septiembre 16, 2014

El género discursivo correo electrónico


¿Qué tal si pensamos hoy en el correo electrónico como una especie dentro del ecosistema textual? Sí, como un animalillo nuevo de los que nos cuentan los medios que se descubren o se crean, clonan, etc.

Bien, dejémonos de adornos retóricos, que no son científicos, crean equívocos y cierran el camino al conocimiento, y de lo que se trata ahora es del correo electrónico como objeto de estudio de la lingüística del texto.

Sin más introducción, paso a indicar sintéticamente sus rasgos destacados, según un reciente estudio cuya lectura deseo recomendar al mismo tiempo. Se titula: «El correo electrónico como género discursivo: percepciones y habilidades para su composición en estudiantes universitarios», realizado por Dimitrinka Níkleva y María Pilar Núñez Delgado, de la Universidad de Granada, y publicado en la Revista española de lingüística aplicada (Vol. 26, 2013, págs. 385-408).

– El correo electrónico se considera actualmente como un género nuevo, perteneciente a la Comunicación Mediada por Ordenador (CMC, por sus siglas en inglés).

– La propiedad que lo define específicamente como tal género es la de amalgamar los rasgos del discurso epistolar y del electrónico. De este, a su vez, es propio el uso de la lengua transmitida, que conjuga elementos de la escrita y la hablada, o 'ciberhabla' (netspeak), como también se denomina por parte de algunos autores.

– Emisor y receptor se comunican en lejanía, pero con cercanía temporal. Es decir, en deslocalización y en destemporalización, con escasa relevancia de la situación de comunicación. Y cito a las autoras en pág. 388:

«Es decir, no solo cambia el sistema de rección y de integración de unos lenguajes con otros, sino que se transforma profundamente la dimensión pragmática de la comunicación (Pérez Tornero 1997; A. R. Bartolomé 2000), de modo que, como sostiene Crystal (2002), puede hablarse de una expansión del lenguaje.»


– En cuestión de formas, aspecto del que quizá más se ocupan las autoras, se recuerda el uso de la netetiqueta y la conveniencia de dar a nuestros correos tres atributos aconsejables en una carta: captar la atención, resultar agradable y ser convincente. A esto hay que unir el tino de no escribir fuera de lugar y, por ejemplo, evitar en contextos o asuntos formales el recurso a chistes, gracias y familiaridades, o el escribir desde una cuenta donde nuestro nombre de usuario sea un alias informal.

– También con relación a las formas, se indica la omisión de saludo y despedida cuando el intercambio de correos es una serie a modo de conversación, en razón de economía de tiempo y evitar car en lo repetitivo.

– Y, por supuesto, en contextos de familiaridad el emisor se siente libre de alejarse de parámetros que pudiéramos calificar de ortodoxos y, por rapidez, familiaridad, etc., se despreocupa de si incorpora erratas, abreviaturas, etc.



Termino recalcando la recomendación de leer este artículo, donde alrededor de su tema de estudio se ofrecen observaciones y referencias de aspectos como la trayectoria del recurso a este tipo de texto, el modo de uso por parte del universo indicado en el título, un diagnóstico de habilidades necesarias, unas sugerencias para sacarle un mejor partido, etc. Dado que todo correo electrónico es algo tan preciado como una ocasión y una oportunidad de comunicación con una persona, merece la pena leer atentamente las páginas de Dimitrinka Níkleva y María Pilar Núñez Delgado.






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