febrero 06, 2026

Leer es una forma de estar en el mundo, no es solo una habilidad, es una forma de dar sentido, de explorar el mundo y de nombrar lo vivido


Alex Egea Andrés y Adrià Paredes Santín
«Cultura lectora en la escuela obligatoria: entre la transmisión institucional y la significación vital»

Revista de Educación, núm. 411 (2026); número monográfico: «La educación obligatoria: un debate abierto».

Revista de Educación | Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes | Adscrita al Instituto Nacional de Evaluación Educativa | Madrid | ESPAÑA

Se incluye a continuación el artículo según su edición en PDF. Véanse las referencias en la publicación original.

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Imagen referencial. En Pexels, foto de Dziana Hasanbekava.


RESUMEN

Este artículo presenta una revisión sistemática cualitativa de la literatura científica para analizar el papel que desempeña la escuela obligatoria en la construcción de una cultura lectora crítica, equitativa y comunitaria. El estudio parte de un enfoque interpretativo y comparativo, y se estructura a partir del análisis temático de 261 artículos publicados entre los años 2000 y 2025 en bases de datos como ERIC, Scopus, Web of Science y Dialnet.

Los resultados evidencian que la cultura lectora es un fenómeno complejo, dinámico y contextualizado, que no puede reducirse a una mera habilidad técnica. En este marco, la escuela se configura como un agente insustituible para garantizar el acceso universal a prácticas lectoras diversas, significativas y emancipadoras, especialmente cuando articula pedagogías críticas y contextualizadas.

De este modo, se analiza el papel complementario de otros agentes sociales —familias, bibliotecas y entornos digitales— y se destacan los contrastes culturales e institucionales entre territorios. El artículo concluye que la promoción de una cultura lectora inclusiva requiere una apuesta colectiva y sistémica que reconozca la lectura como un derecho cultural, una práctica social y una herramienta de transformación democrática.

Palabras clave: cultura lectora, unción pedagógica de la escuela, equidad educativa, prácticas lectoras, agencia lectora.



INTRODUCCIÓN

La transmisión de la cultura lectora nunca ha tenido el carácter de una responsabilidad a compartir por parte de distintos agentes sociales. Por el contrario, a lo largo de toda la historia de la educación moderna, esta labor se ha atribuido casi en exclusiva a la escuela, que ha sido considerada la institución central en la formación del alumnado, tanto en lo que atañe a lo cultural como a lo lingüístico. Esta perspectiva institucionalizada confería a la escuela un inmerecido papel protagónico, en detrimento de posibles fuentes alternativas de la misma labor de transmisión, como la familia, las bibliotecas o los medios de comunicación.

Sin embargo, en las últimas décadas esta visión unilateral ha sido cuestionada y en un enfoque más ecosistémico se ha enfatizado cómo la cultura lectora se crea a través de múltiples interacciones contextuales entre entornos formales e informales. No obstante, inclusive dentro de este marco amplificado, la responsabilidad de la escuela queda —y debería quedar— específica e intransferiblemente a su cargo: brindar igualdad de oportunidades de acceso a la cultura escrita, asegurar un acompañamiento sistemático en los procesos lectores y colaborar en la formación de una ciudadanía crítica a través de la lectura.

A pesar de esta pluralidad de actores, la escuela se configura como un espacio privilegiado desde el punto de vista social, institucional, normativo y pedagógico. En este marco, el artículo parte de un objetivo central que es identificar y delimitar el valor diferencial que adquiere la escolarización en la formación de sujetos lectores y el acceso a la cultura escrita, con capacidad de comprensión, interpretación y transformación del mundo.

Las investigaciones recientes cuestionan una concepción imperante y reduccionista de la cultura lectora, centrada exclusivamente en la adquisición de habilidades técnicas. En contraposición, cada vez más estudios destacan que la lectura constituye una práctica social y culturalmente situada, que incorpora valores, actitudes, usos simbólicos y procesos de identificación y significación vital.

Para responder a la pregunta de investigación planteada, este estudio se estructura en torno a cuatro ejes analíticos interrelacionados. En primer lugar, se aborda el concepto de cultura lectora desde una perspectiva crítica y sociocultural, con definiciones que trascienden el enfoque funcionalista y que entienden la lectura como una práctica significativa, colectiva y contextual.

En segundo lugar, se analiza el rol específico de la escuela como institución capaz de ofrecer itinerarios de lectura estructurados, sostenidos y orientados al desarrollo del pensamiento crítico y la inclusión educativa.

El tercer eje examina la contribución —a menudo complementaria pero desigual— de otros agentes sociales, como las familias, las bibliotecas o los entornos digitales, que, si bien facilitan el acceso a la lectura, dependen en gran medida del contexto socioeconómico y cultural de las personas lectoras. Finalmente, el cuarto eje introduce una mirada comparativa y contextualizada, analizando los contrastes culturales e institucionales que se manifiestan en la literatura internacional. Este último apartado permite evidenciar cómo los marcos políticos, los enfoques curriculares y las dinámicas comunitarias condicionan profundamente tanto las prácticas lectoras como las formas de enseñar a leer en diferentes contextos educativos.



ENFOQUE Y METODOLOGÍA

Se ha llevado a cabo un análisis temático guiado por cuatro variables analíticas interrelacionadas:

(1) el concepto de cultura lectora,

(2) el rol de la escuela,

(3) el rol de otros agentes sociales y

(4) los contrastes culturales e institucionales.


Con el fin de garantizar la transparencia y la fiabilidad metodológica, la revisión se ha estructurado siguiendo la adaptación cualitativa del protocolo PRISMA (Preferred Reporting Items for Systematic Reviews and Meta-Analyses) propuesta por Page et al., adecuándola a los requerimientos de una revisión interpretativa de carácter crítico y educativo.


Criterios de selección

Con el objetivo de garantizar la pertinencia temática, la coherencia analítica y la calidad científica del corpus documental incluido en esta revisión, se establecieron criterios de elegibilidad. La definición precisa de estos criterios ha sido fundamental para asegurar que los estudios seleccionados se ajustaran de forma precisa a los objetivos de la investigación y permitieran un análisis comparativo sólido y relevante.

Concretamente, la selección de las publicaciones responde a la voluntad de identificar investigaciones que aborden con una mirada crítica la función de la escuela como agente activo en la construcción y transmisión de la cultura lectora, especialmente en contextos en los que esta se confronta o se complementa con otros espacios sociales de formación lectora, como la familia, las bibliotecas o los entornos digitales.

En primer lugar, se incluyeron exclusivamente publicaciones revisadas por pares (peer reviewed), como garantía del rigor metodológico y de la validez de las aportaciones teóricas y empíricas. Este filtro aseguró que todas las fuentes analizadas cumplieran los estándares académicos exigibles en una revisión de carácter científico. En segundo lugar, se estableció un marco temporal comprendido entre los años 2000 y 2025, con la finalidad de centrar la revisión en estudios actuales y contextualizados en los cambios sociales, culturales y educativos del siglo XXI, relacionados con la digitalización y las transformaciones en las prácticas lectoras escolares.

En tercer lugar, solo se consideraron publicaciones disponibles en texto completo, algo imprescindible para llevar a cabo una lectura crítica y un análisis temático detallado de los contenidos. Se descartó cualquier documento que no ofreciera acceso íntegro a su contenido. En cuarto lugar, se incluyeron únicamente textos redactados en catalán, castellano o inglés, para garantizar la comprensión y el análisis directo de los documentos, e incorporar al mismo tiempo una diversidad de perspectivas procedentes de contextos culturales y educativos diferenciados.

En quinto lugar, se restringió la selección a estudios centrados en el nivel educativo de educación primaria (ISCED-1), ya que es en esta etapa donde se establecen las bases fundamentales de la relación entre infancia, escuela y cultura lectora, y donde se despliegan las políticas y prácticas lectoras con mayor impacto a largo plazo. En sexto lugar, las publicaciones debían tratar explícitamente el papel de la escuela en la transmisión de la cultura lectora, ofreciendo comparaciones o contrastes con otros entornos de aprendizaje no formales, como las familias, las bibliotecas o las plataformas digitales.

Finalmente, solo se seleccionaron aquellos estudios que permitieran analizar las dimensiones pedagógicas, culturales y estructurales implicadas en el desarrollo de una cultura lectora escolar. Se priorizaron trabajos que incorporaran marcos conceptuales sólidos, enfoques críticos y análisis cualitativos que facilitaran la interpretación de los procesos educativos e institucionales vinculados a la lectura.

Este conjunto de criterios de inclusión y exclusión ha permitido construir una muestra coherente, fundamentada y metodológicamente sólida, que responde a los estándares de calidad exigibles en una revisión sistemática cualitativa. Además, la aplicación combinada de filtros temáticos, temporales, lingüísticos y epistemológicos ha permitido delimitar un conjunto equilibrado de fuentes, que integra tanto investigaciones de base empírica como trabajos teóricos con un fuerte componente interpretativo.


Fuentes de información y estrategia de búsqueda

La identificación y selección de la literatura se ha llevado a cabo mediante una estrategia de búsqueda sistemática, desarrollada específicamente para garantizar el alcance, la calidad y la relevancia de los estudios incorporados. Esta estrategia se ha basado en la consulta de cuatro bases de datos académicas internacionales y nacionales de referencia, todas ellas ampliamente reconocidas por su rigor científico y por su cobertura temática en el ámbito educativo y de las ciencias sociales: ERIC, Scopus, Web of Science y Dialnet

Para optimizar la recuperación de estudios relevantes, la búsqueda se diseñó de manera estructurada y replicable, adaptándose a las características y funcionalidades específicas de cada base de datos. Se utilizaron combinaciones de términos clave y operadores booleanos (AND, OR) para generar conjuntos de resultados que respondieran a la pregunta de investigación y a las variables analíticas del estudio.

Los descriptores utilizados se formularon en inglés, catalán y castellano, con el objetivo de captar el máximo de producción científica contextualmente diversa. Entre los términos empleados destacan: «school AND reading culture», «school literacy practices», «educational transmission AND reading», «cultural literacy AND schools», así como «escola i cultura lectora», «escuela y cultura lectora», «pràctiques de cultura lectora», «transmissió educativa i lectura» i «alfabetització cultural i escola», entre otros.


Proceso de selección y extracción de datos

El procedimiento de selección de los estudios incluidos en esta revisión se estructuró en varias fases sucesivas, con el objetivo de aplicar rigurosamente los criterios de elegibilidad establecidos y asegurar la calidad, relevancia y coherencia del corpus final. Este proceso se llevó a cabo mediante una combinación de técnicas de gestión bibliográfica, análisis documental y lectura crítica, siguiendo los principios del protocolo PRISMA y adaptándolo a un enfoque cualitativo e interpretativo.

• Identificación de registros: En una primera fase, se realizó una búsqueda exploratoria sin filtros en las cuatro bases de datos. Esta primera aproximación permitió obtener un total de 61.831 registros preliminares, que constituían el conjunto inicial potencialmente relevante para el estudio.

