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marzo 23, 2016

«Redactor, cuida tu ortografía, gramática y expresión»




«Veremos por encima significado y uso de la ortografía, gramática y expresión (recursos tipográficos y literarios). Herramientas y plugin para corrección. Webs relacionadas con escritura (compra/venta artículos o escribir libro).» (Joan Morci. Diseño - Edición - Maquetación)






marzo 16, 2016

«Nebrija, el imperio, la lengua»



Odalís Guillermo Pérez Nina
AlMomento.net




«En el amanecer de la modernidad, un profesor de latín, académico, estudioso, consultor de la realeza y como tal, instructor humanístico clásico llamado Elio Antonio de Nebrija, reflexionó y construyó un edificio teórico-práctico sobre la lengua española. Dudas han surgido sobre el hecho de que su obra haya sido la primera gramática castellana. Sin embargo, la Gramática Castellana de Nebrija es, hasta ahora, la Isagogé o Introducción a una lengua ya de uso en el espacio neo-romance y en la cultura denominada Ibero-romance.

»En el mapa de la Romania, el español tiene su historia y geografía como lengua, imperio e influencia. Pero esta lengua, también colonizadora, aparte de que ha creado niveles de comunicación y desarrollo, también ha creado niveles de opresión, producción, reproducción, apropiación, desproporción, esclavismo, riqueza, manipulación y respuesta política, entre otras cosas.

»Coincide históricamente la aparición de la primera Gramática castellana con el descubrimiento de América en 1492, así como con el Diccionario latino-español y dos años más tarde con la publicación del Vocabulario español-latino (1494). Nace con Elio Antonio de Nebrija la lexicografía latino-romance y la lexicografía española.

»Elio Antonio de Nebrija fue el pseudónimo de Antonio Martínez de Cala y Xarava, quien nació en Sevilla en 1441 y falleció en Alcalá de Henares en 1522. Conocido como Elio Antonio de Nebrija, dicho humanista y erudito fue preceptor, editor, impresor, consultor, astrónomo y colaboró con la revisión de la Biblia políglota complutense por encargo del Cardenal Cisneros en 1502.

»Así pues, Nebrija, quien fue formado también como teólogo, helenista y latinista agotó un largo período de formación en Bolonia (Italia), donde aprendió también otros oficios humanísticos de prestigio. Este humanista sabía de la importancia de la lengua en la conformación de los imperios y los Estados. Por eso puso en circulación aquel argumento en torno a la cercanía de la lengua con el poder, esto es la lengua como compañera del imperio. Precisamente tal argumento iba a tener resultados en el origen del descubrimiento de América, donde la lengua fue el mayor vehículo de comunicación en todo el trazado y la acción colonizadora. Lo que nos colonizó fue la lengua como sistema de control, represión, ocupación territorial y fuerza para el dominio económico en la isla y en los territorios de América.

»En efecto, el imperio español en América llegó con su cultura, sus instituciones, con su lengua, su derecho de propiedad escrito en un idioma o dialecto romance de base latina que, en aquel momento, comenzaba a fijar algunas Reglas de ortografía española (1517), influidas en gran parte por las Introducciones latinas (1481), ambas obras escritas por Nebrija.

»Para este filólogo y gramático español estaba claro que un imperio tiene su fundamento principalmente lingüístico, político y económico, toda vez que la justificación de la dominación sociocultural tiene su fuerza en la lengua y en el intercontacto real entre el opresor que la impone y el oprimido que está obligado a aceptarla por razones sociales y de comunicación con el poder.

»Siendo la lengua para Elio Antonio Nebrija la amiga, la compañera del imperio, al mismo tiempo es la lengua del Estado, pero también la lengua del sujeto esclavizado, manumitido, la compañera de base de los Estados modernos, de las nacientes colonias de América, de las religiones imperiales, de las economías, de las leyes, del derecho, en fin, de las naciones modernas.

