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junio 15, 2017

«La situación retórica de la destitución»



Edgardo Richards
«La situación retórica de la destitución»

Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica, vol. 56, n.º 145 (2017)

Revista de Filosofía de la Universidad de Costa Rica | Universidad de Costa Rica | Escuela de Filosofía | San José | COSTA RICA


Extracto de páginas 77, 79, 80, 81-83 y 87 de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Resumen

»En las sociedades que han adoptado un sistema republicano de gobierno, a veces el statu quo se hace intolerable para una facción política, y se desafía el ordenamiento jurídico para deponer al mandatario. Utilizando el concepto “situación retórica”, de Bitzer, afirmo que es posible identificar una situación retórica de la destitución (SRD). La SRD es un conjunto de conflictivas relaciones de poder, expresiones y razonamientos que surgen cuando se desarrollan planes para derrocar al gobernante. Uso los textos de la obra Julio César de William Shakespeare para ilustrar la SRD adecuadamente. En la SRD distingo ciertas condiciones de contexto, un dispositivo argumentativo y la estrategia discursiva en la que se enmarcan los argumentos de la oposición. En el dispositivo argumentativo se utiliza una argumentación para apoyar una conclusión predeterminada y no negociable. Destaco el valor de la evidencia como un rasgo distintivo de la retórica de la modernidad. El estudio de casos recientes y el debate en la esfera pública de las cuestiones que se abordan en este artículo, deberían ofrecer a la ciudadanía la posibilidad de una reflexión crítica sobre las luchas de poder que surgen en la política republicana.

»Palabras claves: Retórica. Argumentación. Retórica jurídica. Discurso político. Republicanismo.


»[...]


»En este artículo quiero esbozar algunas respuestas a la pregunta: ¿Cómo justifican sus acciones quienes proponen la destitución y cómo responden quienes se oponen? Afirmo que es posible identificar una situación retórica de la destitución (en adelante SRD) y en ella aislar y describir un modelo argumentativo. La SRD consiste en un conjunto de relaciones de poder, expresiones y razonamientos que se articulan y entran en conflicto cuando, en una sociedad en la que rigen formalmente la legalidad y el consenso, se desarrollan estrategias para derrocar al gobernante. La forma de la SRD es la de un proceso judicial, con una parte que acusa, otra que se defiende y el público como jurado.

»La obra Julio César, en la que Shakespeare recurre a las convenciones de la retórica judicial (Skinner, 2014), resulta ilustrativa por tratarse de una cristalización del conjunto de circunstancias políticas y enunciados retóricos que se inscriben en la pugna por el poder. Al mismo tiempo, la obra es importante porque en su desenlace adquiere una dimensión decisiva un nuevo valor: la evidencia, cuyo desarrollo, según Barthes (1974), toma a partir del siglo XVI tres direcciones: una evidencia personal en el protestantismo, una evidencia racional en el cartesianismo y una evidencia sensible en el empirismo. Esa aparición de la evidencia con renovada fortaleza en el orden del discurso moderno es, como veremos más adelante, de importancia para la descodificación de los conflictos de poder que se expresan en la SRD en la república de nuestros días.


»[...]


»El escenario de la SRD puede surgir en cualquier régimen político en el cual, por consenso, se hayan depositado las principales responsabilidades y decisiones en un grupo reducido de individuos o en un solo individuo. El duelo argumental que caracteriza a la SRD puede aparecer en las relaciones entre miembros de una comunidad, de un Estado o entre miembros de diferentes Estados, pero uno de los escenarios donde con más claridad surge la SRD es el de la esfera pública republicana, y a estos últimos se refiere este escrito.

»El tiempo que puede transcurrir entre el comienzo de la conspiración y el desenlace es variable: las tensiones pueden acumularse durante unas pocas semanas o durar años, dependiendo de la complejidad de las contradicciones y la diferencia de poder entre los principales actores. De la misma manera, podrán variar mucho, de un caso a otro, la intensidad y la profusión del debate, así como los medios que se utilicen. En nuestros días, en ciertos casos pueden bastar unas pocas líneas escritas para decidir el destino de los involucrados; otras veces, la abundancia de opiniones y el interés que despierten podrían causar un tráfico considerable en los medios electrónicos y un auge de la industria editorial. Pero con independencia de esas variaciones, en la SRD siempre se pueden distinguir unas condiciones de contexto, un dispositivo argumental y una estrategia que orienta las decisiones discursivas.


»[...]


»Dispositivo argumental

»Llamo dispositivo argumental al conjunto de argumentos y lugares comunes que se usan en una determinada SRD para instar a una acción. El dispositivo argumental incluye tanto el argumento opositor, que inicia el debate, como los contraargumentos y las refutaciones que surgen en el transcurso de la discusión.

»El argumento principal de la oposición en la SRD consiste, en principio, en justificar la necesidad de extirpar un mal antes de que se desarrolle y extienda su perjuicio al conjunto de una comunidad, una sociedad o a la humanidad entera. Mediante el argumento se justifica el derrocamiento, la eliminación física, las dos anteriores o alguna acción de gravedad equivalente, siempre de gran relevancia política. Puede tratarse de un conflicto entre viejos amigos o aliados, como en la obra de Shakespeare.

»En el caso de la SRD, la inferencia es un artificio: se inventa una línea argumental para sostener una conclusión preestablecida y no negociable en el debate. En la obra de Shakespeare, la expresión “Fashion it thus” traiciona la intención racional. Por eso, la propuesta de Bruto no parece responder a la razón sino a sus emociones o intereses. Esta es una característica importante del argumento, pero se requiere un examen detenido para distinguirlo de uno consistente. Es necesario preguntarse si esas son las premisas que conducen a esa conclusión. ¿Hasta qué punto las premisas se han construido sin intereses que nublen su racionalidad? Para que el argumento resultara consistente, ¿no habría hecho falta incluir en las premisas el interés de las facciones o la propia ambición personal de quien argumenta? Los razonamientos de la oposición toman a menudo la forma de argumentos contra la persona.

