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marzo 13, 2023

sigla



Academia Española de la Lengua
Diccionario panhispánico de dudas
«Artículos temáticos»
s.v. sigla




sigla



1. Se llama sigla tanto a la palabra formada por las iniciales de los términos que integran una denominación compleja, como a cada una de esas letras iniciales. Las siglas se utilizan para referirse de forma abreviada a organismos, instituciones, empresas, objetos, sistemas, asociaciones, etc.



2. Tipos de siglas según su lectura

a) Hay siglas que se leen tal como se escriben, las cuales reciben también el nombre de acrónimos (→ ACRÓNIMO): ONU, OTAN, láser, ovni. Muchas de estas siglas acaban incorporándose como sustantivos al léxico común. Cuando una sigla está compuesta solo por vocales, cada una de ellas se pronuncia de manera independiente y conserva su acento fonético: OEA (Organización de Estados Americanos) se pronuncia [ó-é-á].

b) Hay siglas cuya forma impronunciable obliga a leerlas con deletreo: FBI [éfe-bé-í], DDT [dé-dé-té], KGB [ká-jé-bé]. Integrando las vocales necesarias para su pronunciación, se crean a veces, a partir de estas siglas, nuevas palabras: elepé (de LP, sigla del ingl. long play ‘larga duración’).

c) Hay siglas que se leen combinando ambos métodos: CD-ROM [se-de-rrón, ze-de-rrón] (sigla del ingl. Compact Disc Read-Only Memory ‘disco compacto de solo lectura’). También en este caso pueden generarse palabras a partir de la sigla: cederrón.



3. Plural. Aunque en la lengua oral tienden a tomar marca de plural ([oenejés] = ‘organizaciones no gubernamentales’), son invariables en la escritura: las ONG; por ello, cuando se quiere aludir a varios referentes es recomendable introducir la sigla con determinantes que indiquen pluralidad: Representantes de algunas/varias/numerosas ONG se reunieron en Madrid. Debe evitarse el uso, copiado del inglés, de realizar el plural de las siglas añadiendo al final una s minúscula, precedida o no de apóstrofo: CD’s, ONGs.



4. Género. Las siglas adoptan el género de la palabra que constituye el núcleo de la expresión abreviada, que normalmente ocupa el primer lugar en la denominación: el FMI, por el «Fondo» Monetario Internacional; la OEA, por la «Organización» de Estados Americanos; la Unesco, por la United Nations Educational, Scientific and Cultural «Organization» (‘Organización de Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura’). Las siglas son una excepción a la regla que obliga a utilizar la forma el del artículo cuando la palabra femenina que sigue comienza por /a/ tónica (→ el, 2.1 y 2.3a); así, se dice la AFE (y no el AFE), por «Asociación» de Futbolistas Españoles, ya que la palabra asociación no comienza por /a/ tónica.



5. Ortografía

a) Las siglas se escriben hoy sin puntos ni blancos de separación. Solo se escribe punto tras las letras que componen las siglas cuando van integradas en textos escritos enteramente en mayúsculas: MEMORIA ANUAL DEL C.S.I.C.

b) Las siglas presentan normalmente en mayúscula todas las letras que las componen (OCDE, DNI, ISO) y, en ese caso, no llevan nunca tilde; así, CIA (del ingl. Central Intelligence Agency) se escribe sin tilde, a pesar de pronunciarse [sía, zía], con un hiato que exigiría acentuar gráficamente la i. Las siglas que se pronuncian como se escriben, esto es, los acrónimos, se escriben solo con la inicial mayúscula si se trata de nombres propios y tienen más de cuatro letras: Unicef, Unesco; o con todas sus letras minúsculas, si se trata de nombres comunes: uci, ovni, sida. Los acrónimos que se escriben con minúsculas sí deben someterse a las reglas de acentuación gráfica (→ TILDE2): láser.

c) Si los dígrafos ch y ll forman parte de una sigla, va en mayúscula el primer carácter y en minúscula el segundo: PCCh, sigla de Partido Comunista de China.

d) Se escriben en cursiva las siglas que corresponden a una denominación que debe aparecer en este tipo de letra cuando se escribe completa; esto ocurre, por ejemplo, con las siglas de títulos de obras o de publicaciones periódicas: DHLE, sigla de Diccionario histórico de la lengua española; RFE, sigla de Revista de Filología Española.

e) Las siglas escritas en mayúsculas nunca deben dividirse con guion de final de línea.



6. Hispanización de las siglas. Siempre que sea posible, se hispanizarán las siglas: OTAN, y no NATO; ONU, y no UNO. Solo en casos de difusión general de la sigla extranjera y dificultad para hispanizarla, o cuando se trate de nombres comerciales, se mantendrá la forma original: Unesco, sigla de United Nations Educational, Scientific and Cultural Organization; CD-ROM, sigla de Compact Disc Read-Only Memory; IBM, sigla de International Business Machines. Tampoco deben hispanizarse las siglas de realidades que se circunscriben a un país extranjero, sin correspondencia en el propio: IRA, sigla de Irish Republic Army; KGB, sigla de Komitet Gosudárstvennoy Bezopásnosti. La primera vez que se emplea una sigla en un texto, y salvo que sea de difusión tan generalizada que se sepa fácilmente interpretable por la inmensa mayoría de los lectores, es conveniente poner a continuación, y entre paréntesis, el nombre completo al que reemplaza y, si es una sigla extranjera, su traducción o equivalencia: DEA (Drug Enforcement Administration, departamento estadounidense de lucha contra las drogas); o bien escribir primero la traducción o equivalencia, poniendo después la sigla entre paréntesis: la Unión Nacional Africana de Zimbabue (ZANU).



7. Lectura. Las siglas se leen sin restablecer la expresión a la que reemplazan, siguiendo el procedimiento que requiera su forma (→ 2): lectura silábica, deletreo o lectura mixta.



8. Las siglas suelen omitir para su formación los artículos, las preposiciones y las conjunciones que aparecen en la denominación completa, salvo cuando se desea facilitar su pronunciación, convirtiéndolas en acrónimos (→ ACRÓNIMO, 1).






marzo 06, 2023

raya



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s.v. raya




raya



1. Signo de puntuación representado por un trazo horizontal (—) de mayor longitud que el correspondiente al guion (-) (→ GUION2 o GUION), con el cual no debe confundirse. Cuando se usan dos rayas (una de apertura y otra de cierre) para introducir un inciso dentro de un período más extenso, estas se escriben pegadas a la primera y a la última palabra del período que enmarcan, y separadas por un espacio de la palabra o signo que las precede o las sigue; pero si lo que sigue a la raya de cierre es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos.



2. Usos


2.1. Para encerrar aclaraciones o incisos:

Para él la fidelidad —cualidad que valoraba por encima de cualquier otra— era algo sagrado.


Para esto pueden utilizarse también las comas (→ COMA2, 1.1) o los paréntesis (→ PARÉNTESIS, 2a). Los incisos entre rayas suponen un aislamiento mayor con respecto al texto en el que se insertan que los que se escriben entre comas, pero menor que los que se escriben entre paréntesis. La raya de cierre en los incisos no se suprime aunque detrás de ella deba aparecer un punto o cualquier otro signo de puntuación:

Esperaba a Emilio —un gran amigo—. Lamentablemente, no vino.

Esperaba a Emilio —un gran amigo—, que, lamentablemente, no vino.



2.2. Para introducir una nueva aclaración o inciso en un texto ya encerrado entre paréntesis:

Si desea más información sobre este tema (la bibliografía existente —incluso en español— es bastante extensa), deberá acudir a otras fuentes.


Para intercalar algún dato o precisión en un inciso escrito entre rayas, han de usarse los paréntesis (→ PARÉNTESIS, 2b):

Venezuela —primer lugar de tierra firme avistado por Colón en su tercer viaje a América (1498)— tenía, por aquel entonces, unos 300 000 habitantes.



2.3. En la reproducción escrita de un diálogo, la raya precede a la intervención de cada uno de los interlocutores, sin que se mencione el nombre de estos:

—¿Cuándo volverás? —No tengo ni idea. —¡No tardes mucho! —No te preocupes. Volveré lo antes posible.


Normalmente, en las novelas y otros textos de carácter narrativo, las intervenciones de cada uno de los personajes se escriben en líneas distintas. Como se ve en el ejemplo, no debe dejarse espacio de separación entre la raya y el comienzo de cada una de las intervenciones.



2.4. En textos narrativos, la raya se utiliza también para introducir o enmarcar los comentarios y precisiones del narrador a las intervenciones de los personajes. En este uso debe tenerse en cuenta lo siguiente:


a) No se escribe raya de cierre si tras el comentario del narrador no sigue hablando inmediatamente el personaje:

—Espero que todo salga bien —dijo Azucena con gesto ilusionado. / A la mañana siguiente, Azucena se levantó nerviosa.


b) Se escriben dos rayas, una de apertura y otra de cierre, cuando las palabras del narrador interrumpen la intervención del personaje y esta continúa inmediatamente después:

—Lo principal es sentirse viva —añadió Pilar—. Afortunada o desafortunada, pero viva.


c) Cuando el comentario o aclaración del narrador va introducido por un verbo de habla (decir, añadir, asegurar, preguntar, exclamar, reponer, etc.), su intervención se inicia en minúscula, aunque venga precedida de un signo de puntuación que tenga valor de punto, como el signo de cierre de interrogación o de exclamación:

—¡Qué le vamos a hacer! —exclamó resignada doña Patro


y no:

—¡Qué le vamos a hacer! —Exclamó resignada doña Patro.


Si la intervención del personaje continúa tras las palabras del narrador, el signo de puntuación que corresponda al enunciado interrumpido se debe colocar tras la raya que cierra el inciso del narrador:

—Está bien —dijo Carlos—; lo haré, pero que sea la última vez que me lo pides.


d) Cuando el comentario del narrador no se introduce con un verbo de habla, las palabras del personaje deben cerrarse con punto y el inciso del narrador debe iniciarse con mayúscula:

—No se moleste. —Cerró la puerta y salió de mala gana.


Si tras el comentario del narrador continúa el parlamento del personaje, el punto que marca el fin del inciso narrativo se escribe tras la raya de cierre:

—¿Puedo irme ya? —Se puso en pie con gesto decidido—. No hace falta que me acompañe. Conozco el camino.


e) Si el signo de puntuación que hay que poner tras el inciso del narrador son los dos puntos, estos se escriben también tras la raya de cierre:

—Anoche estuve en una fiesta —me confesó, y añadió—: Conocí a personas muy interesantes.



2.5. Las rayas se usan también para enmarcar los comentarios del transcriptor de una cita textual:

«Es imprescindible —señaló el ministro— que se refuercen los sistemas de control sanitario en las fronteras».



2.6. La raya sirve asimismo para introducir cada uno de los elementos de una relación que se escriben en líneas independientes. En este caso, debe dejarse un espacio en blanco entre la raya y el texto que sigue. A la hora de puntuar este tipo de relaciones, hay dos opciones:


a) Escribir con inicial minúscula cada uno de los conceptos, cerrando los enunciados con punto y coma, excepto el último, que se cerrará con punto:

Las funciones del lenguaje, según Jakobson, son seis:

— expresiva;

— fática;

— conativa;

— referencial;

— poética;

— metalingüística.