• Eliminación de duplicados: Los resultados obtenidos fueron importados a un gestor de referencias bibliográficas, donde se procedió a la eliminación de documentos duplicados que aparecían en más de una base de datos.

• Revisión inicial (cribado): En esta tercera fase, se realizó una revisión preliminar de los títulos y resúmenes de cada registro para determinar su adecuación a los criterios de inclusión.

• Lectura completa de los textos seleccionados: Los estudios que superaron la fase anterior fueron sometidos a una lectura íntegra y detallada, a fin de confirmar su pertinencia conceptual, rigor metodológico y relevancia empírica o teórica.

• Selección final: Como resultado de este proceso sistemático y progresivo, se determinó una muestra final de 261 artículos que cumplen íntegramente los criterios de elegibilidad definidos.


Con el fin de facilitar la comprensión global del corpus analizado y garantizar la transparencia del proceso de revisión, a continuación se presenta una tabla de clasificación que resume las principales características de los 261 artículos seleccionados.


Tabla 1. Distribución del corpus de estudios según base de datos, ámbito geográfico y agentes sociales analizados. (Elaboración propia).



Esta clasificación proporciona una visión panorámica de la muestra y contribuye a reforzar la transparencia del procedimiento metodológico. Permite constatar que el corpus está formado por una muestra diversa, multidisciplinaria e internacional, que refleja la pluralidad de enfoques existentes en el estudio de la cultura lectora. La presencia significativa de estudios cualitativos y conceptuales se alinea con el enfoque interpretativo de la revisión, mientras que la variedad de ámbitos geográficos e idiomas refuerza su dimensión comparativa e intercultural.


Análisis temático y variables de estudio

Una vez finalizado el proceso de selección, se procedió a desarrollar un análisis temático de carácter cualitativo, orientado a identificar patrones recurrentes, tensiones conceptuales y aportaciones significativas dentro del corpus de 261 artículos. Este análisis se estructuró a partir de cinco variables centrales, previamente definidas de acuerdo con los objetivos y preguntas de investigación del presente estudio. Las cuatro dimensiones analíticas, interconectadas entre sí, han permitido establecer una lectura transversal y crítica del conjunto de la literatura revisada: Concepto de cultura lectora., Rol de la escuela, Rol de otros agentes sociales y Contrastes culturales e institucionales.

El análisis se desarrolló siguiendo un enfoque inductivo que atendía a las recurrencias, divergencias y relaciones emergentes entre los distintos estudios. Este proceso permitió generar códigos temáticos abiertos y flexibles, al tiempo que facilitó la comprensión de las dinámicas institucionales, pedagógicas y socioculturales que configuran la cultura lectora en contextos escolares.



RESULTADOS

Los resultados de esta revisión cualitativa se organizan en torno a cuatro ejes temáticos centrales, definidos a partir de las variables analíticas establecidas en la fase metodológica. Esta estructura responde a la idea de presentar los contenidos del corpus de manera sistemática, facilitando su interpretación crítica y comparativa.

Cada eje analítico refleja una dimensión fundamental del fenómeno estudiado, desde el marco conceptual que sostiene el término «cultura lectora», hasta las funciones específicas de la escuela, la interacción con otros agentes sociales y las diferencias detectadas según los contextos institucionales y culturales. Así, la presentación de los resultados no se limita a una descripción de los estudios, sino que propone una lectura integradora y problematizadora, capaz de dar cuenta de la complejidad del papel que ejerce la escuela en la transmisión de la cultura lectora en el mundo contemporáneo.


Variable 1 – El concepto de cultura lectora

Los distintos ejes analizados en esta revisión permiten abordar las múltiples facetas del fenómeno investigado. Desde la comprensión teórica del concepto de «cultura lectora» hasta las prácticas concretas que la escuela pone en juego para promoverla, el recorrido incluye también el papel pedagógico, simbólico e institucional de la educación formal, el vínculo con otros actores sociales y las variaciones que se observan según el contexto cultural, político o territorial.

La organización temática adoptada no solo ha servido para ordenar y sintetizar el conocimiento extraído del corpus, sino también para ofrecer una lectura crítica que permite comprender mejor la complejidad creciente del rol que desempeña la escuela en la construcción y transmisión de una cultura lectora con sentido crítico, equitativo y comunitario. En esta línea, distintas investigaciones coinciden en señalar la necesidad de dejar atrás visiones reduccionistas de la lectura, centradas únicamente en habilidades técnicas, y apuestan por enfoques que reconozcan su dimensión afectiva, participativa y culturalmente situada.

Uno de los resultados más relevantes de esta revisión es la consolidación de una visión ampliada y compleja del concepto de cultura lectora, alejada de un enfoque meramente técnico o instrumental. Diversos estudios recientes como los de Morse, Ngwato y Huston, y Olasehinde et al. han contribuido a consolidar una crítica fundamentada a las concepciones reduccionistas de la lectura, que la identifican con procesos mecánicos de decodificación y con una finalidad puramente funcional dentro del currículo escolar.

Leer no es solo una habilidad, sino una forma de estar en el mundo: una manera de habitar el pensamiento, de enlazarse con la memoria colectiva, de construir identidad y de articular resistencias simbólicas. Como han apuntado autores como Simşek, la lectura puede entenderse como una filosofía de vida: una actividad continua y significativa que acompaña a las personas a lo largo de su desarrollo vital, modelando su forma de entender la realidad, de conectarse con los demás y de proyectarse en el futuro.

Desde esta mirada, leer implica mucho más que acceder a información: es una forma de dar sentido, de explorar el mundo y de nombrar lo vivido. Esto supone reconocer que la lectura no puede desligarse del contexto sociocultural ni de los imaginarios personales que la sustentan, y que la cultura lectora se construye día a día, a través de relaciones significativas, de experiencias compartidas y de la posibilidad de leerse a una misma y a las demás en los textos.

Simşek y Staples coinciden en destacar que, para que una cultura lectora sea realmente significativa, debe estar profundamente vinculada a la experiencia vital de los lectores, a su identidad, lengua, origen y condición social. Desde esta perspectiva, la lectura se convierte en un proceso formador de identidad y de integración cultural dentro de contextos sociales concretos. En la misma línea, Çigdemir enfatiza el potencial inclusivo de la lectura, especialmente en entornos educativos diversos, donde puede actuar como herramienta de reconocimiento, empoderamiento y representación cultural.

Desde el contexto español, Moreno Oliver subraya el papel fundamental de la escuela como institución mediadora de derechos culturales, especialmente en la promoción de prácticas lectoras arraigadas en la diversidad sociolingüística y simbólica del alumnado. Esta comprensión más rica y contextualizada del hecho lector permite cuestionar las políticas educativas centradas exclusivamente en indicadores estandarizados y en modelos homogeneizadores de evaluación, desplazando las dimensiones simbólicas, subjetivas y emancipadoras de la lectura escolar.

En este marco, cobra fuerza la noción de cultura lectora crítica, que incorpora el análisis de los discursos, la capacidad de interpretación activa y la lectura como herramienta para cuestionar y transformar el mundo. Esta orientación se ve reflejada en aportaciones como la de Türkel, Özdemir y Akbulut, que evidencian cómo la lectura crítica, cuando se articula con metodologías participativas y textos culturalmente relevantes, puede convertirse en un espacio de crecimiento personal y de participación democrática. En este sentido, se destaca la relevancia de la escuela como espacio de mediación cultural y democratización de la lectura, y como institución clave para garantizar el acceso equitativo a prácticas lectoras significativas.


Variable 2 – El rol de la escuela

El segundo eje del análisis se centra en el papel que desempeña la escuela como espacio pedagógico, normativo y cultural en la construcción de una cultura lectora con sentido crítico, inclusivo y relevante. Si bien es cierto que las prácticas lectoras pueden cultivarse en múltiples ámbitos —como el hogar, las bibliotecas, los colectivos comunitarios o los entornos digitales—, los estudios consultados coinciden en destacar el carácter único de la escuela como institución capaz de ofrecer un acceso estructurado y universal a la cultura escrita.

Lo que distingue a la escuela es su condición de espacio educativo obligatorio y regulado, que llega a toda la infancia con independencia de su origen social. Esto le otorga un potencial decisivo para garantizar la equidad y reducir brechas culturales, especialmente entre aquellos niños y niñas que crecen en entornos con escasos recursos lectores o trayectorias educativas discontinuas. A diferencia de otros contextos, donde el acceso a la lectura depende en gran medida del capital familiar o de la iniciativa personal, la escuela tiene el mandato institucional de asegurar que aprender a leer —y leer con sentido— sea un derecho y no un privilegio.

Ahora bien, para que esta función sea realmente transformadora, es necesario que la escuela vaya más allá de la enseñanza técnica de la lectura. Staples y Olasehinde et al. coinciden en defender que la tarea lectora de la escuela debe asumir una dimensión política y cultural, orientada a generar condiciones para una alfabetización profunda, crítica y situada. Esta concepción implica entender la escuela como el lugar donde se aprende a leer y se aprende a ser lector, donde se legitiman o se marginan determinadas formas de lectura, y donde se construyen imaginarios sobre el sentido de leer.

La revisión también constata que la escuela puede ejercer un rol claramente democratizador, contribuyendo a romper las dinámicas de reproducción de desigualdades lectoras que se producen en otros espacios, como la familia o los entornos digitales, a menudo condicionados por el origen socioeconómico. En este sentido, la escuela se convierte en una institución mediadora de derechos culturales, capaz de ofrecer modelos diversos de lectura, de estimular el intercambio entre experiencias lectoras heterogéneas y de generar entornos donde la lectura no solo se aprende, sino que se valora y se comparte.

No obstante, este potencial democratizador no se activa de forma automática. Para que la escuela pueda desplegar plenamente su función cultural y emancipadora, es necesaria una voluntad institucional explícita y sostenida. Esto implica apostar por un modelo lector integral y crítico, que no se limite a alcanzar estándares mínimos, sino que promueva la autonomía lectora, el pensamiento crítico, la curiosidad y la capacidad de vincularse emocional e intelectualmente con los textos. Esta apuesta requiere una revisión profunda de las prácticas escolares: desde los materiales hasta los tiempos y espacios de lectura, pasando por la formación del profesorado en enfoques didácticos sensibles a la diversidad cultural, lingüística y cognitiva del alumnado.

Finalmente, la literatura revisada reivindica el doble papel de la escuela en relación con la lectura: por una parte, garantizar el acceso universal a la cultura escrita; y por otra, asumir que la escuela es el espacio donde se produce la institucionalización de la cultura lectora. Esto significa que la escuela es la encargada de establecer marcos de legitimación simbólica, normativos y curriculares que determinan qué se considera lectura válida, qué textos son dignos de estudio y qué prácticas lectoras son promovidas o silenciadas. La fuerza de la escuela, en este sentido, reside en su capacidad de hacer llegar la lectura a toda la población infantil y juvenil, y en su función normativa y socializadora, que contribuye a configurar los imaginarios colectivos en torno a la lectura.