»Por ejemplo, en la época actual, cuando en una república se propone la destitución, se suele acusar al mandatario de favorecer a amistades. Pero esa práctica, común en los círculos del poder, no necesariamente implica un acto de corrupción. Aunque se pueda demostrar que algunas de las personas nombradas por el mandatario tienen con él relaciones de amistad desde hace tiempo, en muchos casos esos actos no son necesariamente de favoritismo, ya que pueden estar motivados en la necesidad de construir un entorno con personas de confianza, que hagan posible impulsar los programas de gobierno.

»De esa manera, se interpreta como censurable lo que podría ser una medida política para cumplir con sus obligaciones de gobernante. En el caso de Julio César, la concentración de poder se señala como un rasgo que indica intenciones de destruir la República. Pero no es evidente que toda concentración de poder tenga que perjudicar necesariamente los intereses de toda la sociedad. Esos recursos argumentativos ya habían sido comentados por Aristóteles en las Refutaciones de los Sofistas: En la retórica, las demostraciones que salen de un signo proceden también de los consiguientes. Si se quiere probar que cierto hombre es un adúltero, se indica la consecuencia, esto es, que siempre anda muy bien vestido, y que se le ve vagar en la noche. Ahora bien, estas circunstancias se notan en muchas personas, y sin embargo no les pertenece aquel atributo (Aristóteles, 1979).

»En el caso de la obra de Shakespeare, Casio dice haber rescatado en el Tíber a Julio César, quien había sido incapaz de nadar con suficiente fuerza en el torrente. Además, Casio dice haber presenciado que César, en España, había sufrido ataques de fiebre y había tenido que ser asistido para sobrevivir a la enfermedad. Según Casio, esos signos de debilidad contradicen su capacidad de liderazgo y son razones para la destitución, que Bruto no cuestiona. En los tiempos actuales, los procesos de destitución se fundamentan a veces en las relaciones que un mandatario ha desarrollado con los dirigentes o personalidades de otros países, o en las adhesiones que ha recibido de ellos.

»Se invocan valores como la justicia, la libertad y la legalidad. Son graves y a veces desmedidos los daños que el mandatario ambicioso ha causado durante su gestión y causará si continúa en el poder. A eso apunta la analogía con el huevo de la serpiente que encontramos en Julio César. Se dice que sus actuaciones violan los principios fundamentales de la convivencia social y ponen en peligro las instituciones.

»El argumento que usan los conspiradores puede resultar especialmente contradictorio si juzga hechos que aún no han sucedido. En esos casos, el derrocamiento o la eliminación física se imponen como pena por actos que aún no se han llevado a cabo; no es que el argumento esté orientado a prevenir malas acciones de alguien que tiene un pasado de malas acciones; el argumento justifica la eliminación de alguien debido a las acciones que llevará a cabo en el futuro, aunque su pasado no parezca criticable ni ante la ciudadanía ni ante la ley.

»El aspecto más destacado del argumento opositor es el carácter no concluyente de las evidencias, que están sujetas a interpretaciones o simplemente no se plantean. En la Retórica, Aristóteles diferencia entre dos tipos de argumentos, los “pertenecientes a la disciplina” y los “no pertenecientes a la disciplina” (Aristóteles, 2000). Lo cierto es que ambos grupos de argumentos son igualmente importantes, ya que su poder persuasivo dependerá principalmente de la audiencia. Cuando Aristóteles dice que el entimema es más admirado que el ejemplo, parece referirse a una audiencia que premia el ingenio y la inventiva del orador, cualidades que se manifiestan en una elocuencia brillante. Pero las características de la audiencia varían de un caso a otro, como lo dice el mismo Aristóteles y como lo demuestra el uso del testamento de Julio César que hace Antonio en la obra de Shakespeare. Habrá que buscar siempre el argumento que se adapte mejor a las circunstancias, y para ese fin el conocimiento de las necesidades y las particularidades sociales y culturales de la audiencia resulta decisivo.

»En Julio César, Bruto usa argumentos estrictamente retóricos para sostener que el líder era un enemigo del pueblo de Roma; y Antonio, para refutarlo, recurre a un documento. Es el testamento de Julio César, que Antonio lee ante la multitud, lo que define la confrontación: Julio César ha querido que cuando él muera sus bienes sean distribuidos entre el pueblo. Ante la ciudadanía, nada será mejor prueba del cariño de la víctima por sus compatriotas, a los que no solo ha querido beneficiar en vida, sino también después de la muerte. Así es que se convence el pueblo y se enardece contra los asesinos. Pero no todos los casos de SRD son iguales. La fuerza de los argumentos y las refutaciones dependerán de la audiencia, y ningún recurso es a priori superior a otro.


»[...]


»La SRD y la estrategia discursiva

»Utilizada en una SRD por la facción opositora, la argumentación retórica es una herramienta para cuestionar el poder de quien ha sido favorecido por el consenso, y se inscribe exclusivamente en una racionalidad instrumental. Esa construcción es siempre necesaria, ya que los actos conspirativos y el uso de la violencia se encuentran inevitablemente bajo la mirada de la colectividad. En una república, cuando las fuerzas son insuficientes para cuestionar el poder de quien lo ha concentrado en el marco de una cierta legalidad o de un cierto orden consensuado, es necesario articular recursos materiales: entre los más necesarios están los razonamientos, que pueden construirse, reconstruirse, mejorarse y profundizarse mediante la agudeza del estudio, la inspiración y la fantasía. La consistencia de esos razonamientos dependerá de las circunstancias, y podrá variar de una situación a otra, dependiendo del compromiso del colectivo social con los valores republicanos, de su grado de respeto a los líderes de la conjura, y debido también a la educación y las costumbres, entre muchos otros factores.

»A todos ellos el dispositivo se ajusta, haciendo más o menos énfasis en ciertos valores, depurando las sutilezas argumentales, exponiendo o escondiendo las demostraciones más convenientes, desplegando unas evidencias e inventando otras; en fin, refinando la argumentación con fórmulas y objetos adecuados a los conocimientos y deseos de la audiencia, pero siempre inscribiendo esas elaboraciones en una acción táctica, desprovista de una visión integradora o altruista. Esa producción retórica se inscribe en una maniobra de derrocamiento que está obligada a probar su eficacia en los espacios deliberativos de la esfera pública. Puede responder a intereses generales de clases, facciones, confesiones religiosas o grupos de índole diversa.