Cuando los elementos que se relacionan son simples, como ocurre en el ejemplo anterior, es posible eliminar la puntuación:

Las funciones del lenguaje, según Jakobson, son seis:

— expresiva

— fática

— conativa

— referencial

— poética

— metalingüística


b) Escribir con inicial mayúscula cada uno de los conceptos, cerrando los enunciados con punto, opción recomendada cuando la relación se compone de enunciados completos:

Entre los rasgos del castellano hablado en Aragón, sobresalen los siguientes:

— La entonación es claramente ascendente y hay tendencia a alargar la vocal final.

— Se evita el acento en posición esdrújula.

— El sufijo diminutivo dominante es -ico.

— Se emplea mucho la partícula pues.


La raya puede sustituirse, en estos casos, por letras con paréntesis, números u otros signos.



2.7. En listas alfabéticas, índices bibliográficos y otros repertorios, la raya al comienzo de una línea se usa para indicar que en ese renglón se omite, para no repetirlo, un elemento común ya expresado en la primera de sus menciones. También en este caso debe dejarse un espacio en blanco después de la raya:

Verbos intransitivos

— irregulares

— regulares

— transitivos


Tras la raya de sustitución no debe escribirse el signo de puntuación que sigue, si lo hubiere, a la expresión sustituida; así, en el ejemplo siguiente, no deben escribirse tras las rayas los dos puntos que sí aparecen, en la primera mención, tras el nombre del autor:

ORTEGA Y GASSET, J.: Artículos (1917-33).

— Idea del teatro (1946).

— La rebelión de las masas (1930).



2.8. La raya se usa precedida de un punto (.—) en los casos siguientes:


a) En los epígrafes internos de un libro, cuando el texto que sigue comienza en la misma línea:

Género de los sustantivos.— Por el género, los sustantivos se dividen en español en femeninos y masculinos. El género neutro no existe en español. Decimos que un nombre es femenino o masculino cuando...


b) En la edición de obras teatrales, para separar el nombre de cada uno de los personajes del texto de sus intervenciones:

MARÍA.—¿Dónde vas?

JUAN.—A dar una vuelta.






mayo 31, 2017

triptongo



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s.v. triptongo




triptongo



1. Es la secuencia de tres vocales que forman parte de una misma sílaba: a - pre - ciáis, co - piéis, buey. Para que exista un triptongo han de combinarse dos vocales cerradas (i, u) átonas y, en medio de estas, una vocal abierta (a, e, o): anunciáis, guau, miau, confiéis. No son triptongos en español las secuencias de vocal cerrada + vocal abierta + vocal cerrada cuando alguna de las dos vocales cerradas es tónica. Lo que hay en esos casos es un hiato seguido de un diptongo, cuando es tónica la primera vocal cerrada: vivíais (vi - ví - ais); o un diptongo seguido de un hiato, cuando es tónica la segunda vocal cerrada: limpiaúñas (lim - pia - ú - ñas).

2. Una misma secuencia de vocal cerrada átona +vocal abierta + vocal cerrada átona puede pronunciarse, en unas palabras, formando parte de la misma sílaba, esto es, como un triptongo y, en otras, en dos sílabas diferentes, es decir, como un hiato (→ HIATO, 1) seguido de un diptongo (→ diptongo, 1), o viceversa; así, la secuencia iei se pronuncia como triptongo en la palabra cambiéis [kam - biéis] y como hiato + diptongo en confiéis [kon - fi - éis], al menos en España y en los países americanos en los que la tendencia antihiática es menos fuerte. Sin embargo, a efectos de acentuación gráfica, cualquier secuencia formada por una vocal abierta entre dos vocales cerradas átonas siempre se considerará un triptongo, con independencia de su articulación real en una o en dos sílabas (→ tilde2, 2.3.1).






mayo 24, 2017

símbolo



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s.v. símbolo




símbolo



1. Los símbolos son abreviaciones de carácter científico-técnico y están constituidos por letras o por signos no alfabetizables. En general, son fijados convencionalmente por instituciones de normalización y poseen validez internacional. No obstante, hay símbolos de uso tradicional que no han sido fijados por las instituciones de normalización, cuya validez se restringe muchas veces a ámbitos geográficos limitados; es el caso, por ejemplo, del símbolo O (Oeste), usado en el ámbito hispánico, y que, en el sistema internacional, es W (del ingl. West). Los símbolos más comunes son los referidos a unidades de medida (m, kg, lx), elementos químicos (Ag, C, Fe), operaciones y conceptos matemáticos (+, ¬, %), monedas ($, £, ¥, €, CLP) y puntos cardinales (N, S, SE). También se utilizan símbolos para denominar abreviadamente los libros de la Biblia: Gn (Génesis), Ex (Éxodo), Lv (Levítico). Para consultar la lista de los principales símbolos alfabetizables, → APÉNDICE 3. Para consultar la lista de los principales símbolos y signos no alfabetizables, → APÉNDICE 4.



2. Diferencia con las abreviaturas. Los símbolos constituidos por letras son semejantes a las abreviaturas, pero se distinguen de ellas en los aspectos siguientes:

a) Se escriben siempre sin punto: cg por centigramo, N por Norte, He por helio.

b) No llevan nunca tilde, aunque mantengan la letra que la lleva en la palabra que representan: a (y no á) por área y ha (y no há) por hectárea.

c) No varían de forma en plural: 25 km por veinticinco kilómetros, 2 C por dos carbonos.



3. Formación. Suelen formarse con la primera letra de la palabra que representan: N por Norte, H por hidrógeno, K por el lat. cient. kalium (‘potasio’); o con la primera letra de cada uno de los formantes, en el caso de las unidades de medida constituidas por un prefijo y una unidad simple: kg por kilogramo, cm por centímetro. En algunos casos, para evitar la confusión con otro símbolo, se añade a la inicial una segunda letra: Fe por el lat. ferrum (‘hierro’), para evitar su confusión con la F de flúor.



4. Mayúsculas y minúsculas. Los símbolos de los puntos cardinales se escriben siempre con mayúscula, aunque estén constituidos por dos letras: N, SE. Los de los elementos químicos se escriben con una sola letra mayúscula: C, O; o, si están constituidos por dos letras, con una combinación de mayúscula y minúscula: Ag, Fe. Los de las unidades de medida se escriben normalmente con minúscula (g, dm, ha), salvo los de aquellas unidades que tienen su origen en nombres propios de persona, que se escriben con mayúscula: N por newton (de Isaac Newton), W por vatio (de Jacobo Watt); o los de aquellas que incorporan prefijos para formar múltiplos (unidades superiores a la establecida como referencia), ya que los símbolos de estos prefijos, con la excepción de kilo- (k-), hecto- (h-) y deca- (da-), se escriben con mayúscula: M- (mega-), G- (giga-), T- (tera-), etc.; por el contrario, los símbolos de los prefijos utilizados para formar submúltiplos (unidades inferiores a la establecida como referencia) se escriben siempre con minúscula: d- (deci-), c- (centi-), m- (mili-), etc. Por último, los símbolos de las unidades monetarias, cuando están constituidos por letras, se escriben con todos sus componentes en mayúscula: ARP, símbolo del peso argentino; ECS, símbolo del sucre ecuatoriano.



5. Situación respecto de la cifra a la que acompañan

a) Se escriben normalmente pospuestos y dejando un blanco de separación: 18 $, 4 km, 125 m2, 4 H. Se exceptúan el símbolo del porcentaje y el de los grados, que se escriben pegados a la cifra a la que acompañan: 25%, 12º. Los grados de temperatura tienen una ortografía diversa, según que aparezca o no especificada la escala en que se miden; así, se escribirá 12º, pero 12 ºC por doce grados Celsius.

b) Para las monedas, el uso en España prefiere la escritura pospuesta y con blanco de separación, como es normal en el resto de los símbolos: 3 £, 50 $; en cambio, en América, por influjo anglosajón, los símbolos monetarios, cuando no son letras, suelen aparecer antepuestos y sin blanco de separación: £3, $50. Hay que tener siempre cuidado de no separar en renglones diferentes la cifra y el símbolo que la acompaña (3 / $).



6. Lectura. Cuando se lee un símbolo, ha de desarrollarse toda la palabra representada, salvo que esté integrado en una fórmula química o matemática, en que lo normal es el deletreo: H2O [áche-dós-ó], 2πr ([dós-pí-érre]).






mayo 17, 2017

yeísmo



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s.v. yeísmo




yeísmo



Consiste en pronunciar como /y/, en sus distintas variedades regionales, el dígrafo ll (→ ll): [kabáyo] por caballo, [yéno] por lleno. El yeísmo está extendido en amplias zonas de España y de América y, aunque quedan aún lugares en que pervive la distinción en la pronunciación de ll e y, es prácticamente general entre los jóvenes, incluso entre los de regiones tradicionalmente distinguidoras. Su presencia en amplias zonas, así como su creciente expansión, hacen del yeísmo un fenómeno aceptado en la norma culta.






mayo 03, 2017

seseo



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s.v. seseo




seseo



1. Consiste en pronunciar las letras c (ante e, i) y z con el sonido que corresponde a la letra s (→ s, 2); así, un hablante seseante dirá [serésa] por «cereza», [siérto] por «cierto», [sapáto] por «zapato».

2. El seseo es general en toda Hispanoamérica y, en España, lo es en Canarias y en parte de Andalucía, y se da en algunos puntos de Murcia y Badajoz. También existe seseo entre las clases populares de Valencia, Cataluña, Mallorca y el País Vasco, cuando hablan castellano, y se da asimismo en algunas zonas rurales de Galicia. El seseo meridional español (andaluz y canario) y el hispanoamericano gozan de total aceptación en la norma culta.






abril 19, 2017

queísmo



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s.v. queísmo




queísmo


Es la supresión indebida de una preposición (generalmente de) delante de la conjunción que, cuando la preposición viene exigida por alguna palabra del enunciado.



1. No debe suprimirse la preposición en los casos siguientes:


a) Con verbos pronominales que se construyen con un complemento de régimen: “acordarse DE” algo, “alegrarse DE” algo, “arrepentirse DE” algo, “fijarse EN” algo, “olvidarse DE” algo, “preocuparse DE” o “POR” algo, etc.:

Me alegro DE QUE hayáis venido.
No:
Me alegro QUE hayáis venido.

Me olvidé DE QUE tenía que llamarte.
No:
Me olvidé QUE tenía que llamarte.

Te preocupaste DE o POR QUE no pasáramos calamidades.
No:
Te preocupaste QUE no pasáramos calamidades.

Se acordaba DE QUE en esa casa había vivido un amigo suyo.
No:
Se acordaba QUE en esa casa había vivido un amigo suyo.

Me fijé EN QUE tenía manchas en la cara.
No:
Me fijé QUE tenía manchas en la cara.

No me acordé DE QUE era tu cumpleaños.
No:
No me acordé QUE era tu cumpleaños).