Esta función dual —democratizadora y reguladora al mismo tiempo— convierte a la escuela en un agente central en la producción, reproducción o transformación de las jerarquías culturales. Puede ampliar los horizontes lectores del alumnado, dando cabida a voces diversas, géneros heterogéneos e identidades múltiples; pero también puede restringirlos si se fundamenta en criterios rígidos, canónicos o desvinculados del contexto vital de los lectores.


Variable 3 – El papel de otros agentes sociales

Si bien la escuela ocupa un lugar central en la formación lectora, la literatura especializada también pone de relieve el papel que desempeñan otros agentes sociales en este proceso. Aunque carecen del carácter obligatorio, sistemático y universal del contexto escolar, espacios como el hogar, las bibliotecas o los entornos digitales pueden influir de forma significativa —y en muchos casos complementaria— en la adquisición de hábitos, valores y experiencias vinculadas a la lectura.

El entorno familiar, por ejemplo, ofrece un potencial simbólico y afectivo clave en las etapas iniciales del desarrollo lector. Sin embargo, su impacto está condicionado por las desigualdades sociales: el capital cultural, económico y lingüístico de cada hogar determina en gran medida el tipo de vínculos que se establecen con la lectura. Las bibliotecas, en cambio, representan espacios abiertos y accesibles que, cuando se articulan con proyectos comunitarios o educativos, pueden convertirse en puntos de encuentro, inclusión y participación cultural. Aun así, su eficacia depende de factores como su presencia en el territorio, el respaldo institucional que reciben y el grado de conexión con las escuelas.

En cuanto a los entornos digitales, estos han transformado las formas de leer y compartir significados, al introducir prácticas lectoras más visuales, fragmentadas e interactivas. Aunque ofrecen nuevas oportunidades, también plantean desafíos: el acceso desigual a la tecnología y la escasa mediación pedagógica limitan su potencial como vehículo de equidad en el aprendizaje lector.

Dentro de este panorama, la familia continúa siendo el primer espacio de contacto con la lectura. Tal como señalan Neuman y Celano, es allí donde tienen lugar las primeras experiencias con los textos y donde se transmiten valores, actitudes y expectativas que influirán en el recorrido lector del niño. Prácticas como la lectura compartida, la narración oral, la disponibilidad de libros en casa o el reconocimiento de la lectura como una actividad valiosa contribuyen decisivamente a fomentar el interés y la competencia lectora.

Aun así, estas oportunidades no están igualmente distribuidas. Las condiciones estructurales que atraviesan a las familias marcan diferencias profundas en la calidad y frecuencia de las interacciones en torno a la lectura, lo que evidencia un reto doble: por un lado, reconocer el valor de la mediación familiar en el inicio de los itinerarios lectores; por otro, evitar reproducir visiones que normalicen las desigualdades entre hogares y responsabilicen exclusivamente a las familias de situaciones derivadas de un contexto socioeconómico desigual.

Junto al papel esencial de las familias, las bibliotecas aparecen en la literatura revisada como espacios fundamentales para garantizar el acceso libre, público y equitativo a la lectura. En contextos marcados por la desigualdad educativa o la precariedad material, estos espacios ofrecen una alternativa real para acercarse a recursos de calidad: libros en múltiples lenguas, materiales adaptados a distintas edades y niveles, y ambientes que favorecen tanto la lectura compartida como la individual. Además de su función como repositorios textuales, las bibliotecas pueden convertirse en lugares de encuentro intergeneracional, de fomento del plurilingüismo y de reconocimiento activo de la diversidad cultural, al tiempo que ejercen un rol como instituciones culturales con vocación transformadora.

Sin embargo, su capacidad real de impacto depende de condiciones estructurales que no siempre están garantizadas. Problemas como la escasez de recursos económicos, la inestabilidad del personal, la escasa integración con los centros educativos o la débil articulación con políticas públicas dificultan su desarrollo sostenido. Cuando no hay una conexión sólida con la escuela ni una estrategia institucional que promueva la lectura de forma sistemática, las bibliotecas corren el riesgo de quedar relegadas a un papel residual o meramente simbólico. La literatura subraya, por tanto, que su potencial como agentes activos de cultura lectora depende no solo de su infraestructura y programación, sino también de su inserción en redes vivas de colaboración con escuelas, familias y comunidades locales.

Por otro lado, los entornos digitales se presentan como escenarios emergentes que amplían las posibilidades de participación en la cultura escrita. Blogs, redes sociales, libros digitales interactivos, foros o aplicaciones móviles habilitan formas de lectura multimodal, hipertextual y a menudo colaborativa, especialmente atractivas para los jóvenes. En contextos donde el acceso a materiales impresos es limitado o donde existen lenguas minorizadas, estos entornos pueden incluso ofrecer canales alternativos de lectura y expresión cultural.

No obstante, la digitalización de las prácticas lectoras también introduce nuevas tensiones. Como advierte Carr, el consumo digital no siempre favorece una lectura profunda o crítica; puede fomentar hábitos fragmentarios, distraídos o moldeados por la lógica de los algoritmos comerciales. A esto se suma la desigualdad en el acceso a la tecnología y la alfabetización digital, que genera nuevas formas de exclusión cultural. Por ello, la integración de lo digital como agente lector requiere una mediación pedagógica intencionada y crítica, así como políticas que garanticen el desarrollo de competencias digitales en toda la ciudadanía, especialmente entre niños, niñas y jóvenes en edad escolar.


Variable 4 – Contrastes culturales e institucionales

Los hallazgos de la revisión evidencian que la promoción de la cultura lectora está profundamente atravesada por los marcos políticos, curriculares, lingüísticos y culturales que configuran cada sistema educativo. Esta influencia estructural se traduce en una gran diversidad de enfoques y estrategias, fuertemente arraigadas en las realidades de cada territorio. Lejos de cualquier pretensión de homogeneidad, la literatura analizada deja claro que las políticas lectoras no pueden entenderse fuera de sus contextos concretos.

Esta pluralidad permite identificar un amplio abanico de prácticas educativas e intervenciones institucionales, moldeadas por las historias locales, las dinámicas socioculturales y las concepciones diversas sobre qué significa leer y qué lugar ocupa la lectura en la vida colectiva. Así, la cultura lectora puede ser comprendida tanto como una herramienta de alfabetización básica como un espacio para el pensamiento crítico, la participación democrática y la construcción de vínculos comunitarios. Esta doble condición —técnica y política— muestra el carácter complejo y multivocal de la lectura, que solo puede desarrollarse plenamente si el sistema educativo reconoce la diversidad de trayectorias, lenguajes y formas de leer que coexisten en cada realidad social. Como destacan Morse, Ngwato y Huston, leer es una práctica situada, cargada de significado cultural y emocional, que articula identidades y genera sentido compartido.

Por ello, resulta imprescindible analizar las políticas lectoras desde una perspectiva territorial. La revisión realizada permite visibilizar tanto tendencias regionales como contrastes significativos entre países, mostrando cómo las distintas concepciones sobre la lectura se traducen en estrategias institucionales muy dispares. Los sistemas educativos, lejos de funcionar como entes neutros, actúan como configuradores de ecosistemas lectores concretos, definidos por sus prioridades pedagógicas, sus marcos normativos y la forma en que se vinculan con los agentes sociales implicados.

A escala continental, esta diversidad se hace especialmente visible. En América Latina, por ejemplo, se observa una fuerte orientación comunitaria y crítica en muchas de las iniciativas de fomento lector. Estas prácticas, muchas veces impulsadas desde bibliotecas populares, movimientos sociales o proyectos rurales, entienden la lectura como un derecho cultural y una herramienta de transformación social. En este escenario, la escuela se convierte en un actor clave para revertir desigualdades históricas y democratizar el acceso a la palabra escrita. No obstante, el mantenimiento de estas iniciativas suele depender de recursos inestables y de un apoyo institucional frágil, lo que compromete su continuidad.

En el continente africano, y particularmente en países como Sudáfrica o Nigeria, la lectura adquiere una dimensión de justicia lingüística. Las políticas educativas buscan integrar lenguas originarias como vehículos legítimos de aprendizaje y expresión, en un contexto marcado por el legado colonial y la fragmentación sociolingüística. Sin embargo, estos esfuerzos se ven limitados por la falta de materiales, la escasez de infraestructura y la débil formación docente. Frente a estas carencias, cobran relevancia las iniciativas comunitarias y el activismo lector, que buscan sostener el derecho a leer en condiciones de gran adversidad.

En Asia, varios países han apostado por modelos de lectura extensiva, especialmente en el ámbito de la enseñanza de lenguas extranjeras. Tailandia, Japón o Corea del Sur han desarrollado propuestas como el extensive reading con el objetivo de fomentar la autonomía lectora y la competencia comunicativa. No obstante, estos enfoques a menudo quedan desconectados del currículo oficial y carecen de una mediación crítica que promueva lecturas profundas, contextualizadas y significativas. Además, las desigualdades en el acceso a dispositivos digitales y la brecha tecnológica limitan el alcance transformador de estas prácticas.

El contexto europeo muestra también claras diferencias internas. Los países nórdicos, como Finlandia o Suecia, han consolidado políticas públicas robustas orientadas a garantizar el acceso universal a la lectura, integrando bibliotecas escolares, formación específica del profesorado y recursos sostenidos en el tiempo. En cambio, en el ámbito mediterráneo se percibe una tensión entre propuestas pedagógicas innovadoras y una tendencia dominante a reducir la lectura a un conjunto de competencias medibles, a menudo asociadas a pruebas estandarizadas.

En América del Norte, y particularmente en Estados Unidos y Canadá, conviven dos lógicas contrapuestas. Por un lado, las políticas educativas oficiales priorizan el rendimiento académico, la evaluación estandarizada y los programas intensivos de intervención lectora. Por otro, existen propuestas pedagógicas críticas —frecuentemente impulsadas por comunidades racializadas o grupos minoritarios— que defienden la lectura como una práctica de empoderamiento, construcción identitaria y resistencia cultural. Esta tensión revela que la cultura lectora no puede separarse de las disputas ideológicas y sociales que atraviesan a cada sistema educativo.



DISCUSIÓN

Los resultados de esta revisión subrayan con claridad el papel singular que desempeña la escuela en el fomento de la cultura lectora. Su presencia sistemática dentro del sistema educativo, junto con su función normativa e institucional, le otorgan una capacidad de intervención que difícilmente pueden igualar otros actores sociales. Mientras que familias, bibliotecas o espacios digitales actúan de manera desigual y muchas veces condicionados por factores socioeconómicos, la escuela ofrece un entorno estructurado y universal desde el que es posible garantizar el acceso a la lectura, sostener prácticas continuadas y generar marcos compartidos de sentido cultural.

Ahora bien, este potencial no se activa por defecto ni simplemente por integrar la lectura en el currículo. Tal como muestran los estudios analizados, el impacto de las prácticas escolares depende en gran medida del enfoque pedagógico que las sustenta. Aquellas escuelas que vinculan la lectura con la vida cotidiana, que trabajan con textos culturalmente relevantes y que promueven la reflexión crítica consiguen una mayor implicación del alumnado y favorecen procesos de identificación lectora y construcción de sentido.