»[...]


»Conclusiones

»Mi interés por investigar estos temas es doble. En primer lugar, quisiera describir cómo se manifiesta, en las pugnas de poder que se expresan en la esfera pública, el régimen de verdad de una sociedad (Foucault, 1980). ¿Qué es lo verdadero en un momento determinado de la vida de una sociedad? Ese régimen de verdad está compuesto por los discursos que en una sociedad son aceptados como verdad, los mecanismos que permiten distinguir lo verdadero de lo falso, y el conjunto de procedimientos, instancias y jerarquías que legitiman los enunciados a los que se les reconoce validez. En segundo lugar, quisiera propiciar, mediante ese estudio, condiciones para facilitar a la ciudadanía la reflexión crítica sobre el acontecer social y político.

»Sostengo que es posible identificar lo que he llamado una SRD, y para ello me he apoyado en comentarios sobre el Julio César de Shakespeare. Creo poder afirmar que ciertas condiciones políticas propias de la vida republicana dan lugar a unos dispositivos argumentales, configurándose así una situación retórica cuyos rasgos pueden ser identificados en ámbitos diferentes (políticos, institucionales) y pueden repetirse en diferentes momentos, en circunstancias análogas. La SRD es una situación retórica que resulta adecuadamente ilustrada en la obra de Shakespeare, y en nuestro tiempo los análisis de casos concretos deberían ofrecer la posibilidad de brindar instrumentos para la toma de decisiones sobre asuntos de interés general. El recurso a las evidencias es un elemento crucial que puede contribuir a dilucidar la justicia de los hechos que se proponen o se han llevado a cabo.

»Muchas respuestas quedan pendientes. Las líneas de Casio que componen el exergo, y que me sugirieron este artículo, insinúan que ya Shakespeare atisbó la repetición del drama. Sin embargo, es necesario superar la analogía formal que se usa para llegar al concepto de situación retórica según lo plantea Bitzer y que se refleja en este escrito. La fundamentación podría implicar un estudio detallado de los regímenes que regulan el ejercicio del poder en sistemas políticos donde está institucionalizado el consenso, y las diversas formas de racionalidad en que se encuentran inscritos, de forma tal que se puedan establecer no solo los paralelos entre las diferentes oportunidades en que se manifiesta la SRD, sino también las desanalogías.

»La cantidad de información disponible para millones de personas en todo el mundo ha aumentado dramáticamente en los últimos años, pero esa abundancia no parece haber hecho mucho para protegernos de formas de razonamiento superficiales o confusas. Especialmente, para tomar decisiones adecuadas en el ámbito de la esfera pública parece necesaria una comprensión integral de los fenómenos políticos y sociales que el estudio de situaciones retóricas como la SRD puede facilitar.

»No puedo evitar esperanzarme pensando que, al compenetrarse la ciudadanía con temas como el de la SRD, los regímenes políticos y las relaciones internacionales adquieran mayor estabilidad y transparencia. Si así fuera, podríamos estar contribuyendo a un proyecto de la lógica que se ha planteado hacerla no sólo más empírica sino también más histórica (Toulmin, 2003). Si contribuimos a fortalecer el sentido crítico y a modificar la comprensión de los procesos de razonamiento en los contextos que hemos descrito, esos cambios también se podrían expresar en un aggiornamento de las relaciones de poder.»





junio 08, 2017

«A verdade no processo judicial: A falácia da verdade metafísica»



Manuela Braga Galindo
«A verdade no processo judicial: A falácia da verdade metafísica»

Problemata vol. 8, n.º 1 (2017)
Filosofia do direito: edição especial

Problemata | Universidade Federal da Paraíba - UFPB | Programa de Pós-graduação em Filosofia | João Pessoa | Paraíba | BRASIL


Extracto de apartados en páginas 191, 198-202 y 210-211 de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Resumo

»O procedimento judicial é pensado nos termos da racionalidade apodítica, como demonstração ao invés de convencimento. Essa perspectiva é herança da abordagem teológica e metafisica da verdade que, transferida para o Estado e o direito, ajudam a consolidar as categorias e formas que confirmam ambos. No entanto, a racionalidade retórica, resgatada através da preocupação com a linguagem e a pluralidade do sec. XX, ensina que num processo dialético que parte da dúvida, como o processo judicial, não é a verdade que se tem como produto, mas a verossimilhança. Da mesma forma, o realismo jurídico permite entender o processo de decisão a partir da perspectiva do magistrado, confirmando a ideia retórica de que processo é convencimento, não revelação da verdade.

»Palavras-chave: Verdade; Justiça; Retórica; Realismo jurídico.



»A racionalidade retórica e a compreensão da falácia da verdade metafísica

»A partir do fim do início do séc. XX e mais especialmente do fim da Segunda Guerra, o estudo da linguagem e da retórica ganharam espaço nos campos das ciências humanas e com o direito não foi diferente. Com a percepção de que verdade pode ser outra que não a correspondência e que a o discurso é relativo, é possível perceber que o procedimento judicial que pretensamente se propõe a chegar a verdade pode estar defasado.

»A racionalidade retórica ensina que não se pode falar em verdade como correspondente da realidade no processo judicial, pois este é um processo dialético que admite as verdades de acordo com os oradores e ouvintes; é um processo relativista, negando, com isso, a pretensão de verdade metafísica.


[...]


»As premissas da retórica a partir do seu nascimento

»A racionalidade pode ser dividida em duas, a apodítica e a dialética. A razão apodítica é que pode ser demonstrada, pois parte de premissas necessárias, em que não existem dúvidas, mas apenas certezas. A racionalidade dialética, por sua vez, parte de um dubium e se desenvolve no discurso através de opiniões, proposições, escolhas e predisposições.

»Assim, quando se fala em premissas necessárias, como na matemática, tem-se a racionalidade apodítica. No entanto, a racionalidade que trabalha com categorias questionáveis, faz proposições, usa do discurso e da dedução para formar opiniões ou crenças é a dialética e Aristóteles chama esse método de tópico. Tópico vem do grego topos, lugar, e quer dizer que algo vem daquele a retórica é filha da dialética. O entimema, o argumento retórico em que uma premissa explícita induz uma segunda premissa, é um silogismo, uma argumentação lógica, herdando a retórica parte de sua tradição da dialética.