Algunos de estos verbos, cuando se usan en forma no pronominal, se construyen sin preposición, pues, en ese caso, la oración subordinada ejerce de sujeto o de complemento directo:

Me alegró QUE vinieras.
No:
Me alegró DE QUE vinieras.

Olvidé QUE tenía que ir al dentista.
No:
Olvidé DE QUE tenía que ir al dentista)

(→ [Véase en el DPD:] DEQUEÍSMO, 1a y b).


b) Con verbos no pronominales que se construyen con un complemento de régimen: “convencer DE” algo, “insistir EN” algo, “tratar DE” algo (en el sentido de ‘procurarlo, intentarlo’), etc.:

Lo convencí DE QUE escribiera el artículo.
No:
Lo convencí QUE escribiera el artículo.

Insistió EN QUE nos quedáramos a cenar.
No:
Insistió QUE nos quedáramos a cenar.

Trato DE QUE estéis a gusto.
No:
Trato QUE estéis a gusto.


c) Con sustantivos que llevan complementos preposicionales:

Iré con la condición DE QUE vayáis a recogerme.
No:
Iré con la condición QUE vayáis a recogerme.

Tengo ganas DE QUE llueva.
No:
Tengo ganas QUE llueva.

Ardo en deseos DE QUE vengas a verme.
No:
Ardo en deseos QUE vengas a verme.


d) Con adjetivos que llevan complementos preposicionales:

Estamos seguros DE QUE acertaremos.
No:
Estamos seguros QUE acertaremos.

Estoy convencido DE QUE llegarás lejos.
No:
Estoy convencido QUE llegarás lejos.


e) En locuciones como “a pesar DE QUE” (no “a pesar QUE”), “a fin DE QUE” (no “a fin QUE”), “a condición DE QUE” (no “a condición QUE”), “en caso DE QUE” (no “en caso QUE”), etc.


f) En la construcción “hasta el punto DE QUE” (no “hasta el punto QUE”).


g) En las locuciones verbales “caber”, o “haber”, “duda DE algo”, “caer en la cuenta DE algo”, “darse cuenta DE algo”:

No cabe duda DE QUE es un gran escritor.
No:
No cabe duda QUE es un gran escritor.

Pronto cayó en la cuenta DE QUE estaba solo.
No:
Pronto cayó en la cuenta QUE estaba solo.

Nos dimos cuenta DE QUE era tarde.
No:
Nos dimos cuenta QUE era tarde.

No deben confundirse las locuciones “caer en la cuenta”, “darse cuenta”, que exigen de, con “tener en cuenta”, que no exige la preposición:

No tiene en cuenta QUE nos esforzamos.
No:

No tiene en cuenta DE QUE nos esforzamos.



2. Los verbos advertir, avisar, cuidar, dudar e informar en sus acepciones más comunes, pueden construirse de dos formas: advertir [algo] a alguien y advertir DE algo [a alguien]; avisar [algo] a alguien y avisar DE algo [a alguien]; cuidar [algo o a alguien] y cuidar DE algo o alguien; dudar [algo] y dudar DE algo; informar [algo] a alguien (en América) e informar DE algo [a alguien] (en España).

Por tanto, con estos verbos, la presencia de la preposición “de” delante de la conjunción “que” no es obligatoria (→ [Véanse en el DPD:] advertir, avisar, cuidar(se), dudar, informar(se)).



3. Para determinar en cada caso si debe emplearse la secuencia de “preposición + que” o simplemente que, → [Véase en el DPD:] DEQUEÍSMO, 3.



4. Para las expresiones formadas por el verbo dar seguido de algunos sustantivos abstractos que designan sentimiento, como vergüenza, miedo, pena, rabia, etc., → [Véase en el DPD:] dar(se), 5.



5. antes (de) que, después (de) que, con tal (de) que. → [Véanse en el DPD:] antes, después, tal.





abril 12, 2017

puntuación → signos ortográficos



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s.v. signos ortográficos




puntuación → signos ortográficos



signos ortográficos



Son todas aquellas marcas gráficas que, no siendo números ni letras, aparecen en los textos escritos con el fin de contribuir a su correcta lectura e interpretación. Cada uno de ellos tiene una función propia y unos usos establecidos por convención. Hay signos de puntuación y signos auxiliares.


a) Signos de puntuación. Sus funciones son marcar las pausas y la entonación con que deben leerse los enunciados, organizar el discurso y sus diferentes elementos para facilitar su comprensión, evitar posibles ambigüedades en textos que, sin su empleo, podrían tener interpretaciones diferentes, y señalar el carácter especial de determinados fragmentos de texto —citas, incisos, intervenciones de distintos interlocutores en un diálogo, etc.—. La información relativa al uso específico de cada signo se ofrece en su entrada correspondiente (→ [Véanse en el Diccionario Panhispánico de Dudas los artículos dedicados a:] coma; comillas; corchete; dos puntos; interrogación y exclamación (signos de); paréntesis; punto; puntos suspensivos; punto y coma; raya).


b) Signos auxiliares. Sus funciones son muy variadas y se explican en las entradas correspondientes a cada uno de ellos (→ [Véanse en el Diccionario Panhispánico de Dudas los artículos dedicados a:] apóstrofo; asterisco; barra; diéresis; guion2 o guión; llave; párrafo; tilde2).





abril 05, 2017

punto y coma



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s.v. punto y coma




punto y coma



1. Signo de puntuación (;) que indica una pausa mayor que la marcada por la coma y menor que la señalada por el punto. Se escribe pegado a la palabra o el signo que lo precede, y separado por un espacio de la palabra o el signo que lo sigue.

La primera palabra que sigue al punto y coma debe escribirse siempre con minúscula (la única excepción se da en obras de contenido lingüístico, en las que es práctica común separar con este signo de puntuación los diferentes ejemplos que se ofrecen, cada uno de los cuales, cuando se trata de enunciados independientes, comienza, como es natural, con mayúscula; de este uso excepcional y contrario a la norma que rige en la lengua general hay abundantes ejemplos en esta misma obra).



2. El punto y coma es, de todos los signos de puntuación, el que presenta un mayor grado de subjetividad en su empleo, pues, en muchos casos, es posible optar, en su lugar, por otro signo de puntuación, como el punto y seguido, los dos puntos o la coma; pero esto no significa que el punto y coma sea un signo prescindible.



3. Usos


a) Para separar los elementos de una enumeración cuando se trata de expresiones complejas que incluyen comas: “Cada grupo irá por un lado diferente: el primero, por la izquierda; el segundo, por la derecha; el tercero, de frente”. “Se dieron cita el presidente ejecutivo, Francisco Ruiz; el consejero delegado, Pedro García; el vocal, Antonio Sánchez; y el secretario general, Juan González”. Cuando el último elemento de la relación va precedido por una conjunción, delante de esta puede usarse también la coma (→ coma2, 2.1).


b) Para separar oraciones sintácticamente independientes entre las que existe una estrecha relación semántica:

“Era necesario que el hospital permaneciese abierto toda la noche; hubo que establecer turnos.”

“Todo el mundo a casa; ya no hay nada más que hacer.”

En la mayor parte de estos casos, se podría utilizar el punto y seguido. La elección de uno u otro signo depende de la vinculación semántica que quien escribe considera que existe entre los enunciados. Si el vínculo se estima débil, se prefiere usar el punto y seguido; si se juzga más sólido, es conveniente optar por el punto y coma. También se podrían usar los dos puntos, puesto que casi siempre subyacen las mismas relaciones que expresan estos cuando conectan oraciones (→ dos puntos, 1.8).


c) Se escribe punto y coma delante de conectores de sentido adversativo, concesivo o consecutivo, como pero, mas, aunque, sin embargo, por tanto, por consiguiente, etc., cuando las oraciones que encabezan tienen cierta longitud:

“Los jugadores se entrenaron intensamente durante todo el mes; sin embargo, los resultados no fueron los que el entrenador esperaba.”

Si el período encabezado por la conjunción es corto, se usa la coma; y si tiene una extensión considerable, es mejor utilizar el punto y seguido:

“Vendrá, pero tarde.”

“Este año han sido muy escasos los días en que ha llovido desde que se sembraron los campos. Por consiguiente, lo esperable es que haya malas cosechas y que los agricultores se vean obligados a solicitar ayudas gubernamentales.”


d) Se pone punto y coma detrás de cada uno de los elementos de una lista o relación cuando se escriben en líneas independientes y se inician con minúscula, salvo detrás del último, que se cierra con punto:

“Conjugaciones en español:

– verbos terminados en -ar (primera conjugación);

– verbos terminados en -er (segunda conjugación);

– verbos terminados en -ir (tercera conjugación).”



4. El plural del nombre punto y coma es invariable: “Coloque las comas y los punto y coma que considere necesarios en los siguientes enunciados”. No obstante, siempre puede recurrirse, para un plural inequívoco, a la anteposición del sustantivo signos: “Aquel texto estaba plagado de signos de punto y coma”.





marzo 29, 2017

puntos suspensivos



Academia Española de la Lengua
Diccionario Panhispánico de Dudas
«Artículos temáticos»
s.v. puntos suspensivos




puntos suspensivos



1. Signo de puntuación formado por tres puntos consecutivos (...) —y solo tres—, llamado así porque entre sus usos principales está el de dejar en suspenso el discurso. Se escriben siempre pegados a la palabra o el signo que los precede, y separados por un espacio de la palabra o el signo que los sigue; pero si lo que sigue a los puntos suspensivos es otro signo de puntuación, no se deja espacio entre ambos. Si los puntos suspensivos cierran el enunciado, la palabra siguiente debe escribirse con mayúscula inicial: “El caso es que si lloviese... Mejor no pensar en esa posibilidad”; pero si no cierran el enunciado y este continúa tras ellos, la palabra que sigue se inicia con minúscula: “Estoy pensando que... aceptaré; en esta ocasión debo arriesgarme”.



2. Usos


a) Para indicar la existencia en el discurso de una pausa transitoria que expresa duda, temor, vacilación o suspense: “No sé si ir o si no ir... No sé qué hacer”; “Te llaman del hospital... Espero que sean buenas noticias”; “Quería preguntarte... No sé..., bueno..., que si quieres ir conmigo a la fiesta”; “Si yo te contara...”


b) Para señalar la interrupción voluntaria de un discurso cuyo final se da por conocido o sobrentendido por el interlocutor: “A pesar de que prepararon cuidadosamente la expedición, llevaron materiales de primera y guías muy experimentados... Bueno, ya sabéis cómo acabó la cosa”. Es especialmente frecuente este uso cuando se reproduce un refrán o un fragmento literario de sobra conocido: “Más vale pájaro en mano..., así que dámelo ahora mismo”; “Y en mitad de la fiesta, se subió a una mesa y comenzó a recitar: ‘Con diez cañones por banda...’”.


c) Para evitar repetir la cita completa del título largo de una obra que debe volver a mencionarse: “La obra ‘Yo era un tonto y lo que he visto me ha hecho dos tontos’, de Rafael Alberti, está llena de grandes aciertos. Los versos de ‘Yo era un tonto...’ contienen algunos de los mejores hallazgos expresivos del autor.”


d) Para insinuar, evitando su reproducción, expresiones o palabras malsonantes o inconvenientes: “¡Qué hijo de... está hecho!”. A veces se colocan tras la letra inicial del término que se insinúa: “Vete a la m... No te aguanto más”.


e) Cuando, por cualquier otro motivo, se desea dejar el enunciado incompleto y en suspenso: “Fue todo muy violento, estuvo muy desagradable... No quiero seguir hablando de ello”.


f) Sin valor de interrupción del discurso, sino con intención enfática o expresiva, para alargar entonativamente un texto: “Ser... o no ser... Esa es la cuestión”.


g) Al final de enumeraciones abiertas o incompletas, con el mismo valor que la palabra etcétera o su abreviatura: “Puedes hacer lo que quieras: leer, ver la televisión, oír música...”. Debe evitarse, por redundante, la aparición conjunta de ambos elementos:

* “Puedes hacer lo que quieras: leer, ver la televisión, oír música..., etc.”