El papel compensador de la escuela se hace aún más visible en contextos de fuerte desigualdad estructural, donde otros recursos —como bibliotecas públicas o acompañamiento familiar— son limitados o inexistentes. En estos escenarios, la escuela no solo permite el acceso a la cultura escrita, sino que puede legitimar distintas formas de leer y abrir las puertas al universo simbólico de los textos. Pero para que esto suceda, es necesario que el sistema educativo se comprometa con una visión inclusiva y plural, que reconozca la diversidad lingüística, cultural y afectiva del alumnado, y que entienda la lectura como un bien común, no como una habilidad funcional.

La revisión también revela que los vínculos entre escuela y otros agentes sociales —familias, bibliotecas, entornos digitales— son fundamentales para enriquecer las experiencias lectoras. Estos espacios aportan saberes, lenguajes y perspectivas que, si se articulan de forma coherente y colaborativa, pueden potenciar el trabajo educativo en el aula. No obstante, este trabajo en red no se produce espontáneamente: requiere que la escuela asuma un rol activo en la construcción de alianzas y en la creación de entornos lectores compartidos.

Los ejemplos internacionales muestran que las políticas más efectivas son aquellas que combinan una orientación clara con márgenes de adaptación local, inversión sostenida en recursos y una formación docente sólida en didáctica lectora crítica, intercultural y emocional. La lectura escolar, en este marco, puede convertirse en una palanca de justicia educativa y transformación social si se fundamenta en una concepción amplia y situada de lo que significa leer.

Este horizonte pedagógico exige, sin embargo, una profunda revisión de las prácticas formativas. Muchos docentes no cuentan con herramientas para asumir el rol de mediadores culturales o referentes lectores, no tanto por desinterés como por lagunas en su formación inicial. La responsabilidad no recae únicamente en las escuelas, sino también en las instituciones de educación superior, que durante años han relegado la dimensión lectora a un lugar secundario en la formación del profesorado. Esta omisión limita seriamente la capacidad de las escuelas para promover una cultura lectora crítica, transformadora y comprometida con el entorno.

Repensar la lectura desde esta perspectiva implica también revisar las políticas escolares. Superar enfoques tecnocráticos y estándares de rendimiento como único criterio de éxito educativo es indispensable. Tal como señalan Olasehinde et al., avanzar hacia una pedagogía de la lectura centrada en el pensamiento crítico, la diversidad cultural y el diálogo de saberes requiere espacios de experimentación, escucha y expresión múltiple. Solo así la escuela puede consolidarse como espacio democrático y emancipador, capaz de articular una cultura lectora inclusiva, significativa y compartida.



CONCLUSIONES

Los resultados de esta revisión sistemática cualitativa muestran que la cultura lectora no puede reducirse a una habilidad técnica ni a una serie de procedimientos escolares orientados exclusivamente a la decodificación. Por el contrario, se revela como un fenómeno complejo, profundamente arraigado en dimensiones educativas, culturales y sociales, que se configura en la interacción constante entre sujetos, instituciones y los imaginarios que estructuran sus entornos.

El análisis del corpus apunta hacia un consenso creciente en la literatura especializada: es necesario repensar la cultura lectora como una dimensión central del desarrollo humano, estrechamente vinculada a la construcción de identidades, a la participación ciudadana y a la lucha por la justicia social. Autores como Simşek, Staples o Morse, Ngwato y Huston coinciden en señalar que leer va más allá del dominio de un código: es habitar mundos simbólicos, elaborar sentido y formar parte de comunidades de interpretación.

Desde esta perspectiva, la cultura lectora ha de entenderse como una construcción social compartida, modelada por condiciones históricas, institucionales y pedagógicas propias de cada territorio. Asumir esta mirada implica también interrogar las concepciones tradicionales de lectura que han predominado en el discurso escolar. En un contexto saturado de imágenes, pantallas y lenguajes digitales, se hace urgente ampliar lo que entendemos por leer, reconociendo formas de acceso al sentido que no se limitan al texto lineal escrito. Documentales, videojuegos, series, redes sociales o arte visual interactivo están transformando las maneras en que las personas —especialmente las más jóvenes— se vinculan con la cultura escrita y simbólica.

Esta transformación no representa una amenaza, sino una oportunidad para construir una cultura lectora más plural, multimodal y situada. Reconocer que una imagen o una escena pueden ser objeto de una lectura crítica con la misma profundidad que un texto impreso permite democratizar el acceso al conocimiento y conectar con los universos culturales reales del alumnado. Replantear las prácticas escolares, las políticas públicas y los enfoques pedagógicos implica, por tanto, no solo garantizar el derecho a la lectura, sino también actualizar sus formatos, lenguajes y mediaciones. Es en esta apertura conceptual donde se articula una propuesta educativa capaz de reforzar el sentido, la relevancia y la función crítica de leer en las sociedades contemporáneas.

En este marco ampliado, la escuela emerge como un actor insustituible en la promoción de una cultura lectora crítica, inclusiva y socialmente transformadora. Su carácter obligatorio, su alcance universal y su legitimidad institucional la convierten en un espacio privilegiado para garantizar el acceso equitativo a los textos y para generar condiciones de participación simbólica compartida. Más allá de enseñar a leer, la escuela establece marcos de sentido, legitima determinadas prácticas lectoras y define, en última instancia, qué significa leer bien, con sentido, o con profundidad.

Esta dimensión normativa puede convertirse en una herramienta potente para el acceso a saberes múltiples, siempre que se base en una pedagogía plural, crítica y culturalmente situada. De este modo, la escuela se posiciona como un espacio clave para revertir desigualdades, visibilizar voces lectoras marginalizadas y abrir posibilidades de apropiación simbólica del mundo. Fomentar una cultura lectora desde la escuela, en este sentido, es también promover la inclusión, entendida como el acceso justo y real a los códigos culturales que estructuran la vida democrática.

La revisión también destaca el papel imprescindible —aunque complementario— de otros actores sociales como las familias, las bibliotecas o los entornos digitales. Aunque estos espacios no cuentan con el mismo nivel de institucionalización que la escuela, su contribución a las trayectorias lectoras es fundamental, ya que aportan dimensiones afectivas, comunitarias y tecnológicas que muchas veces están menos presentes en el ámbito escolar. Ante esta realidad, se hace urgente que los gobiernos impulsen políticas que favorezcan la articulación entre escuela y agentes educativos del entorno, con el fin de construir ecosistemas lectores más integrados, inclusivos y sostenibles.

Las familias, por ejemplo, representan el primer contacto con la lectura. Son espacios donde se gestan hábitos, actitudes y vínculos emocionales hacia los textos. La presencia de libros en casa, las lecturas compartidas y el reconocimiento afectivo de la lectura como práctica significativa son factores que inciden directamente en el desarrollo de una identidad lectora sólida. No obstante, este potencial está profundamente condicionado por el capital económico, cultural y lingüístico de los hogares, lo cual puede reproducir desigualdades estructurales si no existe una política educativa capaz de compensar y redistribuir oportunidades.

Las bibliotecas —sean escolares, públicas o comunitarias— también tienen un papel decisivo. Más allá de custodiar libros, son espacios de encuentro cultural, promoción de la diversidad lingüística y acceso libre a recursos textuales variados. En la medida en que se vinculan con proyectos educativos y comunitarios, pueden convertirse en nodos de transformación simbólica y de participación activa. Su eficacia, sin embargo, depende de la inversión pública, la presencia territorial y la conexión con las escuelas.

En cuanto a los entornos digitales, representan un escenario cada vez más influyente en la construcción de nuevas prácticas lectoras. Blogs, plataformas interactivas, videojuegos narrativos o redes sociales favorecen lecturas colaborativas, fragmentadas y visuales, que pueden estimular competencias críticas y creativas si están acompañadas de una mediación pedagógica adecuada. Al mismo tiempo, estos espacios también introducen riesgos: la fragmentación de la atención, la desigualdad de acceso y la falta de alfabetización mediática pueden ampliar las brechas culturales ya existentes.

En este ecosistema diverso, la escuela sigue siendo el único espacio con capacidad real para articular esfuerzos, generar sentido compartido y garantizar una base común de acceso a la lectura. Pero esta función no puede ni debe ejercerse de forma aislada. La colaboración activa con familias, bibliotecas y comunidades es clave para generar proyectos lectores robustos y arraigados. Siempre que se actúe desde una perspectiva crítica, relacional y situada, la escuela puede ejercer su papel como agente de transformación y de equidad simbólica.

En síntesis, construir una cultura lectora crítica, equitativa y comunitaria requiere un compromiso colectivo sostenido. Las instituciones educativas, los responsables de políticas públicas, los profesionales de la enseñanza y la sociedad en su conjunto deben asumir que leer —como derecho, como placer y como forma de resistencia— debe ser una posibilidad real para todas las personas, sin que el origen social, la lengua materna o el contexto económico actúen como barreras.

Ahora bien, conviene señalar una limitación importante: esta revisión se ha centrado exclusivamente en publicaciones accesibles en línea. Esto podría haber dejado fuera contribuciones relevantes —especialmente libros, documentos no digitalizados o investigaciones en curso—, restringiendo parcialmente el alcance del análisis. Esta cuestión invita a seguir ampliando el trabajo, incorporando nuevas fuentes y metodologías que enriquezcan la comprensión de un fenómeno tan decisivo como es la cultura lectora.




enero 02, 2026

¿Qué tipo de discurso se articula en el etiquetado del vino? Textos emocionales, textos descriptivos y algunas claves para optimizar la comunicación desde una perspectiva lingüística aplicada


Fátima Rodríguez García
«El poder del texto enológico: impacto de las narrativas del etiquetado en el lenguaje y las elecciones del consumidor»

Revista Mediterránea de Comunicación, vol. 17, núm. 1 (2026).

Revista Mediterránea de Comunicación (RMC) / Mediterranean Journal of Communication (MJC) | Universidad de Alicante | Alicante | ESPAÑA

Se incluye a continuación el artículo según su edición en PDF. Ver referencias en la publicación original.

Licencia Creative Commons.


Imágenes en el blog de la bodega El Coto de Rioja (Grupo Barón de Ley): «Cómo leer las etiquetas del vino correctamente».


RESUMEN

Propósito. Analizar cómo los textos emocionales y descriptivos en el etiquetado de vinos con DOP andaluza influyen en el lenguaje expresado y en las decisiones de quienes consumen tras la cata. Metodología. Se diseñó una investigación multimodal con entrevistas estructuradas y catas en tres fases (ciega, informada y comparativa), realizadas entre enero y julio de 2024, con una muestra de 40 participantes seleccionados por conveniencia. Se analizó cuali-cuantitativamente el discurso generado tras la cata y se aplicaron pruebas de chicuadrado para valorar la influencia de la narrativa en las elecciones. Resultados y conclusiones. Los textos modifican significativamente el lenguaje expresado tras la cata. Los descriptivos fomentan un discurso técnico, mientras que los emocionales activan repertorios subjetivos y valorativos, con más adjetivos de personalidad. Estos últimos también tienden a estabilizar las elecciones. Las diferencias entre fases son estadísticamente significativas. Aportación original. Se confirma el rol estratégico del etiquetado como agente persuasivo capaz de modelar tanto la percepción como la expresión de la experiencia enológica. El estudio aporta claves para optimizar la comunicación del sector vitivinícola desde una perspectiva lingüística aplicada.

