burgués. Por el contrario, su oficio se entiende como la creación de una ingeniera destinada al desarrollo de su propia poiesis. Desmitificar mitos como el erguido entre este binomio, vanguardismo versus lucha por el progreso posdictatorial yergue uno de las campañas. No hay producción que no conciba a un lector y por ende, una técnica de producción de su escritura (Benjamin 11). La tecnología y las nuevas formas de comunicación e interacción hacen lo suyo pero también el disfraz del crítico como lector.

»En ocasiones, los escritores se presentan como investigadores. Como cualquier sujeto anónimo, que se enfrenta a la lectura desprejuiciada una obra determinada. En esta línea, Lilian Elphick, editora de Letras de Chile, declara que dado que la crítica pura sobre un texto o un autor le aburre, prefiere entender la literatura como una forma de contemplar de forma mágica el mundo. La lectura le permite “tener una pantalla, un tarot: el mío es la literatura” (Elphick, Cuestionario).

»60 wattscoincide en la metáfora del lente existencial literario con una simbología diversa. La literatura es vital como una ampolleta, pero sus watts, tal como una tirada de tarot, solo iluminan márgenes ocultos a ser expandidos: “La idea que está involucrada es la de la precariedad: la literatura es un hacer marginal, una lucha por una luz que es escasa. No se trata de ser “marginal” porque sí, ni como una pose, sino de iluminar elementos de la literatura, la música, el arte que en general pasan desapercibidos”.

»El encuentro con las obras se propone como una experiencia espontánea sujeta a movimientos, transformadora. Los textos se explayan en narrar la experiencia de encuentro con la misma, a través del peregrinar reflexivo por las fronteras del tomo de un volumen y luego en el recogido presuroso de sus páginas y las impresiones relevadas en ellas. Con frecuencia se indican los parajes del deambular lector. La entrada deslumbrada o dubitativa y paulatina por las primeras escenas, el tránsito desconcertado o monótono que media el transcurrir de la fábula y sus paisajes y, finalmente, el punto de salida que se caracteriza por implicar sugerencias no taxativas sino que más bien contemplativas.

»El crítico, quien parece desnudarse de su capital cultura, se presenta como un lector conmovido o desconcertado frente a las voces que susurran a través de su lectura. Actúa como un extranjero que descubre un nuevo espacio de alteridad. En ocasiones posee una firma reconocida, pero eso no afecta este estilo.

»De hecho, el proceso narrativo traviste la noción de lectura lineal y transforma el ejercicio instructor en un acto lúdico, laberíntico, relacionado con una búsqueda existencial personal. Se escribe a modo de confesión íntima y si se consigna el gusto o disgusto por el autor pero solo como capricho personal.

»La revista Plagio entrega especial valides y visibilidad a la vocación de resignificar el acto lector. Como es común en algunas de estas revistas, Plagio se conforma por un equipo interdisciplinario que integra a gestores culturales, sociólogos, diseñadores, realizadores audiovisuales, programadores web y periodistas, entre otros. Carmen García, integrante del equipo fundador de la publicación, apunta a una experiencia lectora que comprende y adopta diversos discursos. Prepondera en ella el desarrollo de un tipo de empatía que no puede ser subsumida a discurso alguno más que a la expansión de la idea del diálogo lector (García, Cuestionario).

»Asimismo, el blog de Letras.s5, http://opinaenletras.blogspot.cl comprende la lectura como una experiencia de incertidumbres y encuentros. Letras.s5, paralelamente archivo crítico que eleva un modelo para diversas publicaciones posteriores, enfatiza su desvinculación de las revistas académicas. Luis Martínez, fundador, abre a la ciudadanía un archivo inédito, gratuito, plural. El lenguaje utilizado es accesible pues integra géneros segregados del canon como entrevistas, comentarios o breves artículos. Martínez recoge “pequeñas partículas creativas” para de ese modo,

»conformar este verdadero “patrimonio”, con los pareceres y pensamientos, análisis e ideas de los creadores literarios. En estos fragmentos se expone al creador a la pregunta cotidiana, a la explicación del hacer rutinario de su oficio, a su pensamiento político, a sus odios y sus amores, junto a dar a conocer su realidad como hombre o mujer de oficio creador, sus tribulaciones y demandas en un mundo cargado de conflictos y que ve en él un referente, un hacedor de opiniones, una guía que ilumina el camino a la redención y el entendimiento colectivos. (Luis Martínez, Cuestionario)


