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septiembre 04, 2015

Las unidades fraseológicas pragmáticas



Pablo Zamora Muñoz
«Los límites del discurso repetido: la fraseología periférica y las unidades fraseológicas pragmáticas»

Verba. Anuario Galego de Filoloxía, vol. 41, 2014

Verba. Anuario Galego de Filoloxía | Universidade de Santiago de Compostela | Facultade de Filoloxía | Departamento de Filoloxía Galega | Santiago de Compostela | ESPAÑA


Extracto de los apartados en páginas 214-219 del artículo en PDF




«INTRODUCCIÓN

»En los pocos decenios de vida de la fraseología teórica se ha cuestionado dónde llegan los lindes del universo fraseológico, qué tipo de unidades y secuencias son consideradas como tales y cuáles quedan fuera de su ámbito. Asimismo, sigue habiendo dudas respecto a los rasgos distintivos lingüísticos pertinentes y esenciales que las caracterizan y a los procesos constitutivos que sufren.

»Hoy en día la mayor parte de los fraseólogos admiten las dos concepciones de la fraseología: a) la fraseología en sentido estricto, que restringe el estudio de las UF a aquellas unidades pluriverbales que significan en bloque y tienen un significado semántico en mayor o menor medida idiomático —las denominadas locuciones cen¬trales o estándar—; b) la fraseología en sentido amplio, que, desde una óptica global, se ocupa además de las unidades univerbales [NOTA 2] o pluriverbales que constituyen actos de habla, que poseen un significado pragmático y/o situacional, el cual se activa únicamente en el discurso. Me refiero a las unidades fraseológicas pragmáticas —de ahora en adelante UFP—, ubicadas en la zona periférica de la fraseología.

»Tradicionalmente en esta zona periférica se ha ido agrupando y clasificando una vasta gama de secuencias heterogéneas, cuyos rasgos distintivos en muchas oca¬siones son muy dispares y diversos entre sí. Por otro lado, las múltiples y variadas etiquetas [NOTA 3] con las que se ha denominado a estas UFP tampoco han contribuido a una delimitación precisa. Las UFP se han convertido en el nuevo “cajón de sastre” den¬tro del cual se coloca cualquier secuencia fija “molesta”, alejada de los rasgos dis¬tintivos de las locuciones estándar prototípicas. Dentro del cesto de los enunciados fraseológicos, de las fórmulas, de los fraseologismos, se ha depositado una consi¬derable cantidad de unidades cuyo común denominador es constituir enunciados marcadamente pragmáticos en cuanto cumplen actos ilocutivos y/o funcionan como marcadores discursivos [NOTA 4]; el significado y valor de estas UFP se carga, depende y varía según los contextos lingüísticos y paralingüísticos en los que se insertan [NOTA 5]. Estas unidades sin embargo, como se ha indicado anteriormente, muestran peculiaridades, por lo que se refiere a su forma, a su significado y a su función, muy diferentes entre sí; dentro de este maremagno, hay subclases de UFP que convergen en ciertos rasgos y difieren en otros. Coincido con Martí (2012: 29) cuando afirma que “el universo fraseológico está, pues, constituido por un conjunto de muestras bastante heterogéneas, que pueden ordenarse con la ayuda de diversos criterios distinguidores —frágiles— que se entrecruzan entre sí”.

»No obstante, a pesar de la confusión reinante en torno a las UFP, no se debe asociar la noción de periférico con la marginalidad, más bien todo lo contrario, puesto que son las unidades que muestran una mayor frecuencia de uso en el discurso, especialmente en el registro coloquial [NOTA 6]. En publicaciones anteriores (Zamora, 2003, 2005 y 2012), teniendo presente las aportaciones teóricas de Casadei (1995), Corpas (1996), García-Page (1995, 1997 y 1998) y Penadés (1997), entre otros, y siguiendo criterios formales y funcionales, llevé a cabo una primera clasificación de las UFP, subdivididas en cuatro subclases: a) Las locuciones idiomáticas pragmáticas —“¡La carne de burro no es transparente!”— tienen estructura oracional, en general se basan en imágenes conceptuales y su significado no es semántico, sino pragmático situacional, en cuanto no equivale a un lexema como las locuciones, sino que el hablante las emplea “cuando…” o “para…”. b) Los enunciados implico-situacionales —“No es lo que parece…”— tienen estructura oracional pero no se basan en imágenes y su significado es pragmático-situacional, predominando en este especialmente las inferencias e implicaturas. c) Los enunciados fraseológico-pragmáticos —“¿Qué le vamos a hacer?”— suelen ser sintagmas, aunque no faltan los que poseen un estructura oracional [NOTA 7]; no se basan en imágenes conceptuales y su significado es exclusivamente pragmático en cuanto se trata de actos ilocutivos, enunciados unimembres o bimembres [NOTA 8], en los predomina la función pragmática y/o discursiva que cumplen en el discurso. d) Los esquemas sintácticos fraseológico-pragmáticos —“¡Pero qué viaje ni qué viaje!”— son secuencias formadas por un armazón sintáctico fijo, el cual se completa con uno o más constituyentes libres ya antes de activarse en el discurso.