Palabras clave: comportamiento del consumidor, discurso persuasivo, etiquetado de vino, evaluación sensorial, lenguaje del consumidor, percepción sensorial, selección de producto.



INTRODUCCIÓN

En un contexto global marcado por la madurez del mercado vinícola, el descenso del consumo en volumen y el aumento de los costes de producción, el sector español, y particularmente el andaluz, se enfrenta al reto de mantener su valor percibido sin basarse exclusivamente en estrategias de volumen. Diversos informes sectoriales elaborados entre 2016 y 2022 por el Strategic Research Center de EAE Business School describen estas transformaciones estructurales, junto con la incertidumbre económica y los cambios en los patrones de consumo.

España ocupa una posición mundial destacada como principal país exportador de vino por volumen, pero registra un precio medio por litro más bajo que sus principales competidores, Francia e Italia. Esta brecha ha puesto en evidencia la necesidad de avanzar hacia modelos donde la diferenciación simbólica y la creación de valor añadido resultan claves para garantizar la sostenibilidad del sector a largo plazo.

Este proceso de revalorización, conocido como «premiumización», se basa en estrategias orientadas a aumentar el valor percibido del producto, a través de la diferenciación, el relato de marca y el refuerzo de vínculos culturales y emocionales con el consumidor. En el caso del vino con denominación de origen protegida (en adelante, DOP), la «premiumización» no implica necesariamente una mejora objetiva del producto, cuya calidad ya está contrastada, sino un conjunto de estrategias simbólicas, como el embotellado, los elementos visuales o la narrativa del etiquetado, que no solo permiten justificar precios superiores y reforzar el posicionamiento competitivo, sino también facilitan al consumidor la comprensión de un producto complejo y de fuerte arraigo cultural.

Con ocho DOP y un enfoque hacia los vinos de calidad, Andalucía ha mantenido una producción estable impulsada por la creciente preferencia por vinos de mayor valor percibido. La región busca consolidar su relevancia mediante estrategias centradas en la incorporación de nuevos segmentos de consumidores y la diferenciación de sus productos. Esta adaptación, aunque efectiva, plantea retos importantes, especialmente en el ámbito de las exportaciones.

Tal y como se ha indicado, el vino se asocia no solo a la calidad técnica, sino también a factores simbólicos, como producto profundamente arraigado a la cultura. Conscientes de ello, muchas bodegas han empezado a centrar sus esfuerzos en la creación de valor añadido, lo que implica no solo ofrecer un producto técnicamente sólido, sino también construir un relato diferenciador. En este proceso el etiquetado emerge como elemento comunicativo de alto impacto.

La función de las etiquetas va más allá de la mera transmisión de información relevante sobre el producto y su regulación. Estas constituyen, además, una herramienta simbólica capaz de proyectar el carácter del vino, conectar emocionalmente y reforzar su posicionamiento. Autores como Ramírez-Almansa consideran el etiquetado del vino una oportunidad para mejorar la imagen en el exterior y reducir la brecha del precio por litro en los mercados internacionales.

Tal como señalan Anagnostou et al., el diseño eficaz de las etiquetas va más allá de atraer a las personas consumidoras: comunica un relato que añade valor y refuerza la relación entre las bodegas y sus públicos. Esto convierte a las narrativas en mecanismos estratégicos que, desde una superficie de lectura mínima, buscan ser significante de un significado mucho más amplio.

Una parte significativa de la literatura científica ha centrado su atención en los componentes visuales del etiquetado. Sin embargo, la revisión sistemática de Anagnostou et al. confirma un cambio de foco hacia el componente verbal, que comienza a ser entendido como un elemento fundamental en las estrategias de comunicación, por su capacidad para conectar con valores y expectativas del consumidor.

Investigaciones como la de Pickering et al. han profundizado en este hecho, mostrando que el etiquetado puede condicionar la percepción del consumidor más allá de su función informativa o referencial. Sin embargo, su dimensión discursiva y su capacidad para moldear el lenguaje expresado tras la experiencia sensorial de cata siguen siendo ámbitos poco explorados.

Danner et al. desarrollan una investigación de carácter hedonista centrada en las emociones que provocan los textos asociados al vino y en la relación de estos con la predisposición a pagar un precio más elevado. Este estudio supone un gran avance el campo de conocimiento de las narrativas y su conexión con la experiencia de consumo. Para los autores, el nivel de información proporcionada debe ser profundo, en tanto que el etiquetado es una fuente importante en la toma de decisión durante el proceso de compra.

Wang et al. indican que las descripciones con un lenguaje metafórico y emocional favorecen un mayor recuerdo que aquellas de carácter meramente informativo. Su investigación pone en valor el componente simbólico en el etiquetado, al intensificar la experiencia cognitiva y emocional del consumidor, concluyendo que el texto tiene un efecto en la memoria.

Pero ¿qué tipo de discurso se articula en el etiquetado del vino? Tal y como indica Campos-López al analizar las notas de cata presentes en las etiquetas, estas pueden ser consideradas un subgénero publicitario, caracterizado por su riqueza lingüística, en el que el lenguaje connotativo predomina sobre el informativo y se despliegan figuras retóricas y estructuras poéticas para intensificar la experiencia sensorial del consumidor. Esta condensación discursiva convierte la etiqueta en un dispositivo persuasivo, donde conviven lo descriptivo y lo evocador. Siguiendo con esta misma idea, otros autores consideran que las etiquetas constituyen un género textual híbrido, «con funciones identificativas, informativas y persuasivas», que combina lenguaje técnico y estrategias de proximidad cultural.

La retórica clásica, entendida como el arte de la persuasión por excelencia, sigue siendo una referencia teórica válida en la creación de discursos persuasivos. La construcción de argumentos planteada por Aristóteles se apoya en tres herramientas que, aplicadas al etiquetado del vino, serían: el ethos, centrado en el enunciador (en este caso, el producto o la bodega); el logos, vinculado a la información técnica del vino que potencia la decisión desde la lógica (variedad, crianza, maridaje); y el pathos, centrado en la audiencia, que apela a la sensibilidad y la conexión emocional.

Las investigaciones sobre el eslogan publicitario de Garrido-Lora et al. vinculan la fuerza persuasiva del texto no solo al contenido, sino también a su densidad informativa, entendida como la proporción de palabras plenas de significado (sustantivos, adjetivos y verbos) con respecto al total de palabras empleadas. Esto podría ser aplicable a discursos como el del etiquetado del vino, caracterizado por la brevedad y la orientación a la persuasión.

La publicidad tiende a privilegiar el sustantivo como categoría gramatical central, pero su combinación estratégica con otras categorías, como los adjetivos, permite modular la carga emocional del discurso y transitar entre lo informativo y lo evocador. Tal y como señala Robles-Ávila, el discurso publicitario, al condensar valoraciones en espacios reducidos, usa el adjetivo como una de las herramientas lingüísticas de ponderación más explotadas, dada su plasticidad semántica, que permite construir tanto descripciones técnicas como valoraciones subjetivas.

Dadas todas estas consideraciones, resulta pertinente explorar cómo el texto del etiquetado de vino puede potenciar el vínculo con quienes lo consumen, gracias al empleo de la retórica en la construcción argumental y a la utilización modular del adjetivo. La posible gradación entre adjetivos centrados en atributos organolépticos y otros que apelan a la personalidad del vino abre una línea interpretativa que será desarrollada empíricamente en este estudio.

Se plantea también una reflexión sobre la naturaleza del discurso publicitario frente al discurso ontológico. Mientras este último, busca la representación estable de la realidad y utilizará para ello sustantivos y verbos, el discurso persuasivo introduce una dimensión valorativa más propia de los adjetivos.

Esta investigación se cuestiona si el etiquetado puede actuar como un marco discursivo con incidencia constatable tanto en la expresión verbal del consumidor, como en las elecciones de este. Busca responder, por lo tanto, a la necesidad de explorar empíricamente una posible influencia de las narrativas del etiquetado durante la cata, un aspecto que por el momento ha sido poco abordado por la literatura especializada.

Analizar los términos utilizados por los y las participantes tras la lectura de distintos tipos de texto durante la cata permitirá observar cómo varía la codificación discursiva de una misma experiencia sensorial, desde una lógica funcional y semántica. Explorar los efectos diferenciados de textos con un enfoque más técnico o referencial frente a textos emocionales ofrecerá una vía para comprender cómo se modula la percepción desde el lenguaje.

Así, desde esta delimitación conceptual, se plantean las siguientes hipótesis para la investigación:

H1. Los textos en el etiquetado de vinos con DOP andaluza modifican el tipo de lenguaje utilizado por quienes consumen el vino al describirlo tras la cata, en comparación con una situación de cata ciega.

H2. Las narrativas emocionales activan un repertorio lingüístico más subjetivo y valorativo, mientras que los textos descriptivos estructuran el discurso hacia una mayor precisión técnica.

H3. La exposición a textos emocionales o descriptivos influye significativamente en el tipo de elección realizada por las personas consumidoras tras la cata informada.


El marco de conocimiento de referencia y las hipótesis planteadas han permitido formular los objetivos que guían esta investigación:

O1. Explorar el papel del texto como marco discursivo capaz de organizar la expresión verbal del consumidor en planos informativos, evocadores y experienciales.

O2. Examinar la influencia del tipo de narrativa (emocional o descriptiva) utilizada en el etiquetado de vinos con DOP andaluza sobre el lenguaje empleado por los consumidores tras la cata.

O3. Determinar diferencias en el repertorio lingüístico activado por textos emocionales frente a textos descriptivos en el discurso de los consumidores.

O4. Evaluar el impacto del tipo de texto en las elecciones tras la cata informada.

Este enfoque no solo ofrece una contribución al campo de los estudios en comunicación persuasiva y análisis del discurso aplicado, sino que plantea una vía directa de transferencia del conocimiento al sector productivo. Comprender cómo las narrativas del etiquetado inciden en el lenguaje y las elecciones del consumidor puede ayudar a las bodegas a optimizar sus estrategias comunicativas, conectar con públicos más diversos y contribuir a la «premiumización» del producto y, con ello, a la sostenibilidad de la industria vinícola andaluza en un mercado cada vez más saturado y fragmentado.



METODOLOGÍA

Tal y como afirman Lockshin y Corsi, el vino es un producto complejo conformado por una amplísima variedad de atributos de distinta naturaleza. Esto supone un reto no solamente para quienes toman las decisiones de compra, sino también para los investigadores, que se enfrentan a una serie de desafíos académicos y prácticos en su labor.