»Así las cosas, los discursos culturales y sociales se sostienen por los códigos-ejes de generación y producción de conocimientos en todas las instancias donde se construye, se piensa y se impone un imperio, una determinación de poder o de fuerza política. De ahí que las lenguas imperiales reconocidas en la Romania, la Germania, la Hispania, la Indianía en América, la Afroamericanía y otros espacios socioculturales, constituyen formas de poder, resistencia, acción cultural o intercultural, explicables a través de los aportes de la Etnolingüística, la Sociolingüística y la Dialectología en toda sus extensiones de conocimiento, acción sociocultural y práctica verbal en contexto de competencia y realización.

»En nuestro caso, el español de América se ha conformado históricamente como idioma impuesto bajo el lema “la lengua es la nacionalidad”, “la lengua es la patria”. Ambos dictados de poder han constituido la mayor dictadura de la historia y, en nuestro caso, de nuestra historia colonial, nacional, política, educativa e institucional.



»El autor es miembro de la Academia Dominicana de la Lengua. Reside en Santo Domingo. »






marzo 02, 2016

«The Responsibility of the International Legal Academic: Situating the Grammarian within the 'Invisible College'»



Gleider I. Hernández
«The Responsibility of the International Legal Academic: Situating the Grammarian within the 'Invisible College'»

A. Nollkaemper, W. Werner, J. d'Aspremont and T. Gazzini (eds.), International Law as a Profession
Cambridge University Press, 2016, Forthcoming


Extracto de páginas 1-3, 21-25 y 30-36 del artículo en PDF. Véase el texto en esta ubicación original para leer sus notas y referencias.




«It has been said that it is narcissistic for an international legal scholar to reflect on the role of the academic within the international legal profession. Yet without such reflection, we are left only with a circular understanding of our role in what Oscar Schachter memorably termed the ‘invisible college’ of international lawyers, as a community of professionals dedicated to the common enterprise of engaging with international law. We do not question the mainstream presumption that whatever the form of our professional engagement (academic, activist, advocate, judge, government official, or any combination thereof), the international legal profession is united by its focus: ‘everywhere it is expected to focus on legal problems: that is to say, problems about the content and the application of law.’

»It will be argued here that the unifying characteristic of the international legal profession, however, is not the object of our study, international law itself. Instead, international law is simultaneously constituted by and constitutes the community of international lawyers who engage with it. The relationship is ‘co-constitutive’, meaning on the one hand that it is the community of international lawyers who come to create, interpret and render operative the international law with which they engage in their professional practice; and simultaneously, that certain argumentative rules pervade the international legal discipline, generating background ideas that come to constitute, or at least structure, the professional vocabularies of all international lawyers.

»This is not a new point: recently, Jean d’Aspremont has sought to explain how the foundational techniques of international law socialise international lawyers and come in turn to be defined by them. Martti Koskenniemi has long studied the complex relationship between international law and the specific claims to expertise of the various categories of international lawyers. Where this present Chapter seeks modestly to contribute to the debate is in presenting some reflections on the specific function of the international legal academic, and how our teachings come to structure international law profession more generally.

»Specifically, I aim to consider the extent to which the metaphor of a grammar common to international lawyers, which enables the creation and justifies the validity of international legal rules, constitutes the role of the international legal academic as a grammarian.

»Within language, understood as a method of communication, the use of grammar is a prescriptive tactic, instructing those actors who participate in a language community on how to construct their thoughts and present them to the wider world. One cannot underestimate the important normative character of structure and systematisation: a grammarian shapes the formulation of arguments by other actors, prescribes the categories of acts, utterances and practices that will be deemed relevant, and indeed contributes to the elaboration of the language—in this case, of law.

»[...]


»International legal scholars as ‘grammarians’: the social reality

»In this respect, it is apposite to highlight the structural features which situate international legal scholars within the fabric of international law and within the community of international lawyers.