»Nesse tipo de racionalidade tópica existe dúvida e a dúvida incita o diálogo, que eventualmente leva à boa opinião. Com a boa opinião é preciso perceber se o interlocutor concorda com o orador, se convence. Esse processo é diferente da lógica, em que se trabalha com o monólogo, a tópica, por sua vez, constróise com o diálogo.

»Assim sendo, retórica é a faculdade de descobrir os meios de persuasão efetivos sobre qualquer questão dada. É a técnica e a arte de questionar e sustentar um argumento, defender-se ou acusar usando da melhor forma possível para assim fazê-lo. Para Aristóteles, então, a retórica é a capacidade de descobrir o que é adequado a cada caso com o fim de persuadir. Nem todas as provas de persuasão são próprias da arte da retórica. São provas inartísticas as que não são produzidas pelo homem como testemunhos, confissões sob tortura ou documentos escritos. Provas artísticas são as que podem ser preparadas através de método pelos homens, as que advêm do raciocínio. Assim, é necessário utilizar as primeiras, mas inventar as segundas.

»As provas artísticas são, portanto, a expressão do uso da retórica, que excede a descrição das provas inartísticas e as trabalham para construir a verdade que interessa ao orador.

»São três espécies de provas de persuasão através do discurso. Pelo caráter moral do orador, pela maneira que se dispõe o ouvinte e pelo que o próprio discurso parece demonstrar, como ensina Aristóteles.

»Persuade-se pelo caráter quando o orador deixa a impressão de ser digno de fé. Quando o orador convence o público que está qualificado para falar sobre o assunto e sua autoridade serve como meio de convencimento dos argumentos. No entanto, para falar precisamente de retórica é preciso que a confiança no orador seja resultado do discurso e não em razão de opinião prévia acerca deste individuo. Assim, se o orador convence que tem autoridade para falar sobre o assunto, a nova autoridade conquistada ajuda-o a persuadir seus ouvintes.

»A persuasão pela disposição dos ouvintes se dá quando estes são levados a sentir emoção por meio do discurso. A retórica aqui usa dos sentimentos de tristeza ou alegria, ódio ou amor para convencer de um argumento. A amplificação de um argumento ou uma história podem ser usados para evocar emoções da audiência. Assim, o orador deve julgar se usar das emoções da audiência é conveniente e eficaz para provar sua ideia.

»O discurso oratório comporta três elementos: o orador, o assunto sobre o qual se fala e o ouvinte. O resultado do discurso refere-se ao ouvinte; ele que, ao final, vai se manifestar, vai se convencer ou não. Para melhor compreender´ como se comportam os ouvintes, Aristóteles dividiu em três gêneros os discursos retóricos: o deliberativo, judicial e epidíctico.

»Na retórica deliberativa os oradores aconselham ou dissuadem acerca de eventos futuros. No gênero judicial a acusação e a defesa persuadem o juiz acerca de um evento passado. No epidíctico tem-se o elogio ou a censura no presente.

»Assim, a retórica judicial é justamente a argumentação jurídica prevista no modelo de processo judicial dogmático. Advogados de acusação e defesa devem escolher a melhor forma de persuadir o juiz acerca de como ocorreu um evento no passado. A finalidade dessa retórica, afirma Aristóteles, é o justo e o injusto. Apesar de não ser algo deliberadamente planejado, o injusto é um resultado possível na retórica judicial, pois o direito é um mecanismo de institucionalização de interesses.

»Dessa forma, o propósito do orador é convencer o ouvinte. Como já mencionado, o convencimento não pode se dar através de demonstração, pois a racionalidade do discurso judicial não é lógica, mas tópica e dialética. Assim, usando o método retórico, o orador deve construir o seu discurso pensando no ouvinte. Retórica é discurso adaptado. A partir de premissa que se adapta ao auditório e preocupando-se com a elocução é possível criar disposição no auditório para aceitar a argumentação e para, efetivamente, convencer.

»Importante perceber, portanto, que a retórica não demonstra, ela convence, o que significa que uma ou outra tese pode ser bem sucedida, pois dependem do manejo do orador. Por isso Aristóteles avisa desde o início que a retórica não tem compromisso com a justiça e ambas, justiça e injustiça, podem ser produto dela.

»A tópica e a retórica não pensam a partir do sistema, mas do problema. Dessa forma, não existe por parte dos advogados ou o magistrado compromisso com o sistema judiciário, politico ou social. A preocupação desses oradores, cada um em seu momento, é com o problema que têm diante de si, com o caso concreto. Assim, se o juiz acredita que o sistema legal não é suficiente para solucionar um problema, ele pode construir argumentação razoável usando outros recursos, pois, para a retórica, o sistema não está posto, ele é montado através do problema. Esse raciocínio guarda diversas similaridades com a teoria do realismo jurídico, que pensa a solução de problemas judicias não necessariamente a partir da norma escrita, mas também através do magistrado.

»A questão da verdade no procedimento judicial assume os parâmetros absolutos de que os princípios de justiça são concebidos por pessoas racionais e por isso a justiça pode ser definida em termos absolutos. Ele age como se a racionalidade individual sobre as questões de justiça fosse a racionalidade apodítica, demonstrável e necessária. Mas é essa mesmo a racionalidade da política, da ciência social, historia ou direito? Após o demonstrado até aqui, seguro dizer que não. A racionalidade do procedimento judicial é retórica e tópica, parte da dúvida e constrói argumentos e pressupostos a partir de consensos para convencer. Dessa forma, o procedimento judicial não é completamente alheio ao aceite de injustiças.

»A ideia de verdade no procedimento judicial é metafísica, pois se propõe como definitiva, como válida e dedutível por todos. No entanto, a análise da racionalidade do procedimento judicial mostra que não há que se falar em definição ou demonstração válida para todos. A decisão judicial parte de premissas, proposições e escolhas que inspiram determinado conhecimento. Essa verdade final do processo não pode se confundir com a verdade material, ou expressão fiel da realidade, é verossimilhança, expressão do que é razoável. Dessa forma, a injustiça, tanto quanto a justiça, é produto da decisão de direito. Assim, os princípios de justiça, as leis e as instituições podem cometer injustiças.