»A pesar de que, en ocasiones, en las revistas se cuelan juicios taxativos sobre determinadas obras, la renuncia logocéntrica es general. Juan Uriarte de 60 watts, reseña El Tercer Reich de Roberto Bolaño. En el fragmento declara su parcialidad en tanto admirador del autor, evita el uso de metalenguaje acostumbrado en la academia y declara, a priori, que entre el canon de Bolaño no es su obra favorita. Insiste en explicar que no es su deseo negar autoritariamente el valor de la obra. Su tendencia taxativa es un tic visceral, una tentación que intenta, infructuosamente, combatir. El Tercer Reich explica,

»nos lleva a buscar paralelismos entre lo que sucede en el campo de batallas del wargame con lo que pasó en la Historia, para ver si aquí Bolaño apela a algún juego con el simbolismo, pero el combate nos saca de esa suposición y nunca termina de colmar las ansias de cierto éxtasis que sí se vive en diversos pasajes de otras obras de este autor, incluso de épocas cercanas a la de este volumen. No busco ser taxativo y afirmar que esta novela es pésima, olvidable. Sí pretendo, aún desde la posición de admirador –por no decir fanático–, relativizar las pasiones que todo nuevo libro de Bolaño desata. Salir a anunciar a los cuatro vientos la genialidad de El Tercer Reich es una mentira del tamaño de la esperanza de Borges, es decir, gigante. (Uriarte, “Bolaño, la transparencia”)


»En otras ocasiones, la retórica usada adquiere ribetes surrealistas. Se privilegia la discusión de obras no realistas, que integren, en cambio, figuraciones extrañas, oníricas, uncanny. También en 60 watts, Diego Zúñiga escribe sobre “Un monstruo maravilloso y vulnerable…”. Enfatiza que lo importante de la obra, no es la profundidad de los personajes, ni las reflexiones morales o la originalidad de la novela, sino las escenas proyectadas inexplicables y surrealistas que despiertan la emoción. Así, Zúñiga desafía al lector a superar los prejuicios sobre la seriedad de la pluma literaria. Lo invita a que se entregue al ejercicio de juegos que se abren a través de puertas liminares a desconocidos mundos contiguos. Describe la novela mediante una retórica de instantáneas que van develando el inexpresable sentimiento de sorpresa lectora que experimenta a través de

[e]sos hilos a la deriva, esa saturación de la que hablaba Patricia Espinosa tienen coherencia en una obra como la de Patricio Jara. Y un oso pardo en mitad del mar es similar a las ranas volando desde el cielo en la película Magnolia, de Paúl Thomas Anderson: cosas reales que no pasan en la realidad, pero que emocionan.

»Momentos epifánicos que nuestra narrativa ha olvidado por temor a ser incomprendida, pero que finalmente son esos instantes que el lector nunca olvida, que el lector consigue conectarse con algo que va más allá de cualquier convención. Ahora ya no se trata de recibir un mensaje, de saber si la estructura es novedosa o si los personajes están bien delineados.

»Tampoco se trata de que la novela plantee grandes reflexiones acerca de la vida y la literatura. Esto, un oso en mitad del mar, es un quiebre como los que uno percibe en los cuentos de Borges, en la poesía de Juan Luis Martínez, en las novelas de Kafka: un lugar en el que realidad y ficción se cruzan para no volver a juntarse nunca más. Un lugar que todo lector, por un instante, busca encontrar y quedarse ahí, conmovido, sorprendido, desahuciado.


»El tono de estas críticas se desea amplio y congregante. Junto a Grínor Rojo, Patricia Espinosa es frecuentemente apuntalada como exponente de un paradigma anquilosado de crítica que no da pie a diálogos intersubjetivos que amparen guiños afectivos.

»En Letras de Chile, Ramiro Rivas escribe sobre El Cumpleaños de Rolando Rojo. Describe el personaje protagónico de esta nouvelle: Alberto, el narrador, que mediante una suerte de corriente de conciencia, va exponiendo, desarrollando y cuestionando una existencia fallida, fracasada y sin sentido. Rojo pondera que, para entender esta obra y comprender a cabalidad al personaje, resulta ineludible recurrir al absurdo sartreano. Sartre nos asegura que nuestro ser es absurdo en su término y en su origen.