»First, legal scholarship aims to serve the crucial function of distinction, in establishing disciplinary boundaries which create the boundaries between law and non-law, by refining the criteria through which one can distinguish between legally relevant and irrelevant practice. It is this emphasis on relevance and disciplinary boundaries that animates current scholarly debates about the deformalisation of international law.

»Secondly, ‘[l]egal scholars, through the work of rationalization and formalization to which they expose the body of rules, carry out the function of assimilation necessary to ensure the coherence and the permanence of a systematic set of principles and rules.’ The relatively dynamic structure of international law-making, not to mention the lack of international legislative organs, nudges international legal academics in a prescriptive direction, to ‘perform a task of verbalizing and ordering, which is needed for grasping an international norm and making it operational in the first place’. If later validated by the international community as legally correct, scholarship thus contributes indirectly to the formation of the law by studying and systematising its principles, distilling relevant evidence and assembling it critically. The systematised material can then exert a powerful influence on the activity of other actors within the system.

»Together, and as described earlier, these activities suggest that legal scholars carry out the functions of grammarians within the international legal system described earlier. Control over the structure of legal reasoning can be partly constitutive of the law itself: as d’Aspremont, would put it, there is power in the function of ‘grammarians in formal lawascertainment who systematize the standards of the distinction between law and non-law.’

»In so doing, one has the potential to influence other systemic actors within the system who are involved in the application of international legal rules, and thus authoritatively to shape further practice. The act of structuring is therefore a technique of enframing: through control over the parameters through which the world is apprehended and cognised, the grammarian of international law contributes to how the law itself interacts with social realities, channeling political claims into specific forms, rejecting as irrelevant certain categories of contestation, and prescribing a form of communication upon other actors. Through this social interaction, the role of scholars transcends mere description or dissemination of knowledge about how international law would apply.

»The potential substantive influence of this structural role is thus both apparent and pervasive in constituting international order, for it modifies both the fabric of international legal rules and the professional community of international lawyers. As Thomas Kuhn explained in The Structure of Scientific Revolutions, disciplinary progress is achieved in part through paradigm shifts, through which members of an established scientific community develop ideas that radically challenge or even revolutionise scientific or academic thought in a given discipline. That function is most likely carried out by those engaged with the scientific cognition of the object of that discipline, in this case international law. But it is not enough to advance new or radical ideas, even if these are closer approximations of reality; a paradigm shift can only achieved after its internalisation and acceptance within what Kuhn characterises as a (relatively) conservative majority within that community, which will from the outset generally oppose any conceptual challenge to an established framework of thought.

»That conservatism can be explained, in part, by the socialisation and disciplining processes through which one comes to be accepted by the professional community. Be that as it may, the chief point to draw from Kuhn is that it is only through the process of accommodation of new knowledge within the accrued disciplinary knowledge and analytical frameworks of that scientific community that disciplinary advances as a whole can be achieved. Although that accommodation comes possibly with the loss of that critical posture, as it becomes subsumed into the mainstream, the continued accommodation between challenger and mainstream remains a defining characteristic of disciplinary debate.

»[...]


»Towards an Ethic of Responsibility?

»The picture so painted is disheartening: international legal scholars’ role as grammarians is essentially relational, characterised primarily by a desire to be seen as relevant within a wider professional community of international lawyers, but equally, by our indispensability to the wider enterprise of cognising and using international law. This picture concedes ‘the inevitability of elite management’114 in international legal argument, and potentially elevates the practices of those international lawyers who engage most vigorously and broadly with international law as gatekeepers of the community’s common discourse rules.

»To reiterate the point, if the role of international legal scholars in the wider profession is of grammarians, to identify points of coherence and to prescribe order, the very act of so doing is constitutive: we strive ‘to add to the ideas, actions and ways of being that might be enacted through international legal work’. Such an approach risks engendering a stagnation in greater theorising about the discipline: or a lack of analytic progress, as Hilary Charlesworth would put it. What is more, a grammarian so accepted wields ‘power’ in a decisive, even Foucauldian sense, for he contributes to the understanding of what may or may not be stated, the acceptable or legitimate language that may be used, and yet accepts no responsibility for its exercise.