»RASGOS DE LAS UNIDADES FRASEOLÓGICAS Y DEL DISCURSO REPETIDO

»Cabe preguntarse una vez más cuáles son los parámetros distintivos pertinentes de las UF. Corpas (1996: 27) sostiene que la idiomaticidad sólo es una característica potencial de las UF; Ruiz Gurillo (1997: 103) añade que el rasgo primario e inhe¬rente de la fraseología es la fijación formal y no la idiomaticidad. Con el transcurso de los años, el concepto de fijación se ha ido transformando; de hecho, Corpas y Mena (2003: 183) consideran que la fijación debe entenderse como una propiedad relativa y no como una propiedad absoluta. Por tanto, se ha producido un cambio de perspectiva de la noción de fijación; de la fijación en sentido estricto, se ha pasado en este decenio a la fijación relativa.

»El desarrollo y los avances de la lingüística del texto, de la pragmática, de la lingüística cognitiva y de la lingüística de corpus han originado que se analice el comportamiento de las unidades en el texto y/o discursivo y no en el sistema de la lengua, lo que ha abierto nuevas expectativas y vías de análisis. Cualquier UF, central o periférica, debe ser examinada teniendo presente su forma, su uso y su función en los distintos contextos discursivos; en la interacción se producen y se pueden obser¬var las transformaciones y metamorfosis que experimentan las unidades, es decir, las formas, los valores y funciones que estas potencialmente tienen y adquieren [NOTA 9].

»Al igual que la idiomaticidad y la fijación estricta, otros rasgos primarios e inherentes de las unidades fraseológicas centrales o prototípicas, la segunda esfera de Corpas (1996: 88-125), han dejado de ser consustanciales para el análisis de la fraseología en su globalidad; me refiero, entre otros, a la pluriverbalidad, a la no composicionalidad del significado, a la imagen conceptual, al homófono literal y al equivalente lexemático.

»La proliferación más o menos reciente de estudios centrados en las UF marcada¬mente pragmáticas ha acarreado la aparición de nuevos parámetros a la hora de esta¬blecer, dentro de un continuo, los rasgos de las UFP: contexto lingüístico, situacional y paralingüístico, significado pragmático, funcionalidad, valores metadiscursivos, implicaturas conversacionales, variaciones interpretativas. Las UFP, equivalentes a la tercera esfera de Corpas (1996: 132-212) y que la lingüista denomina enuncia¬dos fraseológicos y fórmulas rutinarias, son enunciados y estructuras específica¬mente pragmáticas en cuanto, a diferencia de las UF centrales, están estrechamente vinculadas a actos lingüísticos concretos en contextos situacionales bien precisos. Por otra parte, comparten y experimentan los mismos procesos constitutivos que indica Martí (2005a, 2008 y 2012) para el resto de las UF: rutinación —las secuencias se convierten en rutina y los hablantes pierden la conciencia de su uso distinto—, memorización —las unidades inventariadas y memorizadas en el lexicón se emplean automáticamente—, subjetivación —implicaturas que al inicio son ocasionales y que paulatinamente se van generalizando, hasta convencionalizarse—, pragmatización —dependencia contextual y función pragmática—, gramaticalización —pérdida parcial o total del valor original de la secuencia— y fraseologización —creación y difusión de una unidad preexistente o no ya como tal— [NOTA 10].

»Estos nuevos parámetros, junto a los procesos constitutivos, han incrementado los horizontes respecto a la noción de las UF o de los fraseologismos y sembrado dudas en relación a sus límites, llegando a la conclusión de que fraseología es, en cierta medida, sinónimo de discurso repetido; dicho de otra manera, toda secuencia fija o combinación estable cuyo significado esté rutinizado, memorizado, subje¬tivado y pragmatizado pertenece al ámbito fraseológico. Parafraseando a Corpas (1996: 224), se considera fraseológica cualquier secuencia fija que presente valores adicionales y que haya generalizado las implicaturas conversaciones que forman parte del conjunto de los conocimientos previos compartidos por los hablantes de una determinada lengua.

»En definitiva, la noción de fijación, los procesos constitutivos y la índole idio-sincrásica —unidades usadas e interpretadas idiosincrásicamente, regidas por normas culturales, que generan implicaturas conversacionales generalizadas (Martí, 2005a: 52 y 2005b: 72-74)— constituyen los pilares fundamentales que permiten establecer y delimitar la pertenencia de una determinada secuencia a la fraseología, siendo estos parámetros y estos procesos constitutivos el problema pero a la vez la solución.


»LA GRAMÁTICA DE LAS CONSTRUCCIONES, LA GRAMÁTICA DEL DISCURSO Y LA FRASEOLOGÍA

»El acercamiento de la gramática de las Construcciones y de la gramática del discurso, enfoques interrelacionados entre sí, a la fraseología se revela como un pro¬cedimiento sumamente valioso en cuanto consiente ampliar los límites del denomi¬nado discurso repetido e incluir, dentro de las UFP, una serie de secuencias-réplicas que hasta la fecha no han sido objeto de estudio de forma pormenorizada por parte de los fraseólogos.