El objeto de estudio de esta investigación se centra en la influencia del tipo de narrativa (emocional o descriptiva) utilizada en los textos del etiquetado de vinos con DOP andaluza sobre el lenguaje empleado por quienes lo consumen y las elecciones tras la experiencia de cata. La delimitación de este objeto de estudio implicó considerar la tríada formada, por un lado, por los textos de etiquetas y las distintas DOP y, por otro, por el comportamiento del público consumidor. El análisis puso el foco en la relación entre lenguaje, percepción sensorial y decisión de consumo.

Desde esta perspectiva, se diseñó un abordaje metodológico de carácter mixto y naturaleza multimodal, integrando variables textuales, sensoriales y discursivas. La elección de este enfoque se alineó con investigaciones recientes en el ámbito vitivinícola que destacan su eficacia para captar las percepciones y preferencias de los consumidores en contextos específicos.

En una revisión sistemática realizada por Lockshin y Corsi se determina la importancia de incorporar en la investigación sobre vino técnicas de tipo cualitativo como complemento de los abordajes cuantitativos. Tal y como afirman estos autores, existe un déficit de investigaciones que desarrollen técnicas cualitativas, por lo que se sabe qué fenómenos ocurren, pero se desconocen los motivos que los provocan.

La presente investigación, de ámbito regional, tiene un alcance exploratorio-explicativo. El trabajo de campo se llevó a cabo entre enero y julio de 2024, en sesiones individuales estructuradas y transcritas in situ mediante un formulario electrónico, que sirvió también para proporcionar el consentimiento informado. Dicho formulario no se utilizó en remoto, sino como herramienta de registro digital en sesiones presenciales e individuales realizadas en la provincia de Sevilla, garantizando una recogida directa y homogénea de las respuestas.

Se estableció un protocolo en tres fases: (1) cata ciega no condicionada, (2) cata informada con texto emocional o descriptivo y (3) cata comparativa, junto con una fase inicial de consentimiento y recopilación de datos sobre las personas participantes, con el siguiente procedimiento:

Fase 0: consentimiento informado y caracterización de la muestra según variables sociodemográficas, de consumo y actitudinales hacia la categoría de producto.

Fase 1: cata ciega no condicionada. Esta fase cumplió una función de control por presentar los vinos sin ningún tipo de condicionamiento textual. A cada participante le fueron presentados cuatro vinos, ya servidos, de una misma variedad con DOP andaluza sin ninguna información de apoyo. Cada persona, individualmente, debía probar los cuatro vinos y escoger uno de ellos. Tras ello, se formulaban una serie de preguntas abiertas en las que se pedía la justificación sobre su elección, así como una pregunta en la que se le solicitaba asociar el vino escogido con tres términos o expresiones.

Fase 2: cata informada. Los mismos cuatro vinos se presentaban de nuevo ordenados de diferente manera y sin informar de que no se había producido ningún cambio en la selección. En esta ocasión, cada vino incorporaba una tarjeta blanca con un texto negro de similar extensión con la información que se proporcionaría en la etiqueta del producto. Dos de los vinos incorporaban textos descriptivos o referenciales y los otros dos desarrollaban narrativas evocativas o aspiracionales. Para el resto de esta fase se procedía de la misma forma que en la cata ciega, con la única diferencia de que el texto de cada vino tenía que ser leído previamente a la degustación del producto.

Fase 3: cata comparativa. Se entendió como una fase de confrontación. En esta ocasión se presentaban dos copas ya servidas de un mismo vino, no catado con anterioridad y sin comunicar que se trataba del mismo producto. Cada una era acompañada, tal y como ocurría en la fase 2, de una narrativa de naturaleza diferente, descriptiva o emocional. El resto del procedimiento era igual que el de fase anteriores.


El mencionado procedimiento fue sometido a validación por juicio de expertos, con la participación de dos doctoras especializadas en análisis del discurso y comunicación persuasiva, con el objetivo de asegurar la pertinencia y coherencia del diseño en cada fase, así como minimizar la fatiga de quienes participaron durante todo el proceso, sin comprometer la riqueza de las respuestas.

Los textos utilizados fueron diseñados a partir de modelos discursivos diferenciados, redactados de forma controlada para garantizar la equivalencia formal entre condiciones. Se utilizó la retórica y el tipo de adjetivación como mecanismos de modulación del carácter emocional del texto: textos descriptivos basados en el ethos (enunciador) y con una predominancia de adjetivos calificativos centrados conceptualmente en el propio vino y su proceso de producción; y textos emocionales basados en el pathos (conexión con la audiencia) con abundancia de adjetivos de personalidad y figuras de estilo, que centraban el mensaje en referentes culturales, experiencias compartidas y la personalidad comunicativa atribuida a cada producto.

Con respecto a las denominaciones, fueron tenidas en cuenta las ocho denominaciones reconocidas en Andalucía en el momento de realización de la investigación: Jerez-Xérès-Sherry, Manzanilla de Sanlúcar de Barrameda, Montilla-Moriles, Condado de Huelva, Málaga, Sierras de Málaga, Granada, y Vino Naranja del Condado de Huelva. Para garantizar una aproximación equilibrada a la viticultura andaluza, las ocho DOP fueron agrupadas por tipología, dada la riqueza y variedad de los vinos que producen: cata de finos y manzanillas, cata de vinos tintos, cata de vinos blancos y catas de vinos dulces naturales y naturalmente dulces. El mismo procedimiento fue aplicado a las cuatro catas para poder establecer comparaciones válidas, permitir las elecciones y representar a la industria en su totalidad.

En lo relativo a la muestra, estuvo compuesta por 40 personas mayores de edad, seleccionadas mediante muestreo no probabilístico por conveniencia. Se optó por este tipo de muestreo por considerarlo adecuado para estudios de carácter cualitativo y experimental, al permitir seleccionar perfiles diversos y obtener respuestas ricas y contextualizadas dentro de las condiciones del diseño.

En la práctica, se contactó con personas adultas que, además de cumplir los requisitos establecidos (edad legal para el consumo, diversidad de género y distintos niveles de familiaridad con el vino), manifestaron interés en participar en una experiencia sensorial organizada en un contexto controlado. La captación se llevó a cabo mediante redes personales ampliadas con contactos directos, de segundo y tercer grado, una estrategia habitual en estudios cualitativos con criterios de conveniencia, que permite acceder a perfiles variados y garantizar la disposición colaborativa de las personas participantes. Este enfoque, aunque no aleatorio, favoreció la obtención de discursos auténticos y contextualizados, alineados con los objetivos interpretativos del estudio.

El muestreo no probabilístico es adecuado cuando «la representatividad completa no es el objetivo primordial o donde es difícil acceder a la población total», siendo especialmente útil en estudios cualitativos, exploratorios o en contextos con limitaciones logísticas o de acceso. En este caso, la elección de participantes se realizó en función de su disponibilidad y pertinencia para los objetivos del estudio, priorizando la riqueza informativa sobre la aleatoriedad muestral, tal y como recomiendan autores como Hernández y Creswell para investigaciones de esta naturaleza.

Se garantizó la diversidad de la muestra con respecto a la edad, el género y nivel de familiaridad con el vino. Todas las personas implicadas compartían la particularidad de ser responsables de las decisiones de compra de vino para su hogar. La muestra se distribuyó equitativamente en los cuatro tipos de cata diseñados, a fin de garantizar la representatividad equilibrada en todas las catas disponibles. La participación fue voluntaria y los datos fueron tratados conforme a criterios éticos y de confidencialidad, contando con el consentimiento explícito de todas las personas entrevistadas a través de un apartado del formulario electrónico, tal y como se ha mencionado. Además de este cuestionario, se utilizó Google Colab para la realización de cálculos estadísticos, como herramienta de medición y análisis.

No obstante, deben señalarse algunas limitaciones derivadas de esta estrategia metodológica. La ausencia de aleatoriedad impide una generalización estadística de los resultados, y la muestra, aunque diversa, no puede considerarse representativa de la población general. Asimismo, el carácter cualitativo del análisis introduce un componente interpretativo inevitable. Pese a esto, el diseño aquí planteado, desde una perspectiva mixta, permitió identificar patrones estadísticos que contribuyeron a mitigar parcialmente las limitaciones propias del muestreo no probabilístico, al servir como contraste empírico del análisis cualitativo.

Para el análisis del corpus, se llevó a cabo una codificación manual del lenguaje empleado por los participantes, centrada en la identificación de adjetivos calificativos, adjetivos de personalidad, sustantivos y otros recursos evaluativos. La frecuencia y distribución de estas categorías se analizó en relación con la condición textual (emocional o descriptiva). Además, se complementó con un enfoque cualitativo que respondía a una lógica interpretativa que priorizó la riqueza semántica de los discursos generados por los participantes.

Asimismo, se aplicaron pruebas de χ² (chi-cuadrado de Pearson) como parte de un análisis estadístico no paramétrico, con el objetivo de contrastar si existía una relación significativa entre el tipo de texto (emocional o descriptivo) y las elecciones de vino realizadas por las personas participantes. De este modo, se buscaba comprobar si la distribución de elecciones observada difería significativamente de la que cabría esperar bajo la hipótesis nula de independencia entre las variables. Se empleó para ello la fórmula:




Donde Oi corresponde a las frecuencias observadas en cada celda de la tabla de contingencia y Ei a las frecuencias esperadas en un escenario de independencia. Se construyeron tablas cruzadas agrupando las elecciones según el tipo de texto que acompañaba a cada vino, y se calcularon los valores esperados bajo la hipótesis nula. La prueba se realizó con un nivel de significación de p <0.05.

El análisis estadístico buscaba determinar si el tipo de discurso condicionaba significativamente las elecciones realizadas, complementando así el enfoque cualitativo con evidencia estadística sobre el efecto de las narrativas textuales en la toma de decisiones simbólicas de consumo. Esta combinación metodológica permitió ampliar las dimensiones del proyecto de investigación, buscando una comprensión más profunda y rápida. Así, «los modelos mixtos logran que exploremos y explotemos mejor los datos».



RESULTADOS

Tal y como se ha indicado en el apartado metodológico, el procedimiento se implementó en una muestra compuesta por 40 personas adultas con perfiles diversos en cuanto a edad, género y hábitos de consumo. El grupo etario más representado fue el de 45 a 54 años (57.5 %), seguido del de 35 a 44 años (20 %). Con respecto a la representatividad según género, la muestra estuvo compuesta por un 52.5 % de mujeres y un 47.8 % de hombres. Se diferenció entre consumo de vino y compra de vino. El consumo de vino declarado fue equilibrado entre los participantes: el 37.5 % consumía vino semanalmente, otro 37,5 % consumía ocasionalmente y el 12,5 %, diariamente. Con respecto a la intensidad de compra, se consideraron distintos niveles de compra anual de vino, lo que permitió incorporar perfiles con diferentes grados de vinculación con la categoría y asegurar que las personas participantes fueran también decisoras reales en contextos habituales de consumo.