»Yet, for all this, perhaps all is not so bleak. Our membership in the wider professional community raises the potential for some critical self-refexivity: it allows us to come to terms with own impact, and the concomitant responsibility we bear, for generating the social practices (what d’Aspremont calls ‘communitarian semantics’) through which international law is cognised, applied and further developed. As Andrew Lang and Susan Marks suggested,

»"...by showing how our professional sensibilities are entrenched, transmitted and propagated through disciplinary habits of thought, assumptions, and dispositions, we are brought face to face with the processes through which we are ourselves enrolled in, and shaped by, the collectively produced disciplinary structures we inhabit."


»A modest, but more uniform approach to the role of scholars within the wider professional community of international lawyers, accepting our role within the invisible college yet without subordinating us to the structural biases of international law and those who made it, can in turn expand the scope of our understanding of our engagement with international law and how international law itself helps to structure social order and relations. Scholarship, thus conceived, has the potential to ‘make transparent from a reflexive distance’ which particular political or economic projects the law promotes in a given context. Moving beyond the tired oscillation between fidelity to law and the need to speak truth to power, international legal academics retain the unique possibility, as integral members of the professional community, to observe instead how we international lawyers work within the discipline and challenge the structures of international law: as Koskenniemi puts it, ‘every move [we] make is both law and politics simultaneously and demands both coolness and passion—a full mastery of the grammar and a sensitivity to the uses to which it is put.’

»It is in this light that Koskenniemi’s call for a ‘culture of formalism’, first put forward in The Gentle Civilizer of Nations but then further elaborated in the Epilogue to From Apology to Utopia, has such potential in elucidating an autonomous disciplinary purpose for the international legal scholar. His call by no means represents a neo-formalist faith in the legal form, but a concession to understanding the historical practices and contexts in which law has developed in tandem with the perpetuation of power structures, structures that the international lawyer cannot bypass or ignore simply by virtue of his political activism.

»Though premised on the impossibility of the universal, it nevertheless seeks to open an horizon for a universal vocabulary of legal argument, however unattainable; as such, it represents more a communicative culture that aspires to the universality of legal arguments purely for the sake of equality and openness. Though a defence of the autonomy of the legal form, which risks being attacked as the ‘fetishism of rules’, this is only in so far as the legal form is an expression of social or institutional practices that are internally validated. Instead, the mission of international legal scholars is essentially reformist: it is a commitment to use the professional competence, acquired through membership in the professional community of international lawyers, to communicate with other international lawyers to understand, expose and unmask the structural biases inherent in the object of our professional engagements.

»Certainly, the act of destabilising the collective identity of international lawyers as a profession committed unquestioningly to a neutral or inherently benevolent professional discourse itself represents a political choice. Any faith in law is in its potential to offer a substanceless set of discursive tools, where political dialogue can take place on the basis of equality; it alters the nature of the relationship between actors.130 As Koskenniemi has put it, the culture of formalism is in fact:

»"...a culture of resistance to power, a social practice of accountability, openness, and equality whose status cannot be reduced to the political positions of any one of the parties whose claims are treated within it."


»Perhaps to agree so wholeheartedly with Koskenniemi on this point is facile; and it is true that it remains equally prone to perpetuating the elitism demanded by technical proficiency that Koskenniemi himself decries. But to the present author’s mind, there remains something uniquely compelling about the ethic of responsibility engendered in the call for a culture of formalism: it is a powerful (though certainly not determinative) call to choose the legal vocabulary as a political tool. As Klabbers has put it, Koskenniemi has here embraced an ethical position from which international legal scholars can start our investigation and participation in legal and political processes, and contributing to a process through which political decision-makers, and especially those in positions of power, can give effect to their individual responsibilities. In this respect, Koskenniemi finds rare common cause with the legal realism of Roscoe Pound:

»"...we may demand of [the international lawyer] a philosophy that shall take into account of the social psychology, the economy, the sociology as well as the law and politics of today, that shall enable international law in terms of social ends, not an analytical critique in terms of itself, and above all that shall conceive of the legal order as a process and not as a condition."