»Desde el enfoque construccionista, cuyos pioneros fueron Lakoff (1978), Fillmore (1989) y Goldberg (1995) entre otros, se conciben las construcciones, según indica Gonzálvez-García (2012: 254-261), como entidades teóricas idiosin¬crásicas, no composicionales, con estatuto e independencia propia, resultado de una serie de regularidades y/o generalizaciones. Las construcciones son el resultado de las correspondencias convencionales entre una forma y su significado semántico y/o funcional discursivo, el cual origina el significado construccional. Respecto a esta correspondencia convencional, Garachana y Hilferty (2005: 387-388) afirman que “las construcciones engloban la sintaxis, la semántica, la fonología, la prosodia, los valores discursivos y los conocimientos enciclopédicos compartidos por los hablan¬tes”. Ibarretxe y Valenzuela (2012: 28-30) añaden que, formalmente, son configu¬raciones que surgen de regularidades estadísticas, es decir, una construcción es una secuencia que comparece habitualmente en el discurso con una determinada forma fija y con una serie de rasgos y valores pragmático-funcionales consolidados.

»La afinidad entre la fraseología y la gramática de las Construcciones es manifiesta; los fraseologismos y las construcciones comparten dos rasgos básicos e inherentes: la fijación formal relativa y la condición idiosincrásica. Cuando la fraseología habla de fijación, el enfoque construccionista de regularidades o gene¬ralizaciones; cuando la fraseología se refiere a secuencias o esquemas, el enfoque construccionista a configuraciones.

»Por lo que concierne a la gramática del discurso, Montolío (1996: 330-338) sostiene que la lengua coloquial conversacional posee sus propias construcciones y secuencias, cuyo empleo está estrechamente relacionado con numerosos factores y estrategias conversacionales y pragmáticas. La lingüista aboga por la necesidad de elaborar una gramática de la interacción, centrada en el análisis de las construcciones estrictamente dialógicas, sirviéndose de las herramientas necesarias y adecuadas para tal fin. Gras (2011: 529) agrega al respecto que “la interrelación entre forma gramatical, entonación y función comunicativa, que se observa en muchas estructuras, supone un inconveniente para acercamientos teóricos a la gramática que atienden únicamente a la dimensión formal”.

»Salvador (2000: 29) indica que un cuantioso número de estrategias discursivas son asimismo fruto de los procesos de rutinación y de convencionalización y, por tanto, forman parte de la fraseología en cuanto se trata de secuencias fijas y recorda¬das, reconocidas, memorizadas, inventariadas, subjetivadas y pragmatizadas. Como afirma el propio lingüista (2000: 22), son repeticiones discursivas automatizadas que se han convertido en combinaciones rutinarias, mecanismos fijados tanto en la producción discursiva como en el proceso de interpretación del discurso, opinión que comparte Cuenca (2012: 283), cuando afirma que las estrategias discursivas son formas gramaticales fijadas cuyo empleo remite a los criterios de economía, expresi¬vidad y simplicidad estructural, criterios característicos del discurso oral espontáneo. A ello hay que apostillar que su comparecencia en la interacción, en determinados contextos de uso, es igual de previsible que la de cualquier otra UFP [NOTA 11], en la medida en que se trata de secuencias cuyo contexto lingüístico y situacional es restringido.»



NOTAS

«NOTA 2 La incorporación al ámbito fraseológico de las unidades univerbales es una cuestión controvertida no resuelta por parte de los fraseólogos. Es indiscutible que la mayor parte de las UF son pluriver¬bales; de hecho, tradicionalmente, se ha afirmado que una UF es un conjunto de constituyentes que significan en bloque. Es obvio que, para significar en bloque, tiene que haber más de un elemento. Esta definición, válida para las locuciones centrales, no siempre es válida para las UFP en cuanto existe un reducido grupo de unidades pragmáticas que son univerbales: las españolas “¡Puerta!”, “¡Aire!” o las italianas “Figurati!”, “Capirai!”, cuyo equivalente funcional en español es pluriverbal: “¡Ya ves!” Sabban (1998) es una de las primeras lingüistas que considera que estas formas univerbales son fraseológicas.

»NOTA 3 Fórmulas de fijación pragmática (Zuluaga, 1980), fórmulas de comunicación o frases idiomáticas pragmáticas (Skytte, 1988), locuciones pragmáticas situacionales (Penadés, 1997), lexemas com¬plejos interjectivos o expresiones cristalizadas formularias (Voghera, 1994), expresiones modales o interjectivas (Fuentes, 1994), expresiones formularias (Casadei, 1995), fraseologismos oracio¬nales (García-Page, 1995), enunciados fraseológicos (Corpas, 1996), pragmatemas (Mel’čuk, 1998), fórmulas metalingüísticas del lenguaje común (Zuluaga, 2004), unidades fraseológicas pragmadiscursivas (González y Olza, 2011).