En relación con las preferencias declaradas, un 67.5 % mencionó el vino tinto, mientras que la mitad mencionaron el vino blanco (50 %). El porcentaje de participantes que mencionaron los vinos dulces fue de 17.5 %. Un 30 % de los participantes mencionó los vinos con DOP, lo que sugiere una cierta orientación hacia el consumo de productos de calidad.

Esta caracterización permitió contextualizar los resultados presentados a continuación, organizados según dimensiones clave del análisis, prestando especial atención a la evolución del lenguaje utilizado por las personas participantes, las diferencias derivadas del tipo de narrativa utilizado y el impacto de los textos en las elecciones.

Con respecto a la opinión comunicada por las personas participantes, estas justificaron sus elecciones en las tres circunstancias de cata presentadas (ciega, informada con texto descriptivo e informada con texto emocional), observándose una evolución clara en la forma de describir y valorar los vinos. En la cata ciega, las valoraciones se centraron mayoritariamente en aspectos sensoriales inmediatos como el sabor, el cuerpo, la intensidad o el retrogusto. La ausencia de información adicional favoreció un juicio basado en la experiencia sensorial primaria, con un léxico más limitado y descriptivo que reveló preferencias generales por vinos suaves, equilibrados o con mayor permanencia en boca.

La incorporación de un texto descriptivo previo a la cata introdujo un giro en el discurso, con opiniones que se volvieron más estructuradas, precisas y detalladas, integrando terminología técnica relacionada con notas aromáticas, acidez, dulzor o persistencia. Se identificó una mayor capacidad para identificar atributos concretos del vino, y el discurso se enriqueció con referencias a variedades, procesos de elaboración o potenciales maridajes. La manipulación de la variable independiente «tipo de narrativa» permitió que el texto actuase como facilitador de la experiencia de cata y la verbalización informada de las características del producto.

El texto emocional, por su parte, generó un cambio cualitativo en la manera de comunicar la experiencia. Las descripciones se volvieron más subjetivas, evocadoras y conectadas con emociones, recuerdos o situaciones de consumo. Se intensificó la dimensión hedónica del discurso, en el que cobraron relevancia expresiones como «me recuerda a», «me resulta agradable», «lo bebería en cualquier circunstancia» o «me influye el texto». El lenguaje técnico cedió espacio a una narrativa más experiencial, más centrada en el carácter del vino, su capacidad de evocación y su adecuación a contextos personales. En este sentido, el discurso emocional no solo transforma la manera en que se percibe el vino, sino también la forma en que se representa y se proyecta su consumo.

El análisis de las respuestas abiertas mostró, por lo tanto, una evolución en el discurso, determinada por el tipo de texto leído. La Tabla 1 incorpora algunos ejemplos de dichas respuestas por circunstancia de cata:




Además, se solicitó a las personas participantes que describiesen los vinos escogidos asociándolos a tres palabras o expresiones de su elección («Utilice tres palabras o expresiones para describir este vino»). El análisis de sus respuestas permitió abordar cómo los y las participantes describían los vinos desde la perspectiva de la gramática funcional, para lo cual se analizó el porcentaje de utilización de cada categoría gramatical empleada.

Las palabras y expresiones registradas fueron categorizadas según el uso contextual asignado por quienes las utilizaron. Así, por ejemplo, términos como «agradable» o «intenso» se clasificaron como adjetivo calificativo o de personalidad según la intención del hablante al utilizarlos. Los sintagmas y las expresiones sustituibles por un adjetivo se contabilizaron como tal. En caso de ambigüedad, se optó por la interpretación más plausible dentro del marco del análisis del discurso persuasivo.

Se diferenció el lenguaje utilizado según contexto de cata, como puede verse en los resultados que se indican en la Tabla 2:




La fase de cata ciega o no condicionada destacó por la utilización predominante de adjetivos calificativos (47.50 %) y un uso equitativo de adjetivos de personalidad (25.83 %) y sustantivos (25.83 %). A nivel semántico, los significados se centraron en las percepciones organolépticas y las reacciones emocionales que estas provocaban, así como en situaciones de consumo.

Los adjetivos calificativos se utilizaron como método de descripción directa de los atributos perceptibles del vino; los de personalidad permitieron, por su parte, la representación de rasgos más abstractos y subjetivos; por último, los sustantivos desempeñaron un papel integrador, al condensar no solo las sensaciones, sino también las emociones y los contextos asociados a la experiencia de consumo.

Con la introducción de textos descriptivos, se incrementó sustancialmente la presencia de sustantivos en las asociaciones realizadas (38.24 %). También los adjetivos calificativos se utilizaron de forma más intensiva, pero con un incremento mucho más ligero (48.04 %) con respecto a la cata ciega (47.50 %). Se produjo, asimismo, una disminución de los adjetivos de personalidad, cuyo uso se situó en el 12.75 % de las palabras empleadas.

Los textos ofrecidos proporcionaban una información de tipo referencial, muy centrados en el producto, el sistema de producción y el origen. El lenguaje utilizado tras la lectura fue más técnico, resaltando de forma mayoritaria aspectos concretos del producto.

Todas las categorías gramaticales se usaron principalmente para caracterizar al producto, con menos presencia de experiencias de consumo o valoraciones emocionales. Los sustantivos, que habían sido utilizados en cata ciega con una perspectiva centrada en las características organolépticas, pero con cierto equilibrio hacia la emoción, se volvieron más técnicos y precisos, reflejando un enfoque más analítico, con un viraje conceptual hacia el sabor y el sistema de producción.

Los textos emocionales ofrecidos en las distintas fases del procedimiento estaban enfocados la conexión emocional con la audiencia (pathos) y resaltaban experiencias compartidas y sensaciones placenteras, con un uso más intensivo de la retórica y de la adjetivación de carácter emocional.

En el repertorio léxico utilizado tras su lectura se constató un incremento de los adjetivos de personalidad (25.36 %) con respecto a las descripciones realizadas tras la lectura de textos descriptivo (12.75 %), evidenciando una mayor conexión emocional con el producto. Aunque la proporción de sustantivos disminuyó, pasando de un 38.24 % a un 23.91%, su presencia seguía siendo importante y muy cercana a los adjetivos de personalidad.

La utilización de un lenguaje más emocional se apreció no solamente en las proporciones de las categorías gramaticales utilizadas, sino también en el repertorio léxico y los conceptos asociados. En este sentido, los sustantivos también se convirtieron en transmisores de contextos y situaciones de consumo, emociones positivas y placer hedónico.

A nivel cualitativo, por lo tanto, se observó un enriquecimiento semántico en las descripciones realizadas, que se centraron no solo en el producto desde un punto de vista técnico, sino también en sus rasgos de personalidad, y que incorporaron mayor cantidad de situaciones de consumo y sensaciones positivas.

Se incorporó, además, un análisis agregado de todos los términos utilizado, sin diferenciación por tipología gramatical, con el objetivo de detectar patrones más amplios en el lenguaje utilizado por contexto de cata. Tras la cata ciega, el lenguaje fue más espontáneo y centrado en la percepción sensorial. Por su parte, en la cata informada que incorporaba textos de tipo descriptivo, las descripciones se volvieron más técnicas. Finalmente, en la cata acompañada de textos emocionales se detectó una mayor amplitud semántica que permitía combinar la descripción sensorial con el componente emocional. Con todo, se observó que las narrativas presentadas eran potencialmente capaces de afectar la percepción y la expresión de la experiencia con el vino.

Así, los tipos de texto no solo sirvieron para guiar la percepción de las características del vino, sino que alteraron la forma en la que los y las participantes comunicaron su experiencia con el producto, evidenciando su potencial para contribuir al posicionamiento del producto y, por lo tanto, de la marca.

Para un análisis más completo de los posibles efectos de las narrativas en la percepción del consumidor, fueron tenidas en cuenta tanto la consistencia en las elecciones entre la fase de cata no condicionada y la fase de cata informada, como las elecciones realizadas en todas las fases del procedimiento.

El 27.5 % de las personas participantes escogieron el mismo vino en fase de cata ciega no condicionada y en fase de cata informada, a pesar de no ser informados de que se habían probado los mismos cuatro vinos en ambas fases, pero ordenados de otra forma. Entre las implicaciones de este dato, destaca la capacidad de este grupo de personas para detectar el sabor escogido independientemente de la circunstancia de la cata, por lo que su perfil gustativo pesó más en la elección que la narrativa presentada.

Por el contrario, el 72.5 % restante se decantó por vinos diferentes, evidenciando la dificultad de la experiencia vinculada a la categoría de producto y la necesidad del apoyo informativo como guía para la decisión.

Se analizaron también todas las elecciones realizadas en cualquier contexto de cata informada. Durante la fase 2, el 50 % de las elecciones correspondieron a vinos acompañados por textos emocionales y el 50% a vinos acompañados por textos descriptivos. En la tercera fase de la cata, sin embargo, al comparar directamente el mismo vino con descripciones de naturaleza diferente, el 65 % de los jueces optaron por la opción emocional. Esto muestra una tendencia a la estabilización de las elecciones en el caso de los textos emocionales cuando se producía la comparación directa.

Para reforzar la validez de estos datos, se realizaron pruebas estadísticas que evaluaron las diferencias observadas en las elecciones entre la fase de cata ciega no condicionada y la fase de cata informada, descartando la influencia del azar. Los resultados, tal y como puede verse en la Tabla 3, pusieron de manifiesto que las narrativas presentadas condicionaban las elecciones, dado que las frecuencias observadas se desviaron significativamente de las esperadas.




• Las diferencias de las elecciones entre la fase 1 (cata ciega no condicionada) y la fase 2 (cata informada) mostraron significación estadística, con un p-valor extremadamente bajo. Esto sugiere que las diferencias observadas en las elecciones en las tres condiciones de cata (ciega, con texto descriptivo y con texto emocional) no fueron atribuibles al azar.

• En el caso de la fase 3 o fase comparativa, nuevamente se constató un resultado estadísticamente significativo, lo que indica que las elecciones realizadas entre los textos emocionales y descriptivos, cuando se presentaban de forma comparativa, tampoco se debieron al azar.

• De ello se deduce que las diferencias observadas se deben, de forma significativa, a la manipulación de la variable independiente: el tipo de narrativa presentada.



DISCUSIÓN

La presente investigación refuerza la idea de que el texto del etiquetado puede actuar como un elemento estratégico con impacto en la experiencia sensorial del vino, tanto en el plano de la percepción como en el de la expresión lingüística. En este sentido, los resultados muestran que las narrativas no limitan su función a la mera transmisión de información sobre el producto, sino que son capaces de potenciar asociaciones, valoraciones, elecciones e, incluso, pueden modificar la manera en la que se expresan las personas consumidoras.

Así, en la misma línea de lo ya señalado por Anagnostou et al., y buscando contribuir a las demandas de la industria indicadas en los informes sectoriales, las investigaciones sobre el componente verbal en la estrategia comunicativa del vino permitirán contribuir a la «premiumización» del producto que mejore su valor percibido en el mercado.