»Certainly, in choosing for Koskenniemi’s culture of formalism, one expresses a residual faith, however slight, in the emancipatory potential of law. But for the reasons expressed above, it is important to harness the powerful normative potential of the toolbox that is made available by international legal vocabulary. As Fleur Johns puts it, we can participate actively in the ‘making and remaking of global political possibilities’. Perhaps it is in this sense that the international legal academic can claim a new, autonomous, role in this process of selfreflection, to ‘painstakingly enquire into the trends of development ... and do so with honesty of purpose tempered by an appreciation of the practical problems posed by the realities of life’.

»As international legal scholars, if we are to have any faith in international law’s emancipatory potential, however thin, then we must assume our own agency and responsibility for the vocabularies that we deploy and use in the name of internationalism, of universalism, and of all humanity. Our indirect, yet powerful, influence on the continued development of the international legal order depends on it.»






febrero 24, 2016

«Propuestas para “llevar la gramática a los alumnos”»



María Querol Bataller
«Propuestas para “llevar la gramática a los alumnos”»

Tejuelo, vol. 22, n.º 1, 2015

Tejuelo | Universidad de Extremadura | Facultad de Formación del Profesorado | Cáceres | ESPAÑA


Extracto de página 164 del artículo en PDF




«El aprendizaje explícito de los contenidos gramaticales y su metalenguaje forma parte de los contenidos curriculares de L1 [Primera Lengua] en el contexto español. Se observa, sin embargo, que su aprendizaje es uno de los aspectos que más dificultades y animadversión causa entre el alumnado. Por tal motivo, y con el objetivo de intentar revertir esta situación y acercar la gramática a los alumnos en este trabajo se han ilustrado algunas propuestas didácticas y metodológicas, pues “como Mahoma no parecería acercarse a la montaña, hemos optado por acercar la montaña a Mahoma” [...].

»Dichas propuestas consisten, en primer lugar, en representar “visualmente” el significado de los conceptos gramaticales a estudiar, pues es una forma intuitiva y rápida de comprender estos y, además, según dicen, una imagen vale más que mil palabras. Asimismo, esta acción facilitará que el alumno establezca la relación existente entre gramática y expresión. En segundo lugar, se ha utilizado la comparación de lenguas y el aprendizaje de LE [Lengua Española] para ilustrar la importancia y utilidad de conocer explícitamente los contenidos gramaticales y su metalenguaje.

»No sabemos si con tal proceder se conseguirá que la gramática vaya a los alumnos, sin embargo, sí creemos que contribuirá a aliviar la sensación de frustración, desesperación y hastío que sienten los alumnos cuando la gramática se convierte en un listado de normas y excepciones entre las que no son capaces de establecer relación, significado y utilidad alguna.»






febrero 17, 2016

«La gramática —en nuestro caso aquí la rección— no constituye solamente un nivel formal y autónomo de representación, sino también un nivel imaginativo y significativo»



Abeer Hussein Abid
«La teoría de la rección (al-‘awāmil) en lengua árabe»

Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (MEAH). Sección Árabe-Islam, vol. 65, 2016

Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos (MEAH). Sección Árabe-Islam | Universidad de Granada | Facultad de Filosofía y Letras | Departamento de Estudios Semíticos | Granada | ESPAÑA