»NOTA 4 Corpas (1996: 380) diferencia esencialmente dos tipos de fórmulas rutinarias: las fórmulas psico-sociales, que constituyen actos de habla, y las fórmulas discursivas, que cumplen funciones meta¬textuales y ayudan a organizar y gestionar la interacción.

»NOTA 5 Vid. Escandell (1996) para los conceptos de la teoría de los actos de habla y los elementos de las situaciones comunicativas.

»NOTA 6 En una publicación anterior (Zamora, en prensa), llevé a cabo un estudio con el fin de establecer la frecuencia de uso de las UF mediante un corpus cinematográfico formado por 23 películas italianas, equivalente a 40 horas de conversación. Las UFP suman un total de 841 ocurrencias frente a las 147 de las locuciones centrales. Las UFP que muestran un mayor porcentaje de uso son los enunciados fraseológico-pragmáticos –470 presencias–, seguidas de los esquemas sintácticos fraseológico-pragmáticos –287–; a mayor distancia, las implico-situacionales –48– y las locucio¬nes idiomáticas pragmáticas –36–. Por lo que concierne a las locuciones centrales, cabe señalar que, de 147, 116 son unidades transgresivas en mayor o menor grado disfemísticas.

»NOTA 7 Hay enunciados fraseológico-pragmáticos que formalmente son sintagmas –“¡Anda!, ¡Vamos!”– y otros, en cambio, son frasales –“No sé qué decirte… ¿Qué te puedo decir?”–.

»NOTA 8 Respecto a los enunciados pragmáticos estándar, Cresti (1992: 502 y 2000: 65-72) y Escandell (1999: 2940) indican que un enunciado es completo unimembre cuando se trata de una secuencia formada por una única unidad tonal; si a la unidad tonal le sigue un comentario, se convierte en una secuencia con dos unidades tonales de información y, por tanto, es completo bimembre.

»NOTA 9 Vid. Mellado (2009) y Corpas (en prensa).

»NOTA 10 El lingüista se basa en Levinson (2004 [2000]) para el proceso de subjetivación y en Traugott y Dasher (2001) para los procesos de pragmatización y gramaticalización.»



BIBLIOGRAFÍA CITADA

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»Corpas, G. (en prensa): “El fraseólogo internauta: cómo pasarlo pipa en la red sin que te cueste un ojo de la cara”.

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»Fillmore, C. J. (1989): “Gramamtical Construction Theory and the Familiar Dicho-tomies”, in R. Dietrich & C. F. Graumann (eds.): Language Processing in Social Context. Amsterdam: North-Holland, pp. 17 38.

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»Lakoff, G. (1978): Woman, FIRE, and Dangerous Things: What Categories Reveal about the Mind. Chicago: University of Chicago Press.

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»Martí, M. (2005b): “Aproximaciones genéticas a los fraseologismos”, Paremia 14, pp. 71 82.

»Martí, M. (2008): “La hipótesis de la subjetivación en la pragmaticalización/grama-ticalización de los operadores pragmáticos”, Paremia 17, pp. 79 90.

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»Montolío, E. (1996): “Gramática e interacción”, in A. Briz et al. (eds.): Pragmática y gramática del español hablado. Actas del II Simposio sobre el análisis del discurso oral. Zaragoza: Pórtico, pp. 329 341.

»Penadés, I. (1997): “Aproximación pragmática a las unidades fraseológicas”, in R. Escavy (ed.): Homenaje a A. Roldán. Murcia: Universidad de Murcia, pp. 411 426.

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»Sabban, A. (1998): Okkasionelle Variationen sprachlicher Schenatismen: Ei¬ne analyse französischer und deutscher Presse-und Werbetexte. Tübingen: Niemeyer.

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»Skytte, G. (1988): “Italienisch Phraseologie”, in G. Holtus, M. Metzeltin y C. Schmitt (eds.): Lexicon der Romanistischen Linguistik. Tübingen: Max Nie¬meyer Verlag, vol. IV pp. 75 83.

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»Voghera, M. (1994): “Lessemi complessi: percorsi di lessicalizzazione a confron¬to”, Lingua e Stile 2, pp. 185 213.

»Zamora, P. (2003): “Esquemas sintácticos fraseológicos pragmáticos”, in A. Vera, R. Almela, J. Mª. Jiménez y D. A. Igualada (eds.): Homenaje al Profesor Esta¬nislao Ramón Trives. Murcia: Universidad de Murcia, pp. 825 836.

»Zamora, P. (2005): “Fraseología periférica e non solo”, in R. Almela, E. Ramón Trives y G. Wotjak (eds.): Fraseología contrastiva. Murcia: Universidad de Murcia, pp. 65 80.

»Zamora, P. (2012): “Enunciati pragmatici italiani: forme e funzioni nel discorso”, Studi di Linguistica Teorica e Applicata 2, pp. 235 258.