* “Puedes hacer lo que quieras: leer, ver la televisión, oír música, etcétera...”


h) Entre corchetes [...] (→ CORCHETE, 2e) o entre paréntesis (...) (→ PARÉNTESIS, 2e), los puntos suspensivos indican la supresión de una palabra o un fragmento en una cita textual: “Fui don Quijote de la Mancha y soy agora [...] Alonso Quijano el Bueno” (Cervantes Quijote II [Esp. 1615]).

Si se quiere dejar claro que la reproducción de una cita textual no se hace desde el comienzo mismo del enunciado, es posible escribir puntos suspensivos al inicio de la cita, sin paréntesis ni corchetes, dejando un blanco de separación respecto de la palabra a la que preceden: “Al final de la obra, don Quijote pide ‘... un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento’”. Asimismo, cuando la reproducción de la cita queda incompleta por su parte final, es posible escribir puntos suspensivos, sin paréntesis ni corchetes y sin blanco de separación con respecto al texto que antecede, para indicar que el enunciado continúa más allá de la última palabra reproducida: “Al final de la obra, don Quijote pide ‘... un confesor que me confiese y un escribano que haga mi testamento...’, evidenciando la cordura que le asiste en sus últimos momentos”.



3. Combinación con otros signos


a) Si los puntos suspensivos finalizan el enunciado, no debe añadirse a ellos el punto de cierre (se escribirán solo tres puntos): “Me encanta esta casa. Es hermoso despertarse y ver el sol, los árboles, la luz en las ventanas... Creo que volveré el año que viene”; pero si los puntos suspensivos van detrás de una abreviatura, se suma a ellos el punto que la cierra, de modo que se escribirán cuatro puntos en total (→ ABREVIATURA, 6d): “Algunas abreviaturas con tilde son pág., cód., admón....”


b) Tras los puntos suspensivos sí pueden colocarse otros signos de puntuación, como la coma, el punto y coma y los dos puntos, sin dejar entre ambos signos ningún espacio de separación: “Cuando decidas los colores, las telas, el tipo de mobiliario..., ven a verme y te haré el presupuesto.” “Mañana traerán la mesa, las sillas, los cuadros...; entonces sí parecerá una casa.” “Pensándolo bien...: mejor que no se presente.”


c) Los puntos suspensivos se escriben delante de los signos de cierre de interrogación o de exclamación si el enunciado interrogativo o exclamativo está incompleto: “¡Si te dije que...! Es inútil, nunca haces caso a nadie”; si está completo, los puntos suspensivos se escriben detrás, sin espacio de separación: “¿Me habrá traído los libros?... Seguro que sí”. Pueden darse casos en que se junten el punto de una abreviatura, los tres puntos suspensivos y el de los signos de cierre de interrogación o de exclamación: “—¿Viste a ese Sr....? —Sí, el Sr. González estuvo aquí ayer”.





marzo 22, 2017

punto



Academia Española de la Lengua
Diccionario panhispánico de dudas
«Artículos temáticos»
s.v. punto




punto



1. Signo de puntuación (.) cuyo uso principal es señalar gráficamente la pausa que marca el final de un enunciado —que no sea interrogativo o exclamativo—, de un párrafo o de un texto. Se escribe sin separación de la palabra que lo precede y separado por un espacio de la palabra o el signo que lo sigue. La palabra que sigue al punto se escribe siempre con inicial mayúscula.



2. Usos lingüísticos


2.1. Recibe distintos nombres, según marque el final de un enunciado, un párrafo o un texto:

a) Si se escribe al final de un enunciado y a continuación, en el mismo renglón, se inicia otro, se denomina punto y seguido, nombre más lógico y recomendable que el también usual de punto seguido. Si el punto y seguido coincide con el final de una línea, se comienza a escribir en la siguiente con el mismo margen, sin sangrado inicial. El punto y seguido es, pues, el que separa los enunciados que integran un párrafo.

b) Si se escribe al final de un párrafo y el enunciado siguiente inicia un párrafo nuevo, se denomina punto y aparte, aunque en algunas zonas de América se dice punto aparte. La primera línea de cada párrafo debe tener un margen mayor que el resto de las líneas que lo componen, es decir, ha de quedar sangrada. Ejemplo:

Estuvo rondando la casa varias horas, silbando claves privadas, hasta que la proximidad del alba lo obligó a regresar. En el cuarto de su madre, jugando con la hermanita recién nacida y con una cara que se le caía de inocencia, encontró a José Arcadio.

Úrsula había cumplido apenas su reposo de cuarenta días, cuando volvieron los gitanos. Eran los mismos saltimbanquis y malabaristas que llevaron el hielo.

(GaMárquez Años [Col. 1967]).


El punto y aparte es, pues, el que separa dos párrafos distintos, que suelen desarrollar, dentro de la unidad del texto, ideas o contenidos diferentes.

c) Si se escribe al final de un escrito o de una división importante del texto, se denomina punto final. No es correcta la denominación punto y final, creada por analogía de las correctas punto y seguido y punto y aparte.


2.2. Se escribe punto detrás de las abreviaturas, con muy pocas excepciones (→ ABREVIATURA, 6d): Sra., Excmo., Ud. Si la abreviatura incluye alguna letra volada, el punto se coloca delante de esta: D.ª, 1.º.


2.3. Actualmente las siglas no llevan puntos entre las letras que las componen (OTAN), salvo que formen parte de un enunciado escrito todo él en mayúsculas (→ SIGLA, 5a).



3. Combinación con otros signos


3.1. El punto se escribirá siempre detrás de las comillas, los paréntesis y las rayas de cierre: Dijo: «Tú y yo hemos terminado». Tras estas palabras se marchó, dando un portazo. (Creo que estaba muy enfadada). En la calle la esperaba Emilio —un buen amigo—. Este, al verla llegar, sonrió.


3.2. No debe escribirse punto tras los signos de cierre de interrogación o de exclamación, aunque con ellos termine el enunciado; está, pues, incorrectamente puntuada la secuencia siguiente: "¿Quieres darte prisa?. ¡Vamos a llegar tarde por tu culpa!. Pero ¿se puede saber qué estás haciendo?." Solo debe escribirse punto si tras los signos de interrogación o de exclamación hay paréntesis o comillas de cierre: Se puso a gritar como un loco (¡vaya genio que tiene el amigo!).

Me preguntó muy serio: «¿De veras puedo contar contigo?».



3.3. Si el punto de una abreviatura coincide con el punto de cierre del enunciado, solo debe escribirse un punto, nunca dos: A la boda fueron todos sus parientes: tíos, primos, sobrinos, etc. Fueron en total ciento veinte invitados.


3.4. Nunca se escribe otro punto tras los puntos suspensivos cuando estos cierran un enunciado: Le gusta todo tipo de cine: negro, histórico, de aventuras... Es un cinéfilo empedernido.



4. Usos no lingüísticos


4.1. Para separar las horas de los minutos cuando se expresa numéricamente la hora: 8.30 h, 12.00 h. Para ello se usan también los dos puntos (→ DOS PUNTOS, 2.1).


4.2. Para separar, en la expresión numérica de las fechas, las indicaciones de día, mes y año: 21.6.2000. Para ello se usan también el guion o la barra (→ FECHA, 2c).


4.3. Colocado a media altura entre dos cantidades o expresiones matemáticas indica multiplicación: 5 • 4 = 20; 2 • (x + y) = 30. En este uso, se escribe entre espacios. Con este mismo fin es más normal el uso del símbolo tradicional en forma de aspa (×).


4.4. En los números escritos con cifras, la normativa internacional establece el uso de la coma para separar la parte entera de la parte decimal: π = 3,1416 (→ COMA2, 4); pero también se acepta el uso del punto, propio de países de habla inglesa y extendido en algunos países hispanoamericanos. El uso del punto como separador de la parte entera y la decimal se ha generalizado para señalar la ubicación de las emisoras de radio en el dial: Radio Intercontinental, 104.9.



5. Usos incorrectos


5.1. No debe escribirse punto tras las unidades de millar en la expresión numérica de los años, ni en la numeración de páginas, portales de vías urbanas y códigos postales, ni en los números de artículos, decretos o leyes: año 1987; página 1150; avenida de Mayo, 1370; 28010 Madrid; Real Decreto 1099/1986.


5.2. Aunque todavía es práctica común en los números escritos con cifras separar los millares, millones, etc., mediante un punto (o una coma, en los países en que se emplea el punto para separar la parte entera de la decimal), la norma internacional establece que se prescinda de él. Para facilitar la lectura de estos números, cuando constan de más de cuatro cifras se recomienda separar estas mediante espacios por grupos de tres, contando de derecha a izquierda: 52 345, 6 462 749. Esta recomendación no debe aplicarse en documentos contables ni en ningún tipo de escrito en que la separación arriesgue la seguridad. No se utiliza nunca esta separación, ni tampoco el punto, en la expresión numérica de los años, en la numeración de páginas, portales de vías urbanas y códigos postales, ni en los números de artículos, decretos o leyes.


5.3. A diferencia de las abreviaturas, los símbolos no llevan punto (→ SÍMBOLO, 2a).


5.4. Nunca se escribe punto tras los títulos y subtítulos de libros, artículos, capítulos, obras de arte, etc., cuando aparecen aislados y son el único texto del renglón:

Cien años de soledad


Tampoco llevan punto al final los nombres de autor en cubiertas, portadas, prólogos, firmas de cartas y otros documentos, o en cualquier otra ocasión en que aparezcan solos en un renglón.





marzo 15, 2017

pronombres personales tónicos



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s.v. pronombres personales tónicos




pronombres personales tónicos



1. Formas. Los pronombres personales tónicos son aquellos que pueden funcionar como sujeto (TÚ sabrás), como atributo (Los culpables son ELLOS) o como término de preposición (Mi hermano vendrá con NOSOTROS). A continuación se ofrece un cuadro con sus formas:


Formas de los pronombres personales tónicos


Persona gramatical

Sujeto o atributo

Término de preposición

1ª singular

yo

mí (conmigo)

1ª plural

nosotros/as

nosotros/as

2ª singular

tú, vos [*]

ti (contigo), vos [*]

2ª plural

vosotros/as [*]

vosotros/as [*]

3ª singular masculino

él, usted [**]

él, usted [**]

3ª singular femenino

ella, usted [**]

ella, usted [**]

3ª singular neutro

ello

ello

3ª plural masculino

ellos, ustedes

nos

3ª plural femenino

ellas, ustedes

os [*]

3ª plural neutro

—

—

3ª singular y plural neutro término de preposición exclusivamente reflexivo

sí (consigo)


[*] Vos y vosotros son formas pronominales no comunes a todos los hispanohablantes. Acerca de sus funciones y su ámbito geográfico de uso, → vos, vosotros.