Extracto de páginas 67-70, 73 y 74 del artículo en PDF




«INTRODUCCIÓN

»En gramática árabe el sentido de la rección y los regentes en árabe consiste en que las terminaciones de caso en las palabras —nominativo, acusativo, genitivo, etc.— obedecen necesariamente a un efecto que actúa sobre ellas haciendo que vayan en un caso y no en otro. Así el verbo actúa sobre el sujeto o lo rige en nominativo y actúa sobre el complemento directo poniéndolo en acusativo, y las preposiciones actúan sobre los nombres que las siguen y los ponen en genitivo, etc1. Este artículo se trata sobre la teoría de rección desde el punto de vista de tanto de diferentes filólogos árabes como de diferentes lingüistas occidentales. El objetivo de esta investigación es comprobar que la gramática —en nuestro caso aquí la rección— no constituye solamente un nivel formal y autónomo de representación, sino también un nivel imaginativo y significativo. La simbolización estriba en llamar la atención sobre una parte de un significado e intentar ponerlo de relieve por medio de la lengua, es decir, por medio del símbolo o la palabra, dependiendo del nivel de comprensión imaginativa. El lenguaje es de naturaleza imaginativa; es un conjunto de tipos de relaciones de semejanza y analogía entre forma y significado —sea fónica, gráfica o motivada por metáfora, metonimia o analogía—, que no es arbitraria [NOTA 2].


»LA TEORÍA DE LA RECCIÓN (AL-‘ AWĀMIL)

»Los filólogos árabes fueron influidos en gran medida por los ensayos de Aristóteles sobre la causalidad, en los que Aristóteles arguye que todo efecto tiene una causa y todo movilizado tiene un motor. Así el gramático Abū l-Aswad al- Dū’alī utiliza para denominar la “vocal” el tecnicismo ḥaraka, (lit. movimiento), influido por la teoría física de movimiento de Aristóteles. Así, de igual manera que para Aristóteles cada movilizado necesita necesariamente un motor, en la teoría de la rección en árabe cada palabra regida necesita un regente, y si éste no aparece explícito o aparente en el texto, hay que suponerlo virtualmente, y su efecto se hace patente en la vocalización — تحريك الكلمات — de los finales de las palabras. [...]

»Ibn Ŷinnī interpreta la rección afirmando: “En la composición del discurso nacen entre las palabras relaciones sintácticas que afectan a la forma de la palabra, estas relaciones son la rección de la que hablan los filólogos árabes”. Se trata de un tipo de asociación de una palabra con otra. Asimismo según ‘Abd al-Qāhir al-Ŷarŷānī la rección es el resultado de la asociación التضام entre las palabras según las estructuras gramaticales convencionalizadas [NOTA 4].

»Modernamente los lingüistas occidentales de diferentes tendencias y escuelas han aplicado este concepto de la rección aunque hay diferencias de interpretación entre ellos.

»Así según Hjelmslev “Los gramáticos árabes han insistido en ello con fuerza. Según ellos, cualquier palabra o término de una serie es regido. El nominativo del sujeto es regido por el verbo, al igual que el acusativo del objeto. Una palabra que carece de fonema de morfema positivo también es regida: es precisamente su dependencia respecto de los otros términos de la serie la que le impone el fonema de morfema cero. Toda forma es rección: sólo la rección, hecho contextual, justifica la elección de una forma. Si el término no forma parte de una frase (o de una serie articulatoria), el fonema de un morfema pierde su valor y se convierte en un puro sonido. Sólo el contexto le confiere valor. En esto los árabes han visto, efectivamente, la necesidad de distinguir netamente la forma gramatical y el aspecto fónico” [NOTA 5]. Así la teoría de la rección de Hjelmslev gira en torno a su concepción de forma y función, es decir, todo elemento lingüístico posee, además de un valor por oposición a otra entidad una valencia, o conjunto de posibilidades combinatorias. Para él, rección es sinónimo de función [NOTA 6].

»A propósito del régimen, la Gramática de la Real Academia Española de 1771 afirma: “es el gobierno o precedencia que tienen unas palabras respecto de las otras: las que están antes rigen, las que están después están regidas” [NOTA 7].

»En la lingüística moderna es sinónimo de relación, y más concretamente de subordinación sintáctico-semántica [NOTA 8], como afirma F. Lázaro Carreter es “la relación necesaria que liga entre sí dos palabras de tal modo que una depende gramaticalmente de otra. La palabra dependiente se llama regida, y aquella de la que ésta depende, regente” [NOTA 9]. Esta relación se manifiesta siempre en una sola dirección: del regente al regido [NOTA 10]. Así se dice por ejemplo, que el sustantivo rige adjetivo por la concordancia, el verbo jactarse rige modernamente complemento por de [NOTA 11].

»La rección para V. Brondal, es un elemento de la frase que rige un determinado complemento, o un determinado complemento con una determinada preposición [NOTA 12]. La rección en la gramática generativa está bastante próxima al concepto tradicional de régimen, es según Noam Chomsky, el concepto de dependencia sintáctica [NOTA 13]. Algunos gramáticos árabes llaman a la gramática árabe اعراب (flexión desinencial) y a ésta introducido gramática, mientras que otros rechazan esto, alegando que aunque la lengua árabe —igual que algunas lenguas semíticas y latinas antiguas— vocalizan el final de las palabras dependiendo de las funciones que éstas desempeñan en el discurso, la flexión desincial no es el significado sintáctico ni su designación sino una especie de índice que indica que la palabra conlleva una determinada función según el contexto. Así por ej., el sujeto o el complemento directo tienen un significado sintáctico que viene indicado, no por la flexión sino por el الأسناد la nisba o la relación, como por ejemplo entre sujeto-atributo. En cuanto a la estructura de la frase o la forma morfológica del verbo viene indicada por la vocal ḍamma o fatḥa. Prueba de ello es que, a veces, las desinencias de caso pierden su índice, tal como ocurre en las palabras mabniyya, invariables, que carecen de flexión desinencial, y sin embargo, su significado funcional sigue siendo el mismo; esto demuestra que la función de sujeto o complemento directo es el efecto de la atribución o la nisba y no el efecto de la flexión desinencial [NOTA 14] (الأعراب).

»[...]

»Afirma Tammān Ḥassān que rara vez se aclara el significado lingüístico con un solo índice, sino que en general se unen varios índices para indicar el significado sintáctico.

»En la lengua árabe la palabra نسبه nisba viene del ingrediente semántico نسب atribuir o referir. Así tiene relación con la palabra vínculo, atribución, معنى نسبي significado relacional como en las preposiciones, es decir, tiene نسبه porción o parte de significado que se realiza por la relación de otras dos partes. Es decir, que nisba en el caso de las preposiciones significa parte o porción, y significa relación. La nisba son las relaciones o vínculos que no podemos ver o percibir en la lengua, porque en realidad, la nisba no se pronuncia y no hay frente a ella una letra o palabra, pero esto no quiere decir que no se pueda percibir, porque de cualquier modo es percibida por sus partes [NOTA 18].

»Así Tammān Ḥassān llama a las preposiciones nisba es una subcategoría del índice de dependencia, que a su vez incluye diversas subcategorías; los antiguos consideran que la nisba es un tipo de partícula de relación, pues según ellos el sintagma preposicional es un tipo de relación, como por ej. en جلس زيد على الكرسي (Se sentó Zayd sobre la silla) donde la preposición establece una relación semántica con la acción de sentarse, como proceso, y no una relación de tiempo, que en este caso se establece entre la forma del verbo y la acción de sentarse.

»[...]