»La realidad humana es “conciencia desgraciada, sin posibilidad alguna de sobrepasar el estado de desgracia”. La narrativa de Rolando Rojo se caracteriza por esta posición nihilista de la vida. Desde la primera línea de la narración expresa que “Todo el mundo sabe que morirá, lo que desconoce es cómo y cuándo. Solo el suicidio tiene claro su fin” (Rivas, “El cumpleaños de Rolando Rojo”).

»No hay puerta de salida para este sujeto que enfrenta al mundo como un inadaptado, abandonado por su mujer y sus escasos amigos, despreciado hasta por la prostituta Soraya que se desenvuelve en el mayor de los desamparos

»La historia suena demasiado conocida, pero Rivas se ve dominado por el espíritu fraternal que caracteriza a estas revistas y culmina felicitando la novela. “Creemos que Rolando Rojo, con esta nouvelle, da un nuevo paso de consolidación en su carrera literaria. Desde sus primeros cuentos sociales, signados por un realismo duro, ha devenido en una escritura de mayor hondura filosófica. Esta nueva novela lo confirma y enaltece” (Rivas, “El cumpleaños…”).

»Ahora bien, más allá de las redes de compañeros elevadas por este quehacer literario, formadas sea por el reconocimiento o el simple nepotismo, resignificar el acto lector no implica, más allá del ámbito, un proceso fácil. Se trata de lidiar con un proceso de reconciliación entre agentes históricamente estigmatizados y categorizados. Se enfrenta el genio patrio a un lector caracterizado por índices colindantes a su analfabetismo. Aquellos lectores denominados competentes, por su parte, pueden verse afectos a un sentimiento de extrañamiento. La noción de cultura patria, de pretensiones épicas y emblemáticas, posee larga tradición narrativa y lírica.

»En la poesía hegemónica postdictatorial la temática es el país de la melancolía. En estos escritos, Chile naufraga entre teleologías de progreso moderno, las ruinas golpistas y, al mismo tiempo, fatuas esperanzas de porvenir. No hay salida, el imperio neoliberal profana la sociedad y el valor del conocimiento. El poeta es un exegeta frente a una corte que pareciera corrompida por falsas deidades que el lector ha sido instruido a reconocer (Rivas, “El cumpleaños...”).

»Desprovisto de claves de lectura, tales como la animosidad imperialista norteamericana, la nueva tendencia, en ocasiones, produce virulencia. En la interacción de comentarios de lectores que permite el soporte web son comunes los alegatos a la “superficialidad” de la prosa y el estilo de los reseñistas. En respuesta al escrito de Juan Uriarte sobre El Tercer Reich comentado más arriba, se acusa la “carga egocéntrica del autor”. Pero con todo y estas reacciones, la poética persevera. Los escritores no ilustran, ni condescienden en síntesis explicativas y como resultado reciben, como en el caso de Uriarte, el oprobio de los lectores: “Qué crítica tan mal escrita [continua el lector] No entra nunca a la profundidad de los temas planteados en el libro, se queda solo en la superficialidad de la forma y el estilo. Además de una alta carga egocéntrica por parte del autor que honestamente a nadie le interesa. Cero aporte”.

»Uriarte se justifica; él puede escribir desde su gusto o rechazo de una obra, siempre y cuando señale que es una apreciación personal: “hay modos de abordar los libros, un lugar desde el cual entrar en ellos”, y en algunos casos sale ‘naturalmente’. La escritura es un ejercicio personal tan memorable como el que puede desarrollar cualquier ciudadano. Uriarte aclara:

»Mi visión de mundo, Mi ejercicio de lectura, los juegos inmanejables de MI memoria me llevaron a eso que vos llamás “alta carga egocéntrica” y que te empujó, a vos también, a opinar sobre lo escrito con esa destructividad tan sincera… fui entrando al texto. No me gustó, y a partir de ahí se construyó la nota. Además, en ningún lado apunto que estuviera mal escrita. ¿Podría haber hecho otra lectura de El Tercer Reich? ¡Por supuesto! Deben haber millones de variables muchísimo más válidas que la MÍA, pero no salió; no soy “crítico” en el sentido más académico de la palabra, y me dejo llevar por el dictado del momento...


»El malentendido es recurrente. Los lectores no logran dialogar asertivamente. En La Calle Passy, Carolina Melys realiza una lectura de “Las playas de fuego” de Bárbara Délano. Bárbara Délano, poeta chilena, sigue la fila de la mitificación de poetas como Sylvia Plath. Vueltas a asesinar en sus obras a través de lecturas heteronormadas que subliman tópicos impresionistas de su biografía en sus textos.

»A contrapelo de esta corriente, Melys dialoga con la tradición crítica de Délano. Desea desmitificar la asociación de su poesía y el accidente aéreo que la llevó a la muerte. Su pluma traza un tono culposo casi de confesión recurrente en las publicaciones. “Escribo estas líneas [explica Melys] para escapar a los sueños de muerte, a las interpretaciones que ajustan esta poesía a moldes caprichosos en tanto surrealistas”. Lo que desea Melys es rescatar el potencial político de la obra de Délano.

»Pero frente al análisis de Melys sobre la poeta, un lector tiende a erotizar a la misma Melys y a su escritura como un acto de seducción. El confundido comentarista reflexiona sobre la apertura de las aguas míticas que separan la polis de las ínsulas creativas en las que habitaría Melys. Melys, por ende, pasa a habitar la isla de las musas en la que Délano aún parece residir.

»Mmm... el Jardín de los duraznos desnudos, que belleza, seguro no solamente la palabra habita ahí en plenitud, también un innombrable contentamiento arrobadoramente iluminador. Lo que más me gusto de tu pequeño ensayo, es que en él estabas tú, hasta diría que casi es más revelador de ti que de Bárbara. Entonces, por un momento, el otro mar, aquel que separa al lector de quien escribe, se abrió como otras antiguas aguas míticas, y me sentí cruzar hasta tu orilla. Gracias.


»En el transcurso de la década del 2010, a pesar de estos obstáculos, para la sociedad se comienza a desmitificar la idea de que la crítica literaria está escondida en la academia, media temerosa, casi clerical y purgadora, media elitista, arrinconada, llevándose a periódicos, revistas y blogs de circulación masiva. En este proceso la noción ficcional que se imprime a los mismos análisis es clave. Al modo de fábulas, los escritores –a través de sus exégesis- se ven perdidos en el frondoso bosque de los textos y el lector recibe, tácitamente, la dádiva de guiarlo, de crear rutas creativas.

»Sobrelibros establece esta aproximación directamente. La lectura crítica es creación literaria, “no juicio ni prejuicio ni valoración” y lo que buscan es “propiciar reflexiones literarias subjetivas, explícitas, creativas y singulares, de manera intensa, extendida, abierta y sin presiones inmediatas en torno a libros de poesía, narrativa, ensayo y dramaturgia publicados en idioma castellano en Chile y en otros países del mundo.

»Siguiendo esta tónica, las revistas dan vida a instancias de discusión literaria colectiva, conversatorios, certámenes. “Santiago en cien palabras”, inicialmente extensión de Plagio genera gran impacto. La Calle Passy, por otra parte, da cabida a “Antología en movimiento” que reinscribe la idea de lanzamiento editorial como encuentro de presentación, debate y análisis de publicaciones recién salidas del horno, “en movimiento”. También de la mano de estos colectivos se observa un exponencial incremento de microeditoriales. La pretensión es introducir y validar un canon alterno, inédito, que despierte la pasividad lectora.

»Para el 2014, La Furia del Libro, fundada el 2010, 14 que reúne buena parte de las editoriales germinadas desde estas revistas, reúne a miles de personas motivadas por la integración de nuevas formas de expresión, tales como el comic, los libros juveniles, los diarios, antes segregados del canon. Así se ha potenciado competencias lectoras y creativas en un público no habituado a esa naturaleza de interacción. La inteligencia chilena muta, se vuelve hibrida y cobra –aun admitiendo disputas internas– cierta potencia comunitaria.

»Claudia Apablaza, escritora de visibilidad en la década, sintetiza la tensión transformadora que proponen estas revistas digitales y colectivos. Para la escritora, finalmente, se trata de grupos que tratan de superar los “egos intelectuales que dominaron el campo”. Destaca este trabajo como uno establecido

»desde la resistencia, un intento de comenzar a hacer crítica literaria desde la honestidad básicamente (que para mí es exactamente lo mismo que resistencia), y eso implica por añadidura una oposición al sistemilla pactado que es muy perversillo y no es nada de honesto. Para esto creo que hacen el doble ejercicio de cuestionarse los sitiales que se ganaron algunos en peleas de medio pelo o por políticas de poder sospechosas en algunos periódicos y a la par de este cuestionamiento, ellos van instalando sus textos, abiertos a comentarios, diálogos, etc.


»De este modo, si bien la crítica literaria, como sugiere Ismael Gavilán, se haya en pleno proceso de reconfiguración y evaluación, la tendencia vindica la cultura lectora por sobre jerarquías positivistas, herederas del progresismo letrado. Así amplia canales para el diálogo intersubjetivo y aún incluso más allá, transfronterizo. La reproducción de imágenes de encuentro con la alteridad promovida por estas críticas posee una importancia excepcional. Se presenta como contrapunto al progresismo neoliberal de la inteligencia heredada. En este sentido, se invita a un índice de diferencia –de género, raza y patria– que amenaza el horizonte de lectura heredado.»





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enero 24, 2018

«Lectura y Gramática: la reflexión desde el verbo»



Micaela Lorenzotti, Luisina Piovano, Cintia Carrió
«Lectura y Gramática: la reflexión desde el verbo»

Álabe. Revista de la Red de Universidades Lectoras, n.º 17 (2018)

Álabe. Revista de la Red de Universidades Lectoras | Universidad de Almería | Almería | ESPAÑA


Extracto de los apartados Introducción y Conclusiones, en páginas 2 y 13-14 de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Si se piensa, como se asume aquí, que la construcción de una propuesta de enseñanza está guiada por el concepto de “buena enseñanza” en el sentido en que propone Fenstermacher (1986: 158), entonces, el adjetivo “buena” remite a las justificaciones epistemológicas de la construcción curricular. Así entonces, requiere del planteo de preguntas respecto de qué contenidos son deseables y justificables (didáctica y epistemológicamente) que el docente, autor del curriculum, seleccione y reformule en su propuesta. En este sentido, parece deseable que el “docente autor del curriculum” (Gerbaudo, 2006: 69) se cuestione “[...] si lo que (se) enseña es racionalmente justificable y, en última instancia, digno de que el estudiante lo conozca, lo crea o lo entienda.” (Fenstermacher, 1986: 158)

»Este artículo pretende instalar la discusión respecto de la selección de contenidos presentes en la curricula escolar y su relación con los objetivos pedagógicos y didácticos propuestos para el alumnado. Específicamente centra la atención en la importancia de la incorporación del contenido gramatical “verbo” y la urgente necesidad de revisión de su modo de abordaje en las clases, a fin de beneficiar una comprensión genuina de dicho contenido y un aprendizaje significativo en el marco general de los problemas de escritura y comprensión de textos.

»Para avanzar en el desarrollo de este problema, hemos estructurado el texto de la siguiente manera: en el apartado siguiente (§2) se detalla la metodología que permitió recabar los datos para llevar adelante la investigación; en el apartado 3 se presentan las categorías analíticas centrales para la comprensión de nuestro planteo, así como las relaciones que asumimos entre dichas categorías; en el apartado 4 se desarrolla la discusión, se ofrecen precisiones sobre la categoría gramatical “verbo”, se justifica la centralidad del contenido seleccionado (§4.1) en relación con problemas que atañen al dominio oracional y extra-oracional (§4.1.1) y en el último punto del apartado 4 se esbozan alternativas concretas de actividades que apunten a la consolidación de “buenas prácticas” (Gerbaudo, 2011: 20) (§4.1.2); en el apartado final (§5) se presentan las conclusiones.

»Cabe aclarar en este punto que con “buenas prácticas”, nos referimos a las intervenciones que llevan adelante los docentes en sus aulas, intervenciones atravesadas por decisiones tanto teóricas como epistemológicas. En tal sentido, asumimos que para lograr lectores y productores críticos es indispensable aspirar a una comprensión genuina (Perkins, 1992) de ciertos contenidos centrales del área de lengua. En suma, desde nuestro punto de vista, la formación de un lector crítico (tanto de textos como de la realidad) supone conducirlo a comprender, o al menos a cuestionarse por las razones que conducen a los productores de ciertos fragmentos de lenguaje a preferir unas construcciones textuales o discursivas sobre otras, y, a la vez, evaluar el impacto que las decisiones de esa elección implican en relación con las intenciones explícitas o implícitas de quien produce.

»Reconocemos que es el docente de lengua quien tiene que acercarle al alumnado las herramientas que le permitan volver visible el mecanismo de poder vehiculizado por el lenguaje. [...]

»Para concluir entonces, afirmamos que el corrimiento de los contenidos gramaticales y con ellos la reflexión sobre el verbo de las curriculas escolares responde a malentendidos respecto de las maneras de pensar la transposición didáctica de la selección curricular. En las aulas de los niveles primario y secundario se reduce la reflexión gramatical a la aplicación de fórmulas de reconocimiento categorial o funcional, tal como si se tratara de un alumnado constituido por especialistas en lugar de sujetos ávidos por comprender e intervenir lingüísticamente la realidad.

»A lo largo de este trabajo se argumentó a favor de las potencialidades de la reflexión gramatical minuciosa en torno a la categoría verbal, atendiendo a su carácter nuclear y, por tanto organizador de los mensajes. Se propuso el análisis de la estructura argumental como un punto axial para la organización oracional y la reconstrucción de los protagonistas textuales. La manipulación consciente de las estructuras sintácticas en relación con las interpretaciones semánticas asociadas potencia la competencia lingüística del alumnado propiciando reflexiones que ponen de manifiesto las estrategias de poder ocultas en los mecanismos discursivos. Las intervenciones pragmáticas necesariamente requieren del acompañamiento y el detenimiento en el nivel oracional. El trabajo conjunto de los niveles morfosintáctico y semántico de la frase y la oración resultan un camino seguro hacia la posibilidad de analizar estructuras pragmáticas como las implicaturas y los presupuestos.

»El contenido “verbo”, presente en la selección curricular de los docentes, resulta opacado por la centralidad de los contenidos textuales. Así, la reflexión gramatical sobre el verbo es posterior al análisis textual y este análisis es lo que lo relega al lugar de normativa, al lugar de reglas a cumplir o a respetar en la construcción de determinados textos. La atención puesta exclusivamente en el texto no aportó mejoras en el nivel de producción y comprensión textual, uno de los grandes objetivos del área de lengua.

»Según se mostró en el escrito, cuando se incluye el contenido gramatical “verbo” en las propuestas de clase, su lugar es restringido, limitado a su reconocimiento de función núcleo del predicado en el análisis oracional, muchas veces sin una reflexión gramatical previa.

»Para llegar a reflexionar sobre la construcción de los textos es necesario objetivar el lenguaje para crear un metalenguaje compartido entre el alumnado y el docente. Es preciso contar con un conocimiento compartido para que la enseñanza no sea contenidista, para que el conocimiento no se vuelva un “conocimiento ritual” (Perkins, 1992: 36) que es evidencia de que el conocimiento es “frágil”. En la mayoría de los casos el análisis de oraciones tiene en las aulas un carácter repetitivo. Este carácter repetitivo sin explicación es lo que se convierte para el alumnado en conocimiento ritual, un conocimiento que sólo sirve “para cumplir con las tareas escolares.” (Perkins, 1992: 37)

»En este sentido, consideramos necesario revisar la solidez de la formación disciplinar de los docentes a fin de garantizar la toma de decisiones didácticas y epistemológicas, en relación con el objeto de enseñanza, que se basen en una argumentación razonada y a posteriori de consideraciones respecto de las potencialidades de las diferentes miradas sobre el objeto. Lo dicho hasta aquí no implica descuidar la formación pedagógica y la didáctica sino, por el contrario, cuidar que en la conjugación entre estos saberes necesarios para el ejercicio de la docencia, no se banalicen o distorsionen los contenidos.»