»Zamora, P. (2012): “Una tipología de réplicas fraseológicas ecoicas en el italiano coloquial conversacional”, Español Actual 97, pp. 109 128.

»Zamora, P. (en prensa): “Una tipología de réplicas fraseológicas ecoicas en el italia¬no coloquial conversacional”, Monografías. Biblioteca fraseológica y paremio¬lógica 5, .

»Zuluaga, A. (1980): Introducción al estudio de expresiones fijas. Frankfurt: Verlag Peter Lang.

»Zuluaga, F. (2004): “Locuciones, dichos y refranes sobre el lenguaje: unidades fraseológicas fijas e interacción verbal”, Forma y función 18, pp. 250 282.»






agosto 28, 2015

«Valores de los locativos en el habla de las migrantes peruanas. El paradigma de locativos en /-á/ »



Carola Mick y Azucena Palacios
«Posicionamiento social y lingüístico en migrantes trabajadoras del hogar en Lima: los adverbios locativos como marcadores de identidad»

Neue Romania, n.º 41, 2012

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Extracto de los apartados 4.1 y 6 del artículo en PDF




«Valores de los locativos en el habla de las migrantes peruanas. El paradigma de locativos en /-á/ »

«Vamos a analizar los valores que el juego de locativos en /-á/ adquieren en las narraciones de las migrantes peruanas. Estos pueden clasificarse básicamente en dos: oposición geográfica simple) y contraposición y comparación de lugares.



»Oposición geográfica simple

»Siguiendo lo dicho en líneas anteriores, en nuestro corpus encontramos el paradigma de locativos en /-á/ mayoritariamente con su valor relativo. Este sirve para distinguir dos lugares, generalmente la región de origen de la migrante versus el lugar de su estancia actual, Lima. Se trata, pues, de una oposición geográfica simple, como demuestran los siguientes ejemplos:

»(1) a. (III) No, yo no quería venir porque no quería venir [a Lima]. Otro año quería venir. Yo quería terminar allá [la sierra] mi secundaria y ya, cuando terminé, una vez venir acá [Lima].

»b. (IV) Me toca juntar mis papeles. Me voy allá [sierra], más no me regreso acá Lima.

»c. (VI) Mis papás están acá [Lima], y la familia de mi mamá es de allá [sierra].

»d. (VIII) Mi hermano no, acá [Lima] radican ellos, porque acá [Lima] trabajan. Porque allá [sierra] no había trabajo, sino cuando ellos de todas maneras de chicos, se vinieron a trabajar y ya hicieron su vida acá [Lima]. Y ya pues tenía familia y ya pues, nos hemos venido acá [Lima].


»Este valor de distinción geográfica simple se marca por medio de verbos de movimiento o de verbos estativos que indican permanencia: regresar, ir, quedarse, volver, venir, llegar, enviar, mandar, traer, estar... Los locativos pueden referirse a los espacios delimitados por la geografía “commonsense”, pero también pueden ser traspuestos a niveles mayores o menores de locación, lo que permite el funcionamiento del procedimiento de recursividad que identifica Judith Irvine (2001). Véase en este sentido, el comentario que hace Carolina, usando el juego de locativos con este valor, para distinguir diferentes barrios de Lima:

» (2) (XII) Me buscaron un trabajo y de allí [NOTA 5] yo me salí de este trabajo porque mi abuela me llevó allá a San Juan de Lurigancho a visitar a mi tío. De allí me quedé con ellos ya [sus padres en San Juan de Lurigancho]. Ya no vine por acá [Salamanca, donde se encuentra La Casa de Panchita].


»Veamos también el mismo juego en las palabras de Magdalena cuando cuenta la historia de amor frustrado entre el hijo de sus empleadores en Lima y una chica alemana, donde opone Perú y Alemania por medio de los adverbios locativos en /-á/:

» (3) (I) Medio año estaba ella acá, ¿no? De allí ya se regresó. [...] Para diciembre vino, y estaba acá ¿y el chico? La misma vaina. [...] Se fue la chica. Dice que la chica también llama acá en Lima, acá en Perú.


»De manera similar Lorenza se refiere a Perú con el locativo acá:

» (4) (XXIII) Si acá todos en el Perú somos cholos.


»Los locativos también pueden servir para oponer espacios sin referencia concreta, simplemente para destacar la extensión geográfica, como se aprecia en el siguiente ejemplo:

» (5) (XIII) [Le habla su prima, porque vuelve a abandonar un trabajo] Tú qué cosa eres. ¿Eres gitana o qué? Por caminar así, de acá para allá, [NOTA 6] por acá por allá.


»Además de estas posibilidades de variación de escala en la referencia geográfica, los locativos también permiten expresar variación narrativa, esto es, el posicionamiento relativo entre narradora y enunciadora que toman las hablantes en ciertos casos:

» (6) a. (I) [Su madre en la sierra le dice:] Quiero que te vayas donde tus tío acá en Lima.

»b. (XIII) Desde allá también en mi tierra también escuchaba [el noticiero]. Desde acá me vine con esa costumbre.


»Observamos en el primer caso, cómo los locativos permiten a la hablante desarrollar la polifonía de su narración: la voz de la narradora se mezcla con la voz de la madre que se cita en voz directa. El adverbio locativo acá subraya la posición de la narradora y su toma de distancia frente a la madre, con la que no se entiende muy bien, y que está en la sierra. Por el contrario, en el segundo caso, la narradora cambia de perspectiva y se acerca espacialmente a ‘su tierra’ al referirse a su región de origen por medio del adverbio locativo allá. Esta explotación narrativa de los locativos es ciertamente interesante y permite tomas de posición de las migrantes, narradoras de sus propias historias, para distanciarse o alejarse de lo narrado.



»Contraposición y comparación de lugares

»El paradigma de locativos en /-á/ es utilizado por las narradoras también como un recurso muy productivo para expresar comparaciones implícitas y explícitas de los diferentes lugares que han conocido. Véase en este sentido los ejemplos siguientes:

» (7) a. (III) Sí me dijeron que allá [sierra] hay más estudio, allá [sierra] sí iba a estudiar bien, como ya era lejos también para estudiar mi colegio también. [...] Huancavelica es una sierra pues. Más tranquila. En cambio acá [Lima] hay más cosas que pasan pues.

»b. (IV) O sea es, no sé. No sé. Acá [Lima] es más, o sea cómo le digo. [...] O sea no me gustaba que veas mucho carro, se ve todo diferente, no sé. Ya ya, después ya normal, normal, normal.

»c. (VI) Ayacucho es, bueno, en allá no hay luz, para recoger agua tienes que ir caminando, para ir al colegio también tienes que caminar hora y media. En cambio aquí en Lima, el colegio está cerca, hay luz, hay agua, agua potable, todo eso.

»d. (VIII) También Lima es bien lindo. La diferencia acá se vive puro dinero. Es la diferencia. La diferencia que en la sierra y que acá se vive puro dinero. Por cambio allá que por algo no tienes dinero, bueno pues, algo cosechas, los que tienen una tierra, un terreno, cosechas lo que hay, y eso es lo que comes. Y ya no compras, ¿no? Eso es la diferencia. Allá hay poco dinero, pero en las cosechas lo comes. Y acá en cambio tienen que trabajar para comprar cada cosita a comer. Eso es la diferencia. Eso es lo más que yo veo diferencia.

»e. (XII) Más tranquilo allá como acá. No te roban, como acá te roban. En cambio allá no pues. Bueno, también te no te roban allá como acá. Y acá te roban, ves muchas cosas, contaminada, peligrosa. En cambio allá no, ya pues.

»f. (XIII) Allá estábamos acostumbradas a ser libre. En cambio acá [es] como estar encerrada, no tener esta libertad. [...]. Claro podría hacerlo [quedarse en Lima] pero acá se necesita mucho más capital, tendría que tener mi propia casa. Entonces allá es mucho más fácil ya no voy a pagar alquiler ni nada de eso. En cambio acá será un poco más difícil, ¿no?


»El valor comparativo de los locativos se resalta con la aparición de marcadores lingüísticos que indican la existencia de un segundo término como conjunciones y adverbios del tipo X pero Y, X como Y, X en cambio Y, X también Y; estructuras comparativas como la diferencias es que, es diferente, no es como acá/allá, es igual o el uso de adjetivos en grado comparativo como más bonito o muy lindo. El recurso de la comparación permite a la vez distinguir, caracterizar y valorar los diferentes espacios delimitados. De ahí que no todas las informantes se sirvan de este procedimiento —la comparación de los lugares de origen y de destino mediante el juego de locativos—, ya que no todas van a querer mostrar valoraciones o comparaciones explícitas entre estos lugares. Nótese que la utilización de estas estrategias de comparación, en definitiva de valoración, coloca a las informantes en una posición narrativa vulnerable frente al interlocutor.

»Volviendo a los ejemplos de comparación del corpus, se observa que, mientras el adverbio locativo genérico acá aparece muy a menudo acompañado del nombre de la ciudad Lima, el adverbio allá casi nunca está especificado; esto es, predomina la generalización que en el caso del acá implica a toda Lima, con la excepción de la entrevista XXIII que habla de los barrios en los cerros, o la entrevista VIII que habla de los alrededores de Lima que opone a los barrios de clase alta de Miraflores y San Isidro. Debido a la falta de especificación del adverbio locativo allá, las narradoras se sirven de sus experiencias diferentes en lugares de origen precisos para caracterizar el territorio extra-capitalino peruano entero. El grado de generalización en cuanto a los lugares de origen es muchísimo más elevado en la mayoría de los casos. Aunque predomina el uso de la comparación explícita, no siempre están completas las informaciones dadas y se procede por insinuación:

»(8) a. (XX) Sí la verdad es que Cusco es horrible. Bueno, para una empleada es horrible. Para uno que hace turismo, que va con su dinero es bonito pero ya. Pero allá ser una empleada es un calvario. Allá es un infierno. Yo lo califico que es un infierno porque a mí me ha ido muy mal allá.

»b. (XVIII) Es decir porque allá, mayormente lo que se hacen las personas es que ya si eres muy joven ya quieren casarte. [...] La gente, que había mucha gente y casas lejos lejos. Estaba acostumbrada.


»Las estrategias de comparación que utilizan las narradoras a partir de la explotación de los locativos no sólo pueden hacer variar la perspectiva espacial adoptada, como vimos en la sección anterior, sino también permiten aplicar criterios diferentes para caracterizar y valorar los espacios distintos. Así, se comparan los aspectos climáticos y medio ambientales de los diferentes lugares, el grado de urbanización e industrialización, la infraestructura, los aspectos culturales como los diferentes tipos de comida, las lenguas habladas, la vida social o los aspectos económicos. En este sentido, hay casi unanimidad en valorar Lima de manera muy positiva cuando se habla de las posibilidades que ofrece la ciudad para estudiar y de la mejor calidad de su educación. Solamente Lorenza (XXIII) subraya que también en Juliaca, su lugar de origen, hay ahora dos universidades que ofrecen oportunidades a los jóvenes. Hay también unanimidad en valorar Lima como un mercado de trabajo más interesante. En cuanto a la valoración de las distintas variedades lingüísticas de los lugares de origen, la mayoría considera que el español de Lima es mejor que el de provincias.

»En definitiva, la valoración implícita a la geografía “commonsense” se hace en términos de cantidad (más cosas, más grande), de evolución (más moderno, más evolucionado) y de educación (más correcto); algunas informantes, no obstante, desarrollan criterios de evaluación individuales basados por ejemplo en los valores, la autenticidad de la vida, etc.

»En algunos de los ejemplos que muestran comparación, observamos la interferencia del paradigma de los locativos en /-í/:

»(9) a. (XXVI) Cuando llegué, bueno, me pareció bonito. Más mejor porque era más mejor que la provincia de Huancayo, era más bonito acá. [...] Porque hay más- allí hay unas- más facilidades acá para poder estudiar que... Acá, puede ser un ejemplo que el instituto de acá tiene el mismo balance que la universidad de Huancayo.

»b. (XXVII) Porque allá el estudio no es tanto como en Lima. No se preocupan tanto por la educación. Entonces porque aquí en Lima sí había- de todas maneras tenía un nivel alto que en provincia. Cuando yo vine con tercer grado de allá, me bajaron a segundo grado.


»A la vista de casos como estos, podríamos pensar que el paradigma de locativos en /-á/ es insuficiente para caracterizar, comparar y valorar los espacios diferenciados de manera particular por cada informante. Cuando se trata de matizar el esquema categorial colectivo o de posicionarse frente a los espacios definidos, caracterizados, las narradoras recurren a herramientas lingüísticas diversas. Vamos a dar una visión de conjunto de los valores encontrados en el paradigma de locativos en /-í/ antes de afrontar cómo estas mujeres explotan el juego completo de locativos en sus narraciones.




»Conclusión

»El análisis del uso de los adverbios locativos en el sentido expresado por Schegloff nos ha permitido no solamente reconstruir la geografía “comonsense” como contexto de las historias de migración recopiladas, sino que ha contribuido a explicitar la relación existente entre las referencias espaciales y la construcción de la identidad que hacen las migrantes a través de sus discursos. También ha permitido comprobar que el uso de los locativos contribuye a recrear el “issue of recognizability”, (SCHEGLOFF, 1971/1972, 110) es decir, el posicionamiento social de las migrantes:

»It is by reference to the adequate recognizability of detail, including place names, that one is in this sense a member, and those who do not share such recognition are ‘strangers’ (SCHEGLOFF, 1971/1972, 113). [NOTA 10]


»Las informantes que quieren presentar solo su asimilación al discurso establecido se limitan a usar los locativos en /-á/ de manera no comprometida para ellas. El sometimiento a este discurso socialmente aceptado les permite marginar sus experiencias individuales y manejar la “vergüenza de ser ellas mismas” que deviene de manera lógica de este discurso mediante el uso de “máscaras para ser otros” (MONTOYA, 1992, 29). Carlos Iván Degregori (1993, 125) define este discurso como una estrategia predominante en las migrantes andinas en Lima: “La lengua y el vestido tradicional, los dos marcadores étnicos más visibles, son dejados de lado para evitar la estigmatización en las ciudades”. Sin embargo, también observamos que este contexto es variable en función del objetivo interactivo desarrollado por las informantes: “Interactants particularize their contributions so as to exhibit attention to the ‘this-one-here-and-now-for-us-at-this-point-in-it’ character of the interaction.” [NOTA 11] (SCHEGLOFF, 1971/1972, 131) Las informantes con alguna tendencia a la singularización en la construcción de su identidad crean un contexto más complejo que matiza la geografía “commonsense”. Además de los locativos en /-á/ necesitan entonces explotar los locativos en /-í/ que les permite matizar sus discursos sobre los grandes espacios conceptuales “acá”–“allá”, lo que hacen a partir de sus experiencias individuales vividas.

»Los valores de las referencias espaciales que encontramos no son extraordinarios, pues ya han sido descritos de manera general por distintos estudiosos. Lo que sí es novedoso en este trabajo es analizar el uso que las migrantes hacen de estos locativos en función de la contextualización específica de los mismos en una geografía “commonsense” que reconstruimos en el corpus. Es preciso señalar que encontramos los mismos valores contextualizados de los adverbios locativos en el corpus que Rocío Caravedo (1989) recopiló a partir de entrevistas orales a personas de una posición sociocultural mucho más elevada que las informantes en las que se basa este artículo. Es decir, que la particularidad de nuestros resultados no se encuentra en la dimensión sistémica observada, sino en el uso específico que cada narradora hace de los recursos gramaticales limitados que el sistema de la lengua pone a su disposición (HICKMANN/ROBERT, 2006, 4). Lo que varía es la manera en la que cada hablante explota el juego de locativos que está a su disposición. Así, consideramos que la explotación del juego de locativos es una de las herramientas lingüísticas de las que se sirven las informantes para desarrollar su estrategia narrativa y efectuar la construcción particular de su identidad. La variación que muestran en la creación de sus estrategias pasa por el uso de los locativos de un solo paradigma, por la explotación (de partes) del juego de locativos completo o por la combinación creativa de valores semánticos y pragmáticos de estos.

»Por medio del análisis del uso particular de formas lingüísticas específicas, el sistema de locativos en español, hemos obtenido algunas conclusiones relevantes para el análisis de las formas lingüísticas, que pueden reducirse a lo siguiente: la necesidad de abordar el análisis lingüístico teniendo en cuenta tanto la creatividad y economía inherentes al sistema de la lengua (MARTINET, 1964, 16) como la complejidad característica de las prácticas sociales en las grandes metrópolis como Lima, (RIVAROLA, 1990; CERRON PALOMINO, 2003; GARATEA GRAU, 2010; GODENZZI, por aparecer). Igualmente, necesitamos tomar en consideración no solamente el contexto “commonsense” en el que se inscribe el uso de las formas lingüísticas, sino también la re-/co-/construcción, apropiación y transformación particular que hace de este contexto cada hablante en función de sus objetivos conversacionales y de sus estrategias discursivas. Consideramos, en definitiva, que la combinación del análisis de las formas lingüísticas y de las estrategias discursivas es indispensable para satisfacer las exigencias y los retos que enfrenta la investigación en los escenarios complejos actuales como el presentado en este trabajo.




»Notas

»[NOTA 5] De allí no tiene valor espacial sino temporal similar a ‘después’. Es un marcador que permite avanzar en el relato. En el español peninsular se usaría de ahí.

»[NOTA 6] De acá para allá es una locución adverbial que significa de una parte a otra sin permanecer en ninguna (Diccionario de la lengua española: http://drae.rae.es/ ).

»[NOTA 10] Traducción: La membresía o pertenencia a un grupo se reconoce por las referencias a detalles concretos, incluyendo los nombres de lugares, por lo que los que no comparten estas referencias son ‘extranjeros’.

»[NOTA 11] Traducción: Los interlocutores desarrollan contribuciones individualizadas en las que destacan el carácter situacional de la interacción, en el ‘ahorita-y-aquí-mismo-para-nosotros’.




»Referencias

»CARAVEDO, R. 1989. Estudios sobre el español de Lima. Lima: PUCP, Fondo Editorial.

»CERRON PALOMINO, R. 2003. Castellano Andino. Aspectos sociolingüísticos, pedagógicos y gramaticales. Lima: PUCP.

»DEGREGORI, C.I. 1993. “Identidad étnica, movimientos sociales y participación política en el Perú”. En: ADRIANZEN, A. (ed.). Las formas políticas de la democracia en los países andinos. Lima: Instituto de Estudios peruanos/IFEA, 113-133.

»GARATEA GRAU, C. 2010. Tras una lengua de papel. El español del Perú. Lima: Fondo Editorial PUCP.

»GODENZZI, J.C. Por aparecer. “Ecological approach to language in urban processes: The case of Spanish in Lima”. En: LUDWIG, R. / MÜHLHÄUSLER, P. / PAGEL, S. (eds.). Language ecology and language contact. Amsterdam, Benjamins.

»HICMKANN, M. / ROBERT, S. 2006. Space in Languages. Amsterdam: Benjamins.

»MARTINET, A. 1964. Eléments de linguistique générale. Paris: Armand Collin.

»MONTOYA, R. 1992. Al borde del naufragio. Lima: SUR.

»RIVAROLA, J.L. 1990. La formación lingüística de Hispanoamérica. Lima: Fondo Editorial PUCP.

»SCHEGLOFF, E.A. 1971/1972. “Notes on a Conversational Practice: Formulating Place”. En: GIGLIONI, P.P. (ed.). Language and Social Context. Baltimore: Penguin Books, 95-251.»