Se constata una modulación en el repertorio léxico empleado por los y las participantes que, junto con las diferencias estadísticamente significativas detectadas en las decisiones de consumo, sugiere que las narrativas incorporadas en las etiquetas contribuyen a modelar la percepción sensorial y suponen el inicio de formas discursivas diferenciadas que inciden en el posicionamiento simbólico del producto.

Así, la evolución observada en el uso de las distintas categorías gramaticales conecta con la noción de densidad informativa planteada por Garrido-Lora et al., entendida como la proporción de palabras plenas de significado dentro de un mensaje breve y persuasivo. La riqueza léxica activada por los textos emocionales puede interpretarse como un aumento de dicha densidad, al incluir simultáneamente valoraciones, evocaciones y elementos de anclaje simbólico. En los textos descriptivos, en cambio, se confirma el protagonismo del sustantivo como categoría estructurante del discurso técnico, mientras que el adjetivo opera como modulador de precisión.

Con respecto a estas investigaciones se avanza, sin embargo, en la constatación de capacidad simbólica del sustantivo. Aunque, tal y como planteaba Escohotado, desde una perspectiva ontológica el sustantivo es capaz de representar la realidad de forma estable, en contextos persuasivos, el sustantivo es vehículo de significados más amplios que incluyen emociones, inherentemente subjetivas. La dimensión valorativa de la realidad no proviene, por tanto, en exclusiva de categorías gramaticales como el adjetivo.

Por otra parte, en la línea de lo afirmado por Robles-Ávila, el adjetivo se evidencia como una categoría gramatical de alta plasticidad semántica. Gracias a la diferenciación de los calificativos, que desarrollan el ethos y se centran en el producto y el enunciador, y los adjetivos de personalidad que, si bien son una subcategoría dentro de los primeros, permiten dotar de personalidad al producto y conectar emocionalmente con la audiencia, desarrollando el pathos.

Este hecho se refleja con claridad en los resultados obtenidos, pues los adjetivos de personalidad aparecen asociados a contextos emocionales, y los calificativos se vinculan a descripciones técnicas. La flexibilidad semántica del adjetivo, y su capacidad para articular lo sensorial y lo simbólico, parece reforzar su papel como eje de transición entre discursos de diferente naturaleza.

Tomando en consideración lo establecido en la hipótesis planteada (H1), los resultados ponen de manifiesto que el lenguaje utilizado por las personas consumidoras de vino se ve significativamente afectado tras la exposición a los textos del etiquetado, tanto en su estructura gramatical como en su orientación semántica. Este hallazgo respalda la visión de Pickering et al., quienes señalaron que el etiquetado puede condicionar la percepción más allá de su función informativa. Así, la exposición a narrativas emocionales o descriptivas generó repertorios léxicos diferenciados, confirmando que el lenguaje activado no es un reflejo puramente espontáneo de la experiencia sensorial, sino que es sensible a los marcos narrativos presentados.

Además, los textos de naturaleza emocional favorecen un uso del lenguaje más subjetivo y valorativo, caracterizado por un empleo más intensivo del adjetivo de personalidad y la asociación del vino con una mayor cantidad de situaciones de consumo. Esta tendencia, que refuerza lo señalado por Campos-López sobre la densidad retórica y la carga connotativa de los textos en el etiquetado vinícola, conecta directamente con la segunda hipótesis de la investigación (H2), y pone de manifiesto que el lenguaje poético y simbólico permite intensificar la experiencia de consumo.

Complementariamente, estos resultados amplían los hallazgos de Wang et al., que evidencian el impacto del lenguaje metafórico del etiquetado en la memoria, al mostrar ahora su influencia también en la elaboración discursiva y, por extensión, en la configuración del pensamiento. Por su parte, los textos descriptivos promueven un discurso más técnico y analítico, centrado en atributos organolépticos, tal como se refleja en el incremento de sustantivos y adjetivos calificativos observados en el corpus analizado.

Además del impacto léxico, el análisis de las valoraciones de las personas participantes sugiere, por lo tanto, que los textos influyen en la forma en la que los consumidores representan y proyectan su experiencia con el vino, constatándose un impacto en la opinión comunicada, como representación de la percepción consciente.

Con respecto a las elecciones, representación de las verdaderas preferencias, la influencia de las narrativas en las decisiones de consumo, establecida por la hipótesis H3, también encuentra respaldo empírico en los resultados obtenidos. La exposición a textos emocionales no solo amplió el repertorio semántico utilizado, sino que además estabilizó en mayor medida las elecciones de vino en la cata informada, con una preferencia significativa hacia las opciones acompañadas de textos con carácter emocional en la fase comparativa.

Este hecho refuerza la validez argumentativa basada en el pathos, desde el punto de vista de la construcción persuasiva del discurso, tal como planteó Braet en su interpretación de la retórica aristotélica, y conecta con lo señalado por Vallès sobre la necesidad de construir valor añadido en el contexto de la «premiumización» del vino para atraer al consumidor.

Por todo ello, los resultados permiten sostener que el texto del etiquetado no es un elemento neutro, o un complemento ornamental, sino que actúa como un dispositivo susceptible de tener una incidencia directa en la experiencia de consumo y el posicionamiento del producto. Este hecho supone un aporte al giro progresivo detectado en la literatura científica, donde el componente verbal comienza a ser reconocido como un elemento estratégico en la comunicación vinícola.

Además, desde una perspectiva aplicada, refuerza la idea de que una gestión cuidadosa del discurso de las etiquetas puede contribuir a la diferenciación simbólica de los vinos con DOP andaluza y, por ende, a su posicionamiento competitivo en un mercado cada vez más saturado y exigente. Se abre así una línea de transferencia directa hacia el sector vitivinícola, que permite concebir el componente verbal del etiquetado como una palanca estratégica capaz de orientar decisiones de consumo y consolidar vínculos con los públicos.



CONCLUSIONES

Las principales conclusiones resultantes de esta investigación permiten sintetizar tanto los efectos constatados del tipo de narrativa en el comportamiento del consumidor como las implicaciones estratégicas de estos hallazgos para la comunicación vinícola:

1. El texto del etiquetado modifica el lenguaje utilizado y la opinión comunicada por los consumidores tras la cata. En este sentido, las narrativas emocionales activan un repertorio léxico más subjetivo y evocador, con predominio de adjetivos de personalidad y referencias a situaciones de consumo y sentimientos placenteros. Los textos descriptivos, por su parte, promueven un discurso técnico, centrado en atributos organolépticos, con mayor presencia de sustantivos y adjetivos calificativos.

2. Las elecciones de las personas consumidoras se ven condicionadas por el tipo de narrativa, con una tendencia a la estabilización en favor de los textos emocionales, lo que llevaría al uso estratégico de estos para la mejora del valor percibido del producto, contribuyendo con ello, a la «premiumización».


Por todo ello, es posible afirmar la existencia de una relación entre el tipo de texto y la forma en que los participantes comunican su experiencia, lo que refuerza el potencial estratégico del etiquetado como elemento de posicionamiento simbólico.

Conectando con las hipótesis de partida, los datos permitirían confirmar la hipótesis H1, al constatarse una variación significativa en el lenguaje utilizado por los consumidores tras la lectura de los textos, tanto en términos gramaticales como semánticos. Del mismo modo, se validaría la H2, dado que los textos emocionales provocan respuestas discursivas con mayor carga valorativa y emocional, mientras que los descriptivos promueven un lenguaje más técnico y analítico. Finalmente, H3 se vería respaldada, al observarse una influencia significativa de las narrativas en las decisiones, con una preferencia por las opciones presentadas con textos emocionales en la fase comparativa.

Así, los objetivos planteados al inicio de la investigación han sido alcanzados en su totalidad, mostrando la capacidad del tipo de narrativa para modular el lenguaje empleado por las personas participantes, constatando diferencias entre los repertorios léxicos activados y evidenciando el impacto del tipo de texto en las elecciones de consumo.

No obstante, para una evaluación y comprensión más amplia de los resultados presentados, deben reconocerse las limitaciones, ya mencionadas, inherentes al diseño del estudio. El muestreo no probabilístico, basado en la selección por conveniencia, no permite la generalización estadística de los resultados. Asimismo, la naturaleza cualitativa del análisis, aunque aporta una perspectiva rica, conlleva una inevitable subjetividad en la interpretación y codificación. Ambas cuestiones se han beneficiado, no obstante, del diseño metodológico multimodal, que ha permitido contrastar los resultados cualitativos con patrones estadísticos a partir de las pruebas de χ² (chi-cuadrado), tal y como ha sido señalado en la definición metodológica.

Por otra parte, la utilización de variedades procedentes exclusivamente de Andalucía implicaría la necesidad de verificar los resultados en otros contextos. Además, dada la estrecha relación entre lenguaje, cultura e interpretación de la realidad, serían pertinentes estudios comparativos que pusieran de manifiesto si los fenómenos detectados se producen de igual forma en otros contextos culturales y vinculados a otras lenguas.

En futuras investigaciones resultaría pertinente explorar las diferencias en el impacto discursivo según el perfil de consumidor, incorporando muestras segmentadas que permitan identificar patrones específicos de respuesta lingüística y de elección. Sería igualmente valioso ensayar otras estrategias de muestreo que amplíen la diversidad del perfil de participantes, permitan una mayor contrastación entre subgrupos y posibiliten la extrapolación de los resultados a otras variedades y contextos. Asimismo, sería enriquecedor analizar la evolución de estas respuestas en contextos de consumo real o prolongado, más allá de la situación de cata controlada.

Finalmente, se sugiere profundizar en el papel mediador de las emociones en la percepción del valor del producto y en su relación con la fidelización, abriendo así nuevas vías de investigación sobre el papel del lenguaje en la construcción del valor percibido y el vínculo emocional con el consumidor.



FINANCIACIÓN

La investigación de la que deriva este artículo no contó con fuentes de financiación.



MATERIALES ADICIONALES

Los materiales adicionales de esta investigación se han depositado en el repositorio OSF (Open Science Framework), cumpliendo los principios FAIR. El archivo incluye: (1) el modelo de consentimiento informado utilizado en el trabajo de campo; (2) la leyenda de los vinos empleados, con codificaciones por fase de cata y tipo de texto; y (3) las respuestas de las personas participantes, debidamente anonimizadas y clasificadas por fase de cata. Estos materiales permiten la trazabilidad del estudio, su replicación y la posibilidad de investigaciones futuras en el ámbito del análisis del discurso y la percepción del consumidor.

Repositorio: OSF – Open Science Framework.

Licencia de uso y distribución: Creative Commons Attribution 4.0 International (CC BY 4.0).

La URL permanente es
https://osf.io/tgbvs/?view_only=ca2ab11640c9423590b9b61d261a3446.

Repositorio complementario: Adicionalmente, los datos han sido depositados en el repositorio Zenodo, donde cuentan con un DOI permanente:
https://doi.org/10.5281/zenodo.15348930.