»CONCLUSIÓN

»Siguiendo los objetivos propuestos en esta investigación, hemos llegado a las siguientes conclusiones:

»1. Si reflexionamos sobre los diferentes puntos de vista mencionados sobre la rección tanto en árabe como en lenguas occidentales, notaremos que proceden de la misma imagen esquemática superordinada que es ‘la relación entre las palabras en el uso o el discurso’ pero cada uno pone el énfasis en una parte de esta imagen esquemática abierta e infinita, según sus niveles de comprensión imaginativa. Algunos filólogos árabes tradicionales llaman la atención sobre la vocalización o la flexión desinencial ( الأعراب ); mientras que otros consideran la flexión desinencial no más que es un índice de la rección y no la rección misma; otros prestan atención a la asociación ( التضام ) entre las palabras como los occidentales, mientras que los Uṣūliyyūn, como hemos visto, arguyen: que la rección o la sintaxis consiste en descubrir al-nisab —el significado relacional— de los significados y sus nisab o relaciones de combinación.

»2. Los aspectos metafóricos e imaginativos cubren todos los aspectos del lenguaje. La primera función del lenguaje es significar. Así, la gramática —en nuestro caso aquí la rección— no constituye solamente un nivel formal y autónomo de representación, sino también un nivel imaginativo y significativo.



»[NOTAS]

»2. Para más información véase: Abeer Hussein Abid. El esquema básico de la referencia. Un modelo del significado esquemático aplicado a las preposiciones españolas y árabes. Alicante: Universidad de Alicante, 2008, y Académica Española, 2011, y, “El signo lingüístico según la teoría del esquema básico de la referencia”. Miscelánea de Estudios Árabes y Hebraicos. Sección Árabe-Islam, 61 (2012), pp. 3-23.

»4. Op. cit., p.101; ‘Abd al-Qāhir al-Ŷarŷānī. al-‘Awāmil al-mi’a al-naḥwiyya fī uṣūl ‘ilm al- ‘arabiyya. Edición crítica de al-Badrawī Zahrān. El Cairo: Dār al-Ma‘ārif, 19862, p. 31.

»5. L. Hjelmslev. Principios de gramática general. Trad. Félix Piñero Torre. Madrid: Gredos, 1976, p. 164-165.

»6. Hjelmslev, afirma que “la lengua es una red de dependencias o para decirlo de una manera a la vez más exacta, más técnica y más simple, una red de funciones”. Ensayos lingüísticos. Trad. Elena Bombín Izquierdo y Félix Piñero Torre. Madrid: Gredos, 1972, p. 183.

»7. H. Martínez García. “Sobre la rección y el régimen preposicional”. Archivum, 37 (1987-1988), p. 76.

»8. H. Martínez García. Op. cit., p. 76.

»9. F. Lázaro Carreter. Diccionario de términos filológicos. Madrid: Gredos, 1968.

»10. L. Hjelmslev. Ensayos lingüísticos, p. 192; M. Morera. Estructura semántica del sistema preposicional español moderno y sus campos de usos. Tenerife: Puerto del Rosario, 1988, p. 61.

»11. E. Fontanillo Merino. Diccionario de lingüística. Madrid: Anaya, 1986, p. 249.

»12. V. Brondal. Théorie des prépositions, Introduction à une sémantque rationnlle. Trad. Pierre Naet. Copenhague: Ejnar Munksgaard, 1950, p. 82; F. Osuna García. Función semántica y función sintáctica de las preposiciones. Málaga: Librería Ágora, 1991, p. 13.

»13. N. Chomsky. La nueva sintaxis. Teoría de rección y el ligamiento. Barcelona: Paidos. SAICF, 1988, p. 140.

»14. Muḥammad Muḥammad Yūnis ‘Alī. Waṣf, al-luga al-‘arabiyya dalāliyan, fī ḍaw’ mafhūm aldalāla al-markaziyya. Dirāsa ḥawla al-ma‘na wa-ẓilāl al-ma‘na. Trípoli: Universidad del Fātḥ, 1993. p. 294; Ibrāhīm Anīs. Min asrār al-luga. El Cairo: al-Anŷlū l-Miṣriyya, 19755, p. 268.

»18. Al-Ṣadir Muḥammad. Minha al- uṣūl. Ed. Muḥammad Musà al-Ya‘qūbī. Bagdad, 1418 h., vol. II, p. 187.»