[**] Aunque el pronombre usted se refiere siempre al interlocutor (2.ª persona), a efectos gramaticales funciona como un pronombre de 3.ª persona.


Salvo la primera y la segunda persona del singular (yo, tú/vos, mí, ti) y la forma usted (pl. ustedes), todos los pronombres personales tónicos tienen variación de género. La tercera persona del singular cuenta con la forma neutra ello, de uso muy restringido en español. Solo la tercera persona posee una forma específica con sentido exclusivamente reflexivo, sí, invariable en género y número.

Cuando la preposición que precede a mí, ti, sí es con, deben emplearse las amalgamas conmigo, contigo y consigo, de manera que no son correctas las secuencias con mí, con ti, con sí. Por otra parte, debe tenerse en cuenta que la preposición entre y la preposición según (con el sentido de ‘en [mi, tu, su, etc.] opinión’) seleccionan las formas pronominales de sujeto, y no las de término de preposición: «Lo que hablemos será entre TÚ y YO» (Bain Dolor [Col. 1993]); «En fin, que según TÚ, caso concluido» (José Keaton [Esp. 1991]). Para las cuestiones relacionadas con cada pronombre, → yo, tú, vos, usted, etc.



2. Aparición u omisión del pronombre sujeto. El español es una lengua de sujeto no obligatorio (Vino y nos dijo que no saliéramos a la calle). Esto no significa, sin embargo, que la aparición o elisión del pronombre de sujeto sea aleatoria o indiferente. Por el contrario, es fácil reparar en que la aparición de sujetos pronominales explícitos es a veces anómala, mientras que, en otros casos, su presencia es posible o resulta imprescindible.


a) Cuando las formas de tercera persona él, ella, ellos, ellas funcionan como sujeto, solo pueden referirse a personas; por ello, cuando se hace referencia a cosas, en español no se emplea ningún pronombre personal explícito: He leído tus últimos informes. Enhorabuena: son claros y ofrecen numerosos datos (no *ELLOS son claros y ofrecen...); así, en «La decisión de la entrega la señalan las Farc, lo mismo que el sitio en que ELLA se produzca» (Tiempo [Col.] 24.9.96), debió omitirse el pronombre ella o sustituirse por el demostrativo esta. No obstante, en ocasiones, el sujeto de cosa va modificado por un adjetivo, una aposición o una oración que posibilitan que el pronombre sujeto se haga explícito: Compramos un sofá enorme: ocupaba ÉL SOLITO toda la habitación.


b) El pronombre sujeto se hace explícito con finalidad contrastiva o cuando es el foco de la oración, caso en el que aparece normalmente detrás del verbo: «YO [y no tú u otra persona] creo que en eso estuvo mal» (Giardinelli Oficio [Arg. 1991] 162); «Sé que ha sido ÉL porque tenemos una contraseña» (Tomeo Mirada [Esp. 2003]).


c) También se hace explícito a menudo el pronombre sujeto para deshacer ambigüedades provocadas por la indistinción de las desinencias verbales en algunos tiempos. Así, las desinencias de la primera y la tercera persona del singular coinciden en el pretérito imperfecto o copretérito y en el condicional o pospretérito, además de coincidir en todos los tiempos del subjuntivo, lo que propicia la aparición de las formas yo y él (o ella): «Mal podía ELLA preconizar una huelga de hambre teniendo el estómago lleno» (Palou Carne [Esp. 1975]). Por otra parte, en ciertas variedades del español, con especial incidencia en el habla caribeña, la -s final se aspira, se debilita o se pierde, de manera que la segunda persona del singular puede llegar a converger oralmente con las formas de primera y de tercera, según los tiempos, lo que justifica la frecuencia con la que se hace explícito, en esas zonas, el sujeto tú: «¿Qué TÚ quieres más que eso?» (González Provisiones [Cuba 1975]).


d) En muchas ocasiones, las formas de los pronombres con variación de género aparecen para hacer explícito el sexo del referente: «Un futuro esperanzado requiere cultivar el acuerdo, la reciprocidad, también entre NOSOTRAS y ELLOS» (Alborch Malas [Esp. 2002]).


e) El pronombre usted, por su parte, aparece con mucha frecuencia para reforzar la cortesía o deshacer la posible ambigüedad con respecto a un referente de tercera persona: «Debe USTED partir a París en seguida» (Mujica Escarabajo [Arg. 1982]).



3. Formas reflexivas. Un pronombre tiene sentido reflexivo cuando su antecedente es el sujeto (tácito o expreso) de la oración en que aparece: La atraje hacia MÍ con suavidad; Tú solo piensas en TI mismo; o bien el sujeto de una paráfrasis implícita en la secuencia en que aparece: La confianza en TI mismo [= tú confías en ti mismo] fue la clave de tu triunfo.

Para la primera y la segunda persona no existen formas pronominales tónicas específicamente reflexivas, sino que, como ilustran los ejemplos anteriores, estas son las mismas que se emplean en cualquier complemento preposicional: mí, ti, vos, nosotros/as, vosotros/as. Solo la tercera persona posee una forma tónica específicamente reflexiva, el pronombre sí, invariable en género y número: «Vladimir creyó tener ante SÍ al psiquiatra del lugar» (Ponte Contrabando [Cuba 2002]); «Tiene usted un bajo concepto de SÍ mismo» (Collyer Pájaros [Chile 1995]); «Aquellas flores le devolvieron [...] la confianza en SÍ misma» (Ferré Batalla [P. Rico 1993]); «Su dogma les permite [...] decidir, por SÍ mismos, la suerte de quienes les rodean» (Volpi Klingsor [Méx. 1999]). Como se ve en varios de los ejemplos citados, junto a las formas pronominales con sentido reflexivo aparece frecuentemente el adjetivo mismo, como refuerzo, a veces opcional, a veces obligatorio (→ mismo, 2).

No es infrecuente que aparezcan usadas con valor reflexivo las otras formas tónicas de tercera persona (él, ella, ellos, ellas, usted, ustedes), especialmente si hacen inequívoco este valor mediante el refuerzo mismo: «La candidata lució guapa y segura de ELLA misma» (Prensa [Hond.] 31.1.97); «Póngase a pensar en USTED mismo y se dará cuenta de qué cantidad enorme de mensajes rigen su vida» (Antognazza Vida [Arg. 1993]); «Sánchez empezó a maldecir, como hablando con ÉL mismo, en palabras de grueso calibre» (Tiempo [Col.] 13.9.96); no obstante, en el habla esmerada se recomienda emplear, en estos casos, la forma propiamente reflexiva: La candidata lució guapa y segura de SÍ misma; Póngase a pensar en SÍ mismo; Sánchez empezó a maldecir, como hablando CONSIGO mismo.



4. Duplicación de complementos: coaparición del clítico y el complemento tónico. No es obligatoria la presencia de un pronombre tónico en función de complemento directo o indirecto, pero, si aparece, es forzoso que aparezca también el pronombre átono correspondiente; sobre la coaparición de pronombres tónicos y clíticos y, en general, sobre la duplicación de complementos, → pronombres personales átonos, 5.





marzo 08, 2017

pronombres personales átonos



Academia Española de la Lengua
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s.v. pronombres personales átonos




pronombres personales átonos



1. Formas. Los pronombres personales átonos son aquellos que funcionan como complemento verbal no preposicional (Ya TE LO he dicho) o como formante de los verbos pronominales (Ahora ME arrepiento).

Precisamente por su carácter átono, se pronuncian necesariamente ligados al verbo, con el que forman una unidad acentual. Estos pronombres carentes de independencia fónica se denominan, en general, «clíticos» (→ ACENTO, 1.1b): cuando anteceden al verbo (ME encanta; LO dijo; SE fue) se llaman «proclíticos»; cuando siguen al verbo (ayúdaME, díSELO, veTE) se llaman «enclíticos».

A continuación se ofrece un cuadro con sus formas:


Formas de los pronombres personales átonos


Persona gramatical

Singular

Plural

primera

me

nos

segunda

te

os [*]

tercera

lo y le (→ LEÍSMO, 2)

los

complemento directo masculino

la

las

complemento directo femenino

lo

—

complemento directo o atributo neutro

le

les

(o se ante otro pron. átono; → se, 1a)
complemento indirecto

se

forma reflexiva

[*] En América, en Canarias y en parte de Andalucía, no se usa el pronombre personal vosotros para la segunda persona del plural. En su lugar se emplea ustedes, que en esas zonas sirve tanto de tratamiento de confianza como de respeto (→ usted). Por lo tanto, los pronombres personales átonos de segunda persona del plural que se utilizan en esas zonas son los que corresponden, gramaticalmente, a la tercera —lo(s), la(s) y le(s)—: «A ustedes, niños, LOS espero en casa» (frente a: «A vosotros, niños, OS espero en casa»).


Como se ve en el cuadro, en las formas de primera y segunda persona solo se distingue entre singular y plural, y no existe una forma reflexiva específica: ME gusta el cine (no reflexivo) / ME peino (reflexivo). En la tercera persona existen formas distintas según el género, el número y la función sintáctica, así como una forma reflexiva específica, se (→ se, 1b, c, d), invariable en género y número: LES gusta el cine (no reflexivo) / SE peinan (reflexivo).

La forma neutra lo se emplea cuando el antecedente es un pronombre neutro (esto, eso, aquello), toda una oración o el atributo en una oración copulativa: Él no dijo ESO, LO dije yo; Que no quieras ir, LO comprendo; —¿Eran guapas? —Sí, LO eran.



2. Ortografía de las formas verbales con clíticos. Por tratarse de formas átonas ligadas al verbo, los clíticos deben aparecer inmediatamente antepuestos o inmediatamente pospuestos a este (→ [ver el punto] 3).

Cuando van antepuestos (proclíticos), se escriben como palabras independientes: TE LO dije. Cuando van pospuestos (enclíticos), se escriben necesariamente soldados: DíMELO. En este último caso, se producen en determinadas situaciones ciertas alteraciones fónicas que tienen reflejo en la escritura:

a) Delante del enclítico nos se pierde obligatoriamente la -s de la primera persona del plural del subjuntivo usado con valor de imperativo (subjuntivo exhortativo); así, dejemos + nos = dejémonos (no dejémosnos): «Dejémonos de cuentos» (LpzNavarro, Clásicos [Chile 1996]).

b) Si se añade el pronombre se a una forma verbal terminada en -s —lo que sucede cuando la primera persona del plural del subjuntivo exhortativo lleva un segundo enclítico—, las dos eses resultantes se reducen a una sola; así, pongamos + se + lo = pongámoselo (no pongámosselo): Pongámoselo fácil.