[...]


»Conclusões

»O procedimento judicial é pensado para definir parâmetros de verdade ao final da 1ª instância. Todo o procedimento é revestido de forma e categorização sólida que afirmam viabilizar a produção de uma verdade absoluta, imutável, atemporal e dedutível por todos, revelando a herança teológica e metafísica do processo.

»A verdade é que esse formato ajuda o direio a construir a estabilidade e confiança que instrumentaliza o estado. O estado se alimenta da consolidação e firmeza do seus procedimentos.

»No entanto, com a virada retorica na metade do séc. XX e o aumento da pluralidade, a retórica voltou a ser compreendida, como na Antiguidade, como a técnica e arte de desenvolver o discurso através da argumentação de modo a convencer, a formar opiniões. Assim, qualquer discurso dialético que parte de um dubium, como processo judicial, é contingente e acidental, produzindo, ao fim, não verdades, mas verossimilhanças.

»Essa racionalidade não parece ganhar espaço no direito, a medida que nega os próprios parâmetros de estabilidade e confiança já discutidos. A retórica promove discussão e dissociação e, com isso, ruptura, que o Estado não pode permitir.

»O realismo jurídico, por sua vez, através a postura cética em relação ao direito, enxerga os problemas apontados pela retórica quando admite que a decisão judicial e mais especialmente a definição dos fatos é um procedimento subjetivo que depende em muito do magistrado.

»Dessa forma, o trabalho se propôs a responder a pergunta de como se dá a determinação da verdade no procedimento judicial. Para isso formulou a hipótese inicial de que o procedimento judicial de definição da verdade se pretende infalível para a resolução do conflito e feitura de justiça, no entanto, a negação da metafisica da verdade e a compreensão da retórica analítica na produção da verdade judicial permitem concluir que o resultado do processo não pode pretender a descoberta de uma verdade, mas de verossimilhança, o que pode resultar na injustiça tanto quanto na justiça. Com as reflexões trazidas é possível, portanto, concluir que a hipótese inicial se confirma, a verossimilhança é resultado do processo de conhecimento dos fatos na 1ª instância o que, de modo algum, assegura a revelação da realidade e pretensão de feitura de justiça sob esses parâmetros.»





mayo 25, 2017

«The Great Chain of Being: Manifesto on the Problem of Agency in Science Communication»



Carolyn R. Miller, Lynda Walsh, James Wynn, Ashley Rose Kelly, Kenneth C. Walker, William J. White, Emily Winderman.
Contributing Authors:
Oren Abeles, Nathan H. Bedsole, Maryn Belling, Matthew P. Brigham, Danny Card, Danielle DeVasto, Jean Goodwin, S. Scott Graham, Chris Ingraham, Molly Hartzog, Chad Iwertz, Meredith Johnson, Nathan Johnson, Sean Kamperman, Molly Kessler, Candice Lanius, Zoltan Majdik, Jennifer Malkowski, Sara Parks, Alex C. Parrish, Pamela Pietrucci, Aimée Kendall Roundtree, Dawn Shepherd, Karen Taylor, Bonnie Tucker, Ron Von Burg, Greg Wilson

«The Great Chain of Being: Manifesto on the Problem of Agency in Science Communication»

Poroi, 12,1 (May 2016)

Poroi | The Project on Rhetoric of Inquiry (POROI) | Obermann Center for Advanced Studies | Iowa City | Iowa | United States


Publicación en PDF. Véanse notas y referencias en esta publicación original.




«The urgency of the problem of agency in science communication is perhaps best exemplified in the 2012 trial of the L’Aquila Seven in Italy: Six seismologists and a public safety commissioner were convicted of manslaughter for failing to adequately warn residents of a 6.3-magnitude earthquake that killed hundreds. Though the conviction was overturned in 2014, L’Aquila nevertheless demonstrated the high stakes of answering questions such as these: Who has the right and/or obligation to speak in policy debates informed by science? What are the proper limits in these forums to the agency of scientists? And how do we mete out justice in disasters whose agency is distributed among specialists, bureaucracies, computer models, instruments, media, and citizens (not to mention geologic faults)?

»While L’Aquila—and related controversies in climate change, stem cell therapy, and genetic modification—may have forced these agency-related dilemmas into high relief, they are hardly new to science communication. Humanist scholars who work on science studies have long been concerned with issues of representation, civil negotiation, and equity in public debates about science, technology, engineering, and medicine (STEM). The concept of agency sits at the heart of all these concerns.

»Definitions of agency vary, but most begin with the idea of the freedom to make choices and take actions that benefit an agent. To that foundation, most rhetorical theories of agency add an acknowledgment of the social and political forces constraining the agent—often using Kenneth Burke’s dramatistic pentad to attribute these forces to opposing “agents” or to elements of the “scene” (Burke, 1969). Other frameworks invoke Richard Vatz’s or Jenny Edbauer Rice’s models to attribute agency not just to particular actors but to kairos—the rhetorical exigence or drama as a whole (Burke, 1969; Vatz, 1973; Biesecker, 1989; Edbauer, 2005). Carolyn R. Miller, working in this vein, established what has proven to be the field’s benchmark definition of rhetorical agency: “the kinetic energy of performance that is generated through a process of mutual attribution between rhetor and audience” (Miller, 2007, 137). In other words, to enact agency, a rhetor must both intend to act as an agent and be recognized as such by the other agents operating in the rhetorical situation.

»This is how we have traditionally understood agency in the rhetoric and communication of STEM. However, recent crises have posed challenges to this understanding. Take, for example, the role that computer models played in the L’Aquila recommendations and the proliferation of conflicting information about the causes of climate change on Internet media: How do intention and recognition operate in these emergent, cascading, networked kairoi?

»Carl Herndl and Adela Licona welcome these challenges, deeming them a benefit of postmodern attention to “the rhetoric and cultural practices of non-dominant and subaltern subjects.” They propose re-defining agency as the combined action of all the elements of Burke’s pentad, as “a shifting relationship between constraints and resources” (Herndl and Licona, 2007, 27; 28). Celeste Condit and her co-authors stress the complexity of postmodern agency in their study of public understanding of genetic information (Condit et al., 2009). They found that participants did not view individual agency and genetic determinism as mutually exclusive; rather, the relationship crucially depended on how genetic information was framed and delivered. Tom Goodnight has pointed out the layers that advocacy adds to agency (Goodnight, 2009). And Leah Ceccarelli presented several cases in which advocacy worked at cross purposes with the agency of citizens impacted by AIDs, climate change, and access to science education (Ceccarelli, 2011).

»Untangling the complexities detailed by these researchers is an exigent task with real consequences, as we witnessed in the unfolding of the L’Aquila crisis. Being able to craft better communication about climate change policy, or knowing how to deliberate genetic engineering policies—these civic abilities crucially depend on the questions of who has a right to speak on those issues, and how those agents can best be heard. But answering those key questions also requires updating our understanding of rhetorical agency in a high-tech, media-saturated, world-risk context.

»Accordingly, we convened at the National Communication Association’s 2015 meeting a preconference symposium on the issue of agency in science communication. The Association for the Rhetoric of Science, Technology, and Medicine (ARSTM) sponsored the symposium, at which peer-reviewed panels of junior and senior scholars presented their current research. From these presentations organizers gleaned four topoi around which the inquiry appeared to circulate: automation, biopolitics, risk, and publics. In the afternoon, discussion groups coalesced around these topoi and produced the following statements of terms, problems, and questions that we believe must be addressed in the next five years to promote and support equitable agency in science communication.

»The symposium was convened in honor of the retirement of Carolyn R. Miller, who has, perhaps more than any other scholar, helped to call the attention of her STEM rhetoric and communication colleagues to the exigent problem of agency. Fittingly, therefore, this manifesto concludes with a response from Miller, in which she suggests the Great Chain of Being as a metaphor that may help us better appreciate the interlocked, organic complexity of rhetorical agency in STEM communication crises.



»AUTOMATION

»In the past two decades, complex models and computerized systems have become increasingly influential in our lives in areas such as economic decision-making, weather forecasting, and community planning. However, the processes and judgments built into these automated systems are not transparent.

»Rhetoricians of science and technology interested in how strategic choices shape understanding and action are uniquely positioned to address the questions of automation and agency that arise from the newest phase of automation. In deliberations on this subject at ARSTM’s 2105 preconference, we considered two directions of inquiry—critical and methodological—that might guide further scholarly development of these subjects. A critical program of inquiry would investigate the ways in which arguers enact agency in relation to automation. Carolyn R. Miller explains and thus demonstrates how automation mediates agency and how agency is mutually attributed in the interplay of rhetor and audience (Miller, 2007). James Wynn has investigated how nonexpert citizen groups have used Internet-connected devices to measure noise pollution and radiation to gain agency in arguments about risk (Wynn, 2016; see also Kelly and Miller, 2016). Jacob Rawlins and Greg Wilson have also looked at how interactive data displays constrain and enable the rhetorical agency of users (Rawlins and Wilson, 2015). Additionally, Ian Bogost has shown how game designers shape the actions and attitudes of players through design choices (Bogost, 2007).

»Despite these efforts to critically explore agency and automation, a number of topics still deserve attention. For example, scholars have yet to substantively investigate how choices of and assumptions in mathematical algorithms impact the outputs and the interpretation of outputs in automated systems. Cases in point are algorithms that calculate global temperature measurements and drive search engines. These systems significantly impact public arguments about privacy and security, and raise issues about disparities between public and technical agents (Galloway, 2004; Ingraham, 2014; Roundtree, 2013).

»Our working group also recognized the capacity of automation to invent and support new methods for analysis. Rhetorical scholars have already begun developing machine-assisted projects to identify figures in argument and assess affect in discourse (Kaufer and Ishizaki, 2012; Ridolfo and Hart-Davidson, 2015). As we begin to use automated analytic methods, safeguards need to be developed to ensure the transparency of data and to clarify assumptions inherent in the methods. Mixed-methods approaches pairing automated methods with more traditional rhetorical analyses can likely help expose such inherent assumptions and subjectivities; methodological disclosure and transparency are essential for training the next generation of scholars.



»BODIES, EMBODIMENT, AND BIOPOLITICS

»Although our group initially formed to discuss the relationship between agency and biopolitics, the conversation required us to expand our theme to bodies, embodiment, and biopolitics. These terms not only accommodated key points of difference between the theoretical orientations of the bodies participating in the ARSTM preconference; they also reflected inherent tensions between the theoretical touchstones that have inspired inquiry in rhetorical studies of science, technology, and medicine.

»To be sure, scholars have long contested what “counts” as a body (Haraway, 1991). Increasingly at the heart of this question is the evolving definition of “materiality” as mediating the relationship between bodies and agency. A key theoretical incommensurability exists between a perspective that partially locates agency in the relational capacity of sensing and feeling humans; a perspective that construes human and nonhuman bodies as actants in an institutional network; a perspective that places a body “with” agency as an effect of a larger biopolitical regime; and a perspective that defines agency as provisional and radically relational arrangement between objects (Condit, 2013; Latour, 2005; Foucault, 2010; Keränen, 2007; Foley, 2010; Barad, 2007).

»Notably, several participants in our symposium identified rhetorical studies’ anthropocentric tendency as ignoring the agency of animal and other non-human, non-linguistic entities (Bennett, 2010). While there were disagreements in some of our basic operational definitions of bodies and agency, a number of critical terms productively tethered the disparate theoretical traditions implicit in our discussion. The questions of agency, bodies, embodiment, and biopolitics have been perennially connected to rhetorical concepts of attributive voice (and voicelessness); collective and distributed subjectivity; and affect (Miller, 2007; Foley, 2010; Deleuze, 1980/1987; Massumi, 2002).

»As we meditated upon a necessary and just trajectory for the next five years, we recognized the importance of addressing why we insist upon returning to bodies as a theoretical site of invention. How will theories of agency change based on technologies that trouble the boundaries of bodies and embodiment? How might sensory perception constrain and enable rhetorical action within imminent spatio-temporal contexts? Participants left hopeful that agency can remain a shared problematic as our entanglement with bodies becomes increasingly diverse.



»PUBLICS

»Rhetoric has traditionally been understood to maintain a humanistic conception of agency that can mistake an individual speaker as “the point of origin rather than a point of articulation” for persuasive acts (Gaonkar, 1993, 263). The ideal of a public sphere, with its powerfully constraining structural effects, can correct origin myths about individual rhetorical agency (Goodnight, 2012; Habermas, 1989). Indeed, Carolyn Miller reminds us to gauge the contribution of context and community to every rhetorical action (Miller, 1993a, b; 1994). But the interaction of publics and agency is complex (Miller, 2005).

»Our group was led to formulate three key questions about public agency in science communication: First, how do we deal with epistemological differences between experts and lay publics? The “deficit model” of public understanding of science has itself proven deficient (Hart and Nisbet, 2012). Citizen science is frequently touted as an alternative model, but these projects are still almost entirely controlled by scientists themselves (Bonney, Phillips, Ballard, and Enck, 2016). So, the search for a rhetorical model of the public understanding of science must continue (Goodnight, 2005).

»Second, how do we cope with denialism, manufactured controversies, and other self-interested challenges to scientific authority in our theories of publics and of agency (Ceccarelli, 2011; Mooney, 2005)? Understanding these encounters requires parsing out the ways in which expertise and lay knowledge are articulated and then validated or invalidated by authorities (Katz and Miller, 1996; White, 2008). But some rhetoricians feel compelled to go further, to assist in the public demarcation of science from pseudoscience and other problematic knowledge domains. This demarcation can be understood as a fundamentally rhetorical process (Taylor, 1996). It can be read as hostile to civic deliberation or as hostile to science (Fuller, 2013; Gross, Levitt, and Lewis 1996). A fundamental question for rhetoricians is thus their role in mediating public arguments about science.

»Finally, how do we ensure substantive public engagement and participation in science-based policy discourse? This may require a remodeling of the public sphere as a “discursive realm in which individuals and groups may transcend their private concerns to interact freely in ways conducive to forming a common sense of reality in order to highlight the multiplicity of public spheres and the value of dissensus in establishing group identity and solidarity within a broader public (Hauser, 1987, 438; Fraser, 1990; Phillips, 1996).

»High-level problems in the theory of publics need not be solved before answers to these questions can be formulated. For example, as Miller observes, genres instantiate the values of the publics that employ them and thus can serve as productive sites for investigation and intervention (Miller, 1994, 68). We noted a need, however, to engage scholars outside the orbit of rhetoric of science to make progress in solving the problem of public agency. Scholars from fields including public relations and critical theory have recently attempted to initiate just such a conversation (Heath, Waymer, and Palenchar, 2013; Asen, 2015). Sociology, anthropology, and philosophy also conceptualize publics in ways that may help rhetoricians. Finally, integrating rhetorical criticism with “big data” methods may help both augment our capacity for imagining publics and complicate our definitions of them—thereby revising our approaches to agency in public deliberation over science.



»RISK AND UNCERTAINTY

»Building on nearly two decades of scholarship, risk continues to be an arena in which scholars in RSTM productively investigate the concept of agency (Beck, 1999). For rhetoricians, a fundamental problem in risk deliberation is an over-reliance on technocratic reasoning, which fails to recognize broader forms of expertise and decision-making. Whereas other disciplines have construed risk within frameworks that reduce complexity and limit deliberative performance (e.g., risk assessment, decision theory), rhetorical scholars have increasingly embraced the indeterminacy, contingency, and precarity inherent in the concept of risk (Walsh and Walker, 2016).

»In this way, the rhetorical scholarship on risk can be usefully distinguished by treatments of uncertainty that expand rather than restrict possibilities for creative, just, and participatory forms of agency. Early studies applied rhetorical analysis to reveal the limitations of traditional risk discourses; more recent work has revealed the ways in which boundary work around risk and uncertainty both enables and disables lay agency (Miller, 2003; Danisch, 2010; Paroske, 2009; Sauer, 2003; Scott, 2006).

»Gaining further precision and consistency in the rhetorical effects of “managing uncertainty” is a productive area of inquiry in reclaiming rhetorical agency, particularly when uncertainties are viewed as inventive performances both facilitated and constrained by the sites and events of risk (Miller, 2007). To this end, we might consider how to leverage rhetorics of risk and uncertainty to expand the reach of rhetorical research. How could rhetorical agency be harnessed to help inform innovative policy forums, civic participation models, or public-facing communication through well-designed usability documentation or interactive media? Answers to these questions can help manage uncertainties in risk so that rhetoric becomes fundamental in expanding the possibilities for public deliberation and decision-making.



»RESPONSE FROM CAROLYN R. MILLER

»“Agency” has become one of those conceptual boundary objects that shape-shifts its way across conversations, both adaptively plastic and robustly identifiable, enabling synergy among disciplinary social worlds and producing definitional polysemy. In the presentations and discussions at the 2015 Association of Rhetoric, Science, Technology, and Medicine (ARSTM) meeting, we heard agency associated with matters of trust, responsibility, expertise, authority, guilt, duty, ethos—and at each turn it looked different and participated in a different conversation.

»Agency raised many issues for us—theoretical, practical, and social. Theoretical: Is agency a capacity or an effect, a possession or an attribution? Is it associated with the human only or also with the non-human? Is agency a symbolic or material force? Social: in what ways is agency individual, collective, distributed? Can we delegate agency? For example, in working with big data and quantitative analysis, what happens to the agency of the researcher? Practical: How do we locate, identify, and cultivate agency—within ourselves, within others? How do we identify and take on the social roles with which agency operates? What, for example, is the role-agency of scientists, citizen-scientists, scientists-as-citizens, rhetorical critics? Finally, we might ask whether rhetorical agency is distinctive or different from other forms of agency. Does any social role necessarily carry with it some form of rhetorical agency? Is rhetoric a prerequisite for agency as a scientist or as a citizen? Does rhetorical power itself create the possibility of social agency? As scientific research, technological development, health and safety risks, and policy-making become automated and globalized, understanding agency—and with it the possibilities of action— become ever more urgent.