Pero no se produce reducción si se añade nos a una forma verbal terminada en -n, lo que sucede en los casos en que este pronombre se une a la forma del plural ustedes del subjuntivo exhortativo (digan + nos = dígannos) o a algunos imperativos irregulares de segunda persona del singular (pon + nos = ponnos; mantén + nos = mantennos). En el caso del subjuntivo exhortativo, además, la -nn- permite distinguir la persona del plural de la del singular: Dígannos [ustedes] la verdad, frente a Díganos [usted] la verdad.

c) Cuando se añade se a una forma verbal terminada en -n, no debe trasladarse ni repetirse esta letra al final del conjunto formado por el verbo y el enclítico; así, sienten + se = siéntense (no siéntesen ni siéntensen). Es error propio del habla popular, como ilustra esta cita: «“¿Qué prisa tienen? ¡Siéntensen!”. Se decía siempre siéntensen, que luego me han dicho que está muy mal dicho» (Zamora, Traque [Esp. 1972]). Esta -n se añade también, en registros muy vulgares, al infinitivo empleado incorrectamente como imperativo: Irsen, en lugar de Váyanse; o a infinitivos cuyo sujeto es plural: «¿Y tienen cara d’irsen sin probame los cháncharos?» (Carrasquilla, Tiempos [Col. 1935-36]).

d) La segunda persona del plural del imperativo vosotros pierde la -d final cuando se le añade el enclítico os; así, estad + os = estaos (y no estados): Estaos quietos. Es excepción la forma idos, imperativo poco usado de irse (→ ir(se), 1): «Nada comprendéis. ¡Idos Juana, Inés, Marina...!, ¡idos todas!» (Arrau Digo [Chile 1981]).

e) Se pierde la -s final del verbo en los casos —hoy raros y propios únicamente de la lengua escrita— en que una forma verbal de primera persona del plural va seguida del pronombre os: suplicamos + os = suplicámoos, y no suplicamosos.



3. Colocación de los clíticos con respecto al verbo. La colocación del pronombre átono delante o detrás del verbo no es libre, sino que está sometida a ciertas reglas, que han ido variando con el tiempo. Estas son las normas por las que se rige hoy la colocación de los clíticos en el español general culto:

a) Los clíticos se anteponen, en el uso corriente, a las formas simples de indicativo: TE LO advierto: ME voy. En la lengua escrita, generalmente a principio de oración o después de pausa, aparecen a veces pospuestos: «Como si adivinara mi pensamiento, díjoME al punto: “La verdad es desnuda”» (RBastos, Vigilia [Par. 1992]); la expresión adquiere entonces un tono arcaizante, que solo está justificado si la intención es recrear el lenguaje de épocas pasadas. El uso pospuesto es asimismo un rasgo dialectal propio de determinadas zonas del noroeste de España: VoyME enseguida; MarchoSE hace rato. La posposición de los clíticos es imposible cuando el verbo va en forma negativa: *No díjoMELO.

b) Los clíticos se anteponen también a las formas simples del subjuntivo, tanto a las independientes: Ojalá LE concedan el premio; Quizá LO consiga; como a las que dependen de otro verbo (explícito o implícito): Espero que TE LO pienses; Que TE vaya bien.

c) Los clíticos se posponen a las formas de imperativo y a las del subjuntivo exhortativo afirmativo: HazLO; PonéTELO; DíganNOSLO; HágaSE la luz. Es vulgar anteponer los clíticos al subjuntivo exhortativo cuando este no depende de otro verbo: «¡SE callen, carajo, no es hora de conversa!» (FnGómez, Viaje [Esp. 1985]); debe decirse cállenSE. Sin embargo, la anteposición es obligada cuando el subjuntivo va en forma negativa o depende de otro verbo (explícito o implícito): No LO hagan; Les ordeno que SE callen; Que SE vayan ahora mismo.

d) Los clíticos se posponen a las formas simples de infinitivo y de gerundio: Al mirarLO, sonrió; No conseguirás nada regañándoME. Pero si el infinitivo o el gerundio forman parte de una perífrasis verbal, en la mayor parte de los casos los clíticos pueden colocarse también delante del verbo auxiliar de la perífrasis, que es el que aparece en forma personal: Debo hacerLO / LO debo hacer; Tienes que llevárSELO / SE LO tienes que llevar; Vais a arrepentirOS / OS vais a arrepentir; Siempre está quejándoSE / Siempre SE está quejando; Siguió explicándoMELO / ME LO siguió explicando.

La anteposición de los clíticos no es posible cuando el verbo auxiliar de la perífrasis es impersonal: Hay que pedírSELO (no *SE LO hay que pedir); o si el verbo en forma no personal es el sujeto oracional pospuesto de verbos como parecer, importar, convenir, etc.: Parecía entenderLO (no *LO parecía entender); Conviene intentarLO (no *LO conviene intentar); Importa denunciarLO (no *LO importa denunciar). Tampoco es normal la anteposición de clíticos con verbos que expresan creencia, temor, deseo, preferencia o conocimiento, como creer, temer, desear, preferir, negar, afirmar, entre otros: Cree haberLO guardado (más normal que LO cree haber guardado); Prefiero ignorarTE (más normal que TE prefiero ignorar); Deseo irME (más normal que ME deseo ir); Negó saberLO (más normal que LO negó saber), etc.

e) Lo dicho para las formas simples es válido también para las compuestas, teniendo en cuenta que la posposición o anteposición de los pronombres átonos se da siempre con respecto al auxiliar haber, dado que el participio, como norma general, no admite enclíticos (→ [ver apartado] f); así, los pronombres átonos se anteponen al auxiliar en las formas compuestas de indicativo y de subjuntivo: ME LO he imaginado; ¿SE habrá terminado la película?; Ojalá SE LO hayan concedido (únicamente pervive el uso pospuesto en expresiones lexicalizadas, como ¡HabraSE visto!); y se posponen en los infinitivos y gerundios compuestos: Por haberLO terminado, recibirás un premio; Se fue habiéndoNOS dicho lo que quería. Cuando el infinitivo compuesto forma parte de una perífrasis o depende de otro verbo con su mismo sujeto, los pronombres pueden posponerse al auxiliar haber o anteponerse al verbo conjugado, salvo en los mismos casos señalados para las formas simples (→ [ver apartado] d): Tenías que habérMELO dicho / ME LO tenías que haber dicho; Había que haberLO previsto (pero no *LO había que haber previsto); Convenía habérSELO dicho (pero no *SE LO convenía haber dicho).

f) En el español actual, el participio no admite con normalidad la agregación de pronombres enclíticos; por ello, deben evitarse hoy usos como Había prometídoLE su apoyo, en lugar del normal LE había prometido su apoyo. Más forzado aún resulta el uso de enclíticos con participios en función adjetiva que sustituyen a oraciones de relativo, como en El accidente ocurrídoLE ayer, en lugar de El accidente que LE ocurrió ayer. Solo es admisible la agregación de enclíticos a un participio cuando aparece en coordinación con otro y no se repite el auxiliar: «Y después de haber adorado a Dios y dádoLE gracias, se sentaron» (Somers, Retrato [Ur. 1990]).



4. Orden de las secuencias de clíticos. Un mismo verbo puede llevar dos y hasta tres pronombres clíticos, que se anteponen o posponen al verbo siempre en bloque, no pudiendo anteponerse unos y posponerse otros. El orden no es libre y se somete, básicamente, a la regla que establece que los pronombres de segunda persona preceden a los de primera y estos a los de tercera, salvo a la forma se, que precede a todas las demás (se + 2.ª pers. + 1.ª pers. + 3.ª pers.): «Ay, Dios, que TE ME LO llevaste cuando más falta me hacía» (Ayerra, Lucha [Esp. 1984]); «Cualquiera SE TE LA llevará delante de las narices» (Aub, Calle [Esp. 1961]); no son correctas, por tanto, secuencias como me se o te se, propias del habla popular: «No ME SE haga el pendejo, Balbicito, no me cojudee» (Bayly, Días [Perú 1996]).



5. Duplicación de complementos: coaparición del clítico y el complemento tónico. En español, los pronombres átonos aparecen a menudo dentro de la misma oración junto con el complemento tónico al que se refieren: ME dijo A MÍ que me callara; LO sabe TODO. La duplicación del complemento indirecto a través del pronombre átono es siempre posible y, en algunos casos, obligatoria, mientras que la del complemento directo está sujeta a muchas más restricciones. En el español general culto la coaparición del pronombre átono y el complemento tónico responde a las pautas siguientes:

5.1. Si el complemento tónico es también un pronombre personal, la coaparición del pronombre átono es obligatoria, tanto si el complemento es directo como indirecto: ME castigaron a MÍ; A TI TE dieron el premio (no *Castigaron a mí; *A ti dieron el premio). Aunque son posibles, en estos casos, oraciones idénticas sin el complemento tónico (Me castigaron; Te dieron el premio), existen diferencias expresivas de importancia entre ambas posibilidades: la presencia del complemento tónico denota un propósito de contraste o discriminación, ausente de la oración en la que solo aparece el pronombre átono; así, en Me castigaron a mí, frente a Me castigaron, se subraya el hecho de que ha sido solo a mí, y no a otros igualmente merecedores de ello o más culpables que yo, a quien se ha castigado.

5.2. Si el complemento tónico no es un pronombre personal y aparece antepuesto al verbo, también es obligatoria la coaparición del pronombre átono, tanto si el complemento es directo como indirecto: A TU HERMANO LO vi en el cine (no *A tu hermano vi en el cine); LA TARTA LA llevo yo (no *La tarta llevo yo); A MI MADRE LE he dicho la verdad (no *A mi madre he dicho la verdad); A JUAN LE han denegado la beca (no *A Juan han denegado la beca). Deben diferenciarse estas construcciones, con el complemento tónico antepuesto y coaparición del pronombre átono, de aquellas en que la anteposición del complemento es enfática, contrastiva, en las que no coaparece el pronombre átono: Un libro te daré, y no dos (y no *Un libro te LO daré, y no dos).

Pero si el complemento tónico aparece pospuesto al verbo, las condiciones para la coaparición del pronombre átono son diferentes según que el complemento sea directo o indirecto:

a) En el caso del complemento indirecto, la coaparición del pronombre átono es normalmente opcional y suele ser lo más frecuente, especialmente en la lengua oral: No (LES) da importancia A LOS PROBLEMAS; (LES) he contado nuestro secreto A UNOS AMIGOS; (LE) han denegado la beca A JUAN; (LE) he dicho la verdad A MI MADRE. E incluso hay verbos, como gustar, encantar y sinónimos, que exigen la presencia del pronombre átono junto con el complemento tónico: ¿LE gustan A TU HERMANA los bombones? (y no *¿Gustan a tu hermana los bombones?). En general, suele ser necesaria la duplicación en los verbos cuyo complemento indirecto designa, no al destinatario de la acción, sino al que la experimenta, como ocurre con los llamados verbos de «afección» (psíquica o física), como molestar, divertir, interesar, cansar, etc., y con muchos otros, como parecer, resultar, convenir, etc.: LE molestó A TU PADRE que no vinieras; LE ha cansado A LA ABUELA el paseo; LE pareció bien AL JEFE nuestro plan; No LE conviene AL NIÑO comer tantos dulces. No obstante, cuando la función de complemento indirecto es desempeñada por los cuantificadores universales todo, nadie o similares, la presencia del pronombre átono no resulta siempre necesaria: Su decisión no (LE) gustó A TODO EL MUNDO; Sus palabras no (LE) molestaron A NADIE; (LES) cansó A TODOS con su discurso.

b) En el español general, el complemento directo tónico pospuesto al verbo no suele admitir la coaparición del pronombre átono, salvo que se trate también de un pronombre personal, caso en el que es obligada (→ [véase apartado] 5.1). Solo es normal la duplicación en todo el ámbito hispánico cuando el complemento directo tónico es el pronombre todo: LO sé TODO; (LAS) conozco A TODAS; cuando, con referente animado, el complemento directo es un numeral precedido de artículo: (LOS) invité A LOS CUATRO; o cuando se trata del indefinido uno y su referente es la persona que habla: Si LA ven A UNA vacilar, enseguida se aprovechan. También favorecen la duplicación del complemento directo las oraciones de carácter enfático, como Ya LO creo QUE VENDRÁ o ¡Vaya si LAS castigo A LAS NIÑAS! La duplicación del complemento directo en otros casos (LO vi A JUAN; LA saludé A MARÍA) es ajena a la norma culta de gran parte del ámbito hispánico, pero es normal en algunas regiones americanas, especialmente en los países del Río de la Plata: «Al pasar la madre cerca del baño LA vio A MARIANA tomando comprimidos» (Rausch/Bay, Anorexia [Arg. 1990]).



6. Discordancias en el uso de los clíticos. Son dos las discordancias frecuentes en el uso de los clíticos:

a) A menudo, cuando el pronombre átono de dativo concurre en la oración con el complemento indirecto preposicional, se utiliza el singular le, aunque el referente sea plural; esta discordancia está extendida tanto en España como en América, incluso entre hablantes cultos, por lo que son frecuentes, aunque normativamente desaconsejables, oraciones como «Colombia LE propuso A LOS GOBIERNOS de Estados Unidos y Venezuela una alianza» (Tiempo [Col.] 18.4.97). En el uso esmerado se recomienda mantener la concordancia de número entre el pronombre átono y el sustantivo al que se refiere: «Los mismos remedios de distracción que LES daba A SUS ENFERMOS» (GaMárquez, Amor [Col. 1985]).

b) En el español de muchos países de América, es frecuente, especialmente en registros populares o coloquiales, trasladar a la forma singular del pronombre átono de acusativo en función de complemento directo el rasgo de plural correspondiente al complemento indirecto, cuando este va representado por la forma invariable se: «¡No entienden que este es mi espacio, es mi lugar! Cuántas veces quieren que SE LOS diga» (Purroy, Desertor [Ven. 1989]), en lugar de Cuántas veces quieren que SE LO diga. Aunque en algunos países esta transferencia indebida se ha extendido incluso entre hablantes cultos, se recomienda evitarla en el habla esmerada.



7. Otras consideraciones sobre el uso de los clíticos:

a) Ciertos adjetivos que denotan facilidad, dificultad, probabilidad, merecimiento, relevancia o frecuencia, como fácil, difícil, sencillo, complicado, cómodo, rápido, costoso, imposible, digno, importante, raro, etc., o que denotan sensaciones o efectos producidos por una acción, como aburrido, divertido, penoso, gratificante, etc., admiten como complemento un infinitivo transitivo introducido por la preposición de: «Me siento atrapado en una alternativa imposible de resolver» (PRossi, Solitario [Ur. 1988]); «Demostró que la paz era un hueso duro de roer» (Mundo [Esp.] 8.8.95); «Este arbusto contiene un metal muy raro de encontrar en la naturaleza» (ByN [Ec.] 9.11.97). En estas construcciones, el infinitivo transitivo tiene sentido pasivo (problema fácil de resolver = ‘problema que puede ser resuelto fácilmente’) y el sustantivo al que se refiere el adjetivo viene a ser el sujeto paciente tácito de dicho infinitivo. Es incorrecto en estos casos añadir al infinitivo transitivo el pronombre átono de complemento directo, cuyo antecedente es el sustantivo al que se refiere el adjetivo: Planteó cuestiones difíciles de resolverLAS (en lugar de: Planteó cuestiones difíciles de resolver). Este error se ve potenciado por el cruce de estructuras del tipo Es fácil de hacer, donde el infinitivo es complemento del atributo adjetivo, con otras como Es fácil hacerlo, en las que el infinitivo es el sujeto de la oración copulativa. Por otra parte, solo los infinitivos de verbos transitivos pueden ser complementos del adjetivo; por ello, no es aceptable en la lengua culta utilizar esta estructura con verbos intransitivos (que llevan complementos indirectos o complementos de régimen): «Se trata de una música fresca y fácil de gustar a todo el mundo» (Abc [Esp.] 23.2.96); «¿Qué es lo más difícil de darse cuenta?» (Puig, Beso [Arg. 1976]); debió decirse: Se trata de una música fresca, que es fácil que guste a todo el mundo y ¿De qué es más difícil darse cuenta?, respectivamente.

b) En cuanto a la aparición indebida de pronombres personales átonos en oraciones de relativo (Tenía un perro enfermo al que había que cuidarLO mucho), → que, 1.3.

c) No puede haber correferencia parcial entre el clítico y el sujeto del verbo; por ello no es posible una oración como *NOS hice una cena riquísima (el referente «yo» del sujeto es solo una parte del referente «nosotros» del complemento indirecto). Los referentes han de ser, o bien totalmente distintos, o bien totalmente coincidentes: OS hice una cena riquísima (sujeto «yo» y complemento indirecto «vosotros»); NOS hicimos una cena riquísima (el referente del sujeto y del complemento indirecto es «nosotros»).

d) Los clíticos no pueden coordinarse entre sí: *LOS y TE escuché. Tampoco pueden coordinarse dos verbos y asociarles conjuntamente un solo clítico: *LA compré y coloqué en mi casa (debe decirse LA compré y LA coloqué en mi casa). Solo es lícito coordinar las bases verbales si el pronombre va en posición preverbal y de la suma de los dos verbos resulta una acción unitaria y, normalmente, repetida: «Un hilo de vida le corría al conde por los ojos sin vista (LOS abría y cerraba alternativamente, buscando el final de su vida)» (Armas, Madrid [Esp. 1994]).



8. Acerca de la confusión en el uso de las formas de tercera persona, →LAÍSMO, LEÍSMO y LOÍSMO.



9. Sobre la acentuación de formas verbales con enclítico, → TILDE 2, 4.3.






marzo 01, 2017

plural



Academia Española de la Lengua
Diccionario panhispánico de dudas
«Artículos temáticos»
s.v. plural




plural



1. Reglas de formación del plural. En español hay dos marcas para formar el plural de los sustantivos y adjetivos: -s y -es. Existe asimismo la posibilidad, aunque no es lo normal, de que permanezcan invariables. La elección de una de estas opciones debe ajustarse a las siguientes reglas:


a) Sustantivos y adjetivos terminados en vocal átona o en -e tónica. Forman el plural con -s: casas, estudiantes, taxis, planos, tribus, comités. Son vulgares los plurales terminados en -ses, como cafeses, en lugar de cafés, o pieses, en lugar de pies.


b) Sustantivos y adjetivos terminados en -a o en -o tónicas. Aunque durante algún tiempo vacilaron entre el plural en -s y el plural en -es, en la actualidad forman el plural únicamente con -s: papás, sofás, bajás, burós, rococós, dominós. Son excepción a esta regla los sustantivos faralá y albalá, y el adverbio no en función sustantiva, que forman el plural con -es: faralaes, albalaes, noes. También es excepción el pronombre yo cuando funciona como sustantivo, pues admite ambos plurales: yoes y yos. Son vulgares los plurales terminados en -ses, como sofases.


c) Sustantivos y adjetivos terminados en -i o en -u tónicas. Admiten generalmente dos formas de plural, una con -es y otra con -s, aunque en la lengua culta suele preferirse la primera: bisturíes o bisturís, carmesíes o carmesís, tisúes o tisús, tabúes o tabús. En los gentilicios, aunque no se consideran incorrectos los plurales en -s, se utilizan casi exclusivamente en la lengua culta los plurales en -es: israelíes, marroquíes, hindúes, bantúes. Por otra parte, hay voces, generalmente las procedentes de otras lenguas o las que pertenecen a registros coloquiales o populares, que solo forman el plural con -s: gachís, pirulís, popurrís, champús, menús, tutús, vermús. El plural del adverbio sí, cuando funciona como sustantivo, es síes, a diferencia de lo que ocurre con la nota musical si, cuyo plural es sis. Son vulgares los plurales terminados en -ses, como gachises.


d) Sustantivos y adjetivos terminados en -y precedida de vocal. Forman tradicionalmente su plural con -es: rey, pl. reyes; ley, pl. leyes; buey, pl. bueyes; ay, pl. ayes; convoy, pl. convoyes; bocoy, pl. bocoyes. Sin embargo, los sustantivos y adjetivos con esta misma configuración que se han incorporado al uso más recientemente —en su mayoría palabras tomadas de otras lenguas— hacen su plural en -s. En ese caso, la y del singular mantiene en plural su carácter vocálico y, por lo tanto, debe pasar a escribirse i: gay, pl. gais; jersey, pl. jerséis; espray, pl. espráis; yóquey, pl. yoqueis. Pertenecen a la etapa de transición entre ambas normas y admiten, por ello, ambos plurales las palabras coy, pl. coyes o cois; estay, pl. estayes o estáis; noray, pl. norayes o noráis; guirigay, pl. guirigayes o guirigáis, con preferencia hoy por las formas con -s. Son vulgares los plurales terminados en -ses, como jerseises.


e) Voces extranjeras terminadas en -y precedida de consonante. Deben adaptarse gráficamente al español sustituyendo la -y por -i: dandi (del ingl. dandy); panti (del ingl. panty); ferri (del ingl. ferry). Su plural se forma, como el de las palabras españolas con esta terminación, añadiendo una -s: dandis, pantis, ferris. No son admisibles, por tanto, los plurales que conservan la -y del singular etimológico: dandys, pantys, ferrys.


f) Sustantivos y adjetivos terminados en -s o en -x. Si son monosílabos o polisílabos agudos, forman el plural añadiendo -es: tos, pl. toses; vals, pl. valses, fax, pl. faxes; compás, pl. compases; francés, pl. franceses. En el resto de los casos, permanecen invariables: crisis, pl. crisis; tórax, pl. tórax; fórceps, pl. fórceps. Es excepción a esta regla la palabra dux, que, aun siendo monosílaba, es invariable en plural: los dux. También permanecen invariables los polisílabos agudos cuando se trata de voces compuestas cuyo segundo elemento es ya un plural: ciempiés, pl. ciempiés (no ciempieses); buscapiés, pl. buscapiés (no buscapieses), pasapurés, pl. pasapurés (no pasapureses).


g) Sustantivos y adjetivos terminados en -l, -r, -n, -d, -z, -j. Si no van precedidas de otra consonante (→ j), forman el plural con -es: dócil, pl. dóciles; color, pl. colores; pan, pl. panes; césped, pl. céspedes; cáliz, pl. cálices; reloj, pl. relojes. Los extranjerismos que terminen en estas consonantes deben seguir esta misma regla: píxel, pl. píxeles; máster, pl. másteres; pin, pl. pines; interfaz, pl. interfaces; sij, pl. sijes. Son excepción las palabras esdrújulas, que permanecen invariables en plural: polisíndeton, pl. (los) polisíndeton; trávelin, pl. (los) trávelin; cáterin, pl. (los) cáterin. Excepcionalmente, el plural de hipérbaton es hipérbatos.


h) Sustantivos y adjetivos terminados en consonantes distintas de -l, -r, -n, -d, -z, -j, -s, -x, -ch. Se trate de onomatopeyas o de voces procedentes de otras lenguas, hacen el plural en -s: crac, pl. cracs; zigzag, pl. zigzags; esnob, pl. esnobs; chip, pl. chips; mamut, pl. mamuts; cómic, pl. cómics. Se exceptúa de esta regla la palabra club, que admite dos plurales, clubs y clubes. También son excepciones el arabismo imam, cuyo plural asentado es imames, y el latinismo álbum, cuyo plural asentado es álbumes.


i) Sustantivos y adjetivos terminados en -ch. Procedentes todos ellos de otras lenguas, o bien se mantienen invariables en plural: (los) crómlech, (los) zarévich, (los) pech, o bien hacen el plural en -es: sándwich, pl. sándwiches; maquech, pl. maqueches.


j) Sustantivos y adjetivos terminados en grupo consonántico. Procedentes todos ellos de otras lenguas, forman el plural con -s (salvo aquellos que terminan ya en -s, que siguen la regla general): gong, pl. gongs; iceberg, pl. icebergs; récord, pl. récords. Se exceptúan de esta norma las voces compost, karst, test, trust y kibutz, que permanecen invariables en plural, pues la adición de una -s en estos casos daría lugar a una secuencia de difícil articulación en español. También son excepción los anglicismos lord y milord, cuyo plural asentado en español es lores y milores, respectivamente.


k) Plural de los latinismos. Aunque tradicionalmente se venía recomendando mantener invariables en plural ciertos latinismos terminados en consonante, muchos de ellos se han acomodado ya, en el uso mayoritario, a las reglas de formación del plural que rigen para el resto de las palabras y que han sido expuestas en los párrafos anteriores. Así pues, y como norma general, los latinismos hacen el plural en -s, en -es o quedan invariables dependiendo de sus características formales, al igual que ocurre con el resto de los préstamos de otras lenguas: ratio, pl. ratios; plus, pl. pluses; lapsus, pl. lapsus; nomenclátor, pl. nomenclátores; déficit, pl. déficits; hábitat, pl. hábitats; vademécum, pl. vademécums; ítem, pl. ítems. Únicamente se apartan hoy de esta tendencia mayoritaria los latinismos terminados en -r procedentes de formas verbales, como cónfer, confíteor, exequátur e imprimátur, cuyo plural sigue siendo invariable. También constituye una excepción la palabra álbum. En general, se aconseja usar con preferencia, cuando existan, las variantes hispanizadas de los latinismos y, consecuentemente, también su plural; así se usará armonio (pl. armonios) mejor que armónium; currículo (pl. currículos) mejor que currículum; podio (pl. podios) mejor que pódium. No deben usarse en español los plurales latinos en -a propios de los sustantivos neutros, tales como córpora, currícula, etc., que sí son normales en otras lenguas como el inglés. Las locuciones latinas, a diferencia de los latinismos simples, permanecen siempre invariables en plural: los statu quo, los currículum vítae, los mea culpa.


l) Plural de las notas musicales. Aunque a menudo se usan como invariables, su plural se forma añadiendo -s, salvo en el caso de sol, que forma el plural con -es: dos, res, mis, fas, soles, las, sis.


m) Plural de los nombres de las letras. → [véase el artículo dedicado a cada letra].


n) Plural de los acortamientos. → ACORTAMIENTO, 2.


ñ) Plural de las abreviaturas. → ABREVIATURA, 5.


o) Plural de las siglas. → SIGLA, 3.


p) Plural de los símbolos. → SÍMBOLO, 2c.



2. Otras cuestiones relativas al plural


2.1. Cambio de la vocal tónica. La vocal tónica es la misma en el singular y en el plural, salvo en las palabras espécimen, régimen y carácter, en las que el acento cambia de lugar en el plural: especímenes, regímenes y caracteres [karaktéres].


2.2. Nombres de tribus o etnias. No hay ninguna razón lingüística para que los nombres de tribus o etnias permanezcan invariables en plural; así pues, estas palabras formarán su plural de acuerdo con sus características formales y según las reglas generales: los mandingas, los masáis, los mapuches, los hutus, los tutsis, los yanomamis, los bantúes, los guaraníes, los iroqueses, los patagones, los tuaregs.


2.3. Nombres de color. → COLORES, 2.


2.4. Unidades léxicas formadas por dos sustantivos. En las construcciones nominales formadas por dos sustantivos, de los que el segundo actúa como modificador del primero, solo el primer sustantivo lleva marca de plural: horas punta, bombas lapa, faldas pantalón, ciudades dormitorio, pisos piloto, coches cama, hombres rana, niños prodigio, noticias bomba, sofás cama, mujeres objeto, coches bomba, casas cuartel. Igual ocurre en los compuestos ocasionales de este tipo, que se escriben con guion (→ GUION2 o GUIÓN, 1.1.2a): «Los dos nuevos edificios eran “viviendas-puente” [...]. Servían para alojar durante dos años —el tiempo que tardaba la Administración en hacer casas nuevas— a las familias que perdían sus pisos por grietas» (País@[Esp.] 7.3.00). Pero si el segundo sustantivo puede funcionar, con el mismo valor, como atributo del primero en oraciones copulativas, tiende a tomar también la marca de plural: Estados miembros, países satélites, empresas líderes, palabras claves (pues puede decirse Estos estados son miembros de la UE; Esos países fueron satélites de la Unión Soviética; Esas empresas son líderes en su sector; Estas palabras son claves para entender el asunto).


2.5. Sustantivos que se usan en singular o en plural para designar un solo objeto. Hay sustantivos que, por designar objetos constituidos por partes simétricas, se usan normalmente en plural para referirse a uno solo de dichos objetos. Es el caso de palabras como gafas, pantalones, bragas, leotardos, tenazas, alicates, tijeras, etc.: Me encantan los pantalones que llevaste a la fiesta; Le rompió las gafas de un puñetazo; Necesito unas tenazas para sacar el clavo. En estos casos resulta igualmente válido, aunque suele ser menos frecuente, el empleo de la forma de singular: Me he manchado el pantalón; Esa gafa te favorece; Tráeme la tenaza que está sobre la mesa. Hay otros casos, como el de bigote o nariz, en que se usa normalmente el singular, reservándose el plural para usos expresivos: Me he afeitado el bigote; Me duele la nariz; pero Se atusaba los bigotes con parsimonia; Tiene unas narices enormes. En las expresiones fijas suele predominar el uso en plural: Estoy hasta las narices; La cosa tiene narices; Hace un frío de narices.


2.6. Adjetivos formados por prefijo +sustantivo. Los adjetivos formados por la adición de un prefijo a un sustantivo son invariables en plural: faros antiniebla (no faros antinieblas), máscaras antigás (no máscaras antigases), sistemas multifrecuencia (no sistemas multifrecuencias). Algunos de estos adjetivos tienen como base un sustantivo plural, de ahí que presenten una -s final tanto en singular como en plural: policía antidisturbios, policías antidisturbios. Otros tienen dos formas admitidas, una con -s y otra sin -s, válidas tanto para el singular como para el plural: mina o minas antipersona, mina o minas antipersonas.


2.7. Compuestos formados por dos adjetivos unidos con guion. → GUION2o GUIÓN, 1.1.3.


2.8. Nombres propios. Puesto que los nombres propios, a diferencia de los comunes, no designan clases de seres, sino que sirven para identificar un solo ser de entre los de su clase, no suelen emplearse en plural. Sin embargo, al existir seres que comparten el mismo nombre propio, sí cabe usar este en plural para designar varios referentes: Los Javieres que conozco son todos muy simpáticos; En América hay dos Córdobas, una en la Argentina y otra en México. Al respecto, conviene tener en cuenta lo siguiente:


a) Los nombres de pila hacen el plural de acuerdo con las reglas generales: las Pilares, las Cármenes, los Pablos, los Raúles, los Andreses.


b) Los apellidos se mantienen invariables cuando designan a los miembros de una misma familia: Mañana cenamos en casa de los García; Los Alcover se han ido a vivir a Quito. Cuando se emplean para designar un conjunto diverso de individuos que tienen el mismo apellido, el uso vacila entre mantenerlos invariables o añadirles las marcas propias del plural de acuerdo con su forma. La tendencia mayoritaria es mantenerlos invariables, sobre todo en el caso de apellidos que pueden ser también nombres de pila, para distinguir ambos usos: Los Alonsos de mi clase son muy simpáticos (nombre de pila) y Los Alonso de mi clase son muy simpáticos (apellido); o cuando se trata de apellidos que tienen variantes con -s y sin -s, como Torre(s), Puente(s) o Fuente(s): En mi pueblo hay muchos Puente (gente apellidada Puente) y En mi pueblo hay muchos Puentes (gente apellidada Puentes). Salvo en estos casos, los que terminan en vocal admiten con más naturalidad las marcas de plural que los que acaban en consonante: En la guía telefónica hay muchísimos Garcías (pero también hay muchísimos García), frente a ¿Cuántos Pimentel conoces? (más normal que ¿Cuántos Pimenteles conoces?). Los apellidos que acaban en -z se mantienen siempre invariables: los Hernández, los Díez.


c) Los nombres de dinastías o de familias notorias también vacilan. La mayoría tienden a permanecer invariables: los Habsburgo, los Trastámara, los Tudor, los Borgia; pero otros se usan casi siempre con marcas de plural: los Borbones, los Austrias, los Capuletos.


d) Cuando se usa una marca comercial para designar varios objetos fabricados por dicha marca, si el nombre termina en vocal, suele usarse con la terminación -s característica del plural, mientras que, si termina en consonante, tiende a permanecer invariable: Hay tres Yamahas aparcadas en la puerta; Los Opel tienen un motor muy resistente. Lo mismo ocurre con los nombres de empresas, cuando designan varios de sus establecimientos: Últimamente han abierto muchos Zaras en el extranjero; Hay dos Benetton en Salamanca. Si el nombre es compuesto, permanece invariable: Los nuevos Corte Inglés de la ciudad son muy grandes.