»A visual epitome of many of these issues is the Neoplatonic Great Chain of Being, or scala naturae (“ladder of nature,” Figure 1), which orders all existence in a fixed hierarchy, with God at the top of the chain and successive levels of angels, humans in their various ranks, wild and domestic animals, plants, minerals and metals, and the underworld at the very bottom. This image brings before our eyes questions about the location and distribution of agency, the sources of authority, and the possibility of rhetoric (though the answers it offers likely differ from those we postmoderns would favor).»





mayo 18, 2017

«Carlos Germán Belli y Jorge Eduardo Eielson: Un ensayo de retórica comparada»



Camilo Fernández Cozman
«Carlos Germán Belli y Jorge Eduardo Eielson: Un ensayo de retórica comparada»

Literatura y lingüística, n.º 33 (2016)

Literatura y lingüística | Universidad Católica Cardenal Raúl Silva Henríquez | Departamento de Humanidades | Santiago de Chile | CHILE


Extracto de apartados en páginas 61 y 66 a 69 de la publicación en PDF. Véanse las referencias en la publicación original del texto.




«Resumen

»Carlos Germán Belli y Jorge Eduardo Eielson son dos poetas peruanos. El autor intenta comparar la obra de ambos poetas sobre la base del análisis de las figuras literarias y de las técnicas argumentativas. Se trata de una óptica de Retórica Comparada. Los dos poetas realizan una crítica de las estructuras de poder hegemónico y ello se evidencia en dos poemas representativos: “La ración” y “Cappella Sistina”.

»Palabras clave: metáfora, argumentación, poesía, poder.



»Dos poetas peruanos de la generación del cincuenta: Carlos Germán Belli y Jorge Eduardo Eielson

»El objetivo de nuestro artículo es comparar a dos autores peruanos de la denominada generación del cincuenta: Carlos Germán Belli (Lima, 1927) y Jorge Eduardo Eielson (1924-2006). El primero obtuvo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda en 2006; el segundo, el Premio Nacional de Poesía en 1945, entre otros galardones. Para comprender plenamente la obra de ambos poetas, resulta pertinente recordar la periodización de la poesía peruana, desde la época colonial hasta los años setenta del siglo pasado, que realiza Alberto Escobar (1973), quien señala que existen cuatro etapas.

»La primera es la de los mantenedores de la tradición hispánica y allí se ubican las poetisas Amarilis (autora de “Epístola a Belardo”, una emotiva carta-poema dirigida a Lope de Vega) y Clarinda (quien escribió “Discurso en loor a la poesía”, una loa al estro poético), además de Juan Valle Caviedes (poeta satírico que se burlaba de los médicos de su época sobre la base de un estilo barroco), Pedro Peralta y Barnuevo (cuya vena poética se revela en Lima fundada) y Diego de Hojeda, que produjo un poema religioso cuyo título es La cristiada.

»La segunda es la de los buscadores de las tradiciones propias, y en ese período se ubican autores como Mariano Melgar (quien escribió yaravíes, cantos de amor herederos del haraui andino prehispánico), los poetas románticos peruanos (como Ricardo Palma, Carlos Augusto Salaverry y Clemente de Althaus), José Santos Chocano (modernista, pero más propenso a la estética parnasiana), Manuel González (político, antecedente del indigenismo y buscador de nuevas formas estróficas) y Abraham Valdelomar (cuentista notable, pero poeta posmodernista que aborda temas como el hogar provinciano en “Tristitia” y El hermano ausente en la cena de pascua”.

»La tercera etapa es la de los fundadores de las tradiciones poéticas peruanas. José María Eguren, con Simbólicas(1911), marca el inicio de la lírica contemporánea en el Perú y es un poeta ejemplar. En este período se sitúan César Vallejo, una de las cumbres de la poesía en lengua castellana, quien con Trilce (1922) produjo una revolución vanguardista sin precedentes. Cabe mencionar, en el ciclo de los fundadores, a poetas vanguardistas como Emilio Adolfo Westphalen, César Moro, Martín Adán (quien produjo sonetos vanguardistas), Alejandro Peralta y Carlos Oquendo de Amat. Belli y Eielson, como poetas de la llamada generación del cincuenta, forman parte de la etapa de los fundadores, junto a Blanca Varela, Javier Sologuren, Alejandro Romualdo, Juan Gonzalo Rose, Wáshington Delgado y Efraín Miranda (Fernández Cozman, 2010). Escobar añade un cuarto período: el de los cuestionadores de las tradiciones poéticas peruanos, donde se ubican los representantes de las llamadas generaciones del sesenta (Antonio Cisneros, Rodolfo Hinostroza, Marco Martos, Luis Hernández, Juan Ojeda, Javier Heraud, entre otros) y del setenta (Enrique Verástegui, José Watanabe, Tulio Mora, Abelardo Sánchez León, por ejemplo). Estos autores destacan por la asimilación de los aportes de la lírica de lengua inglesa (Ezra Pound, T.S. Eliot, verbigracia) y por someter a tela de juicio los aportes de César Vallejo, entre otros autores.

»La crítica especializada (Hill, 1985; Cánepa, 1987; Cornejo Polar, 1994; Paoli, 1994; Sobrevilla, 2006) ha puesto de relieve cómo en la poesía de Belli se da una lucha entre el estilo tradicional (el uso de la sextina, por ejemplo) y el vanguardista (metáforas surrealistas al lado de giros coloquiales, verbigracia); asimismo, ha analizado de qué manera en la obra poética de Eielson se percibe una tendencia neovanguardista (Fernández Cozman, 1996) y cómo este poeta explora el espacio de la página en blanco (Rowe, 2002) o indaga por la dimensión corporal del ser humano a través del empleo de símbolos oníricos y de la mutación de la materia (Canfield, 2002). Otros investigadores, entre lo que destaca Morillo (2014), han intentado confrontar la poesía de Eielson con sus propias reflexiones sobre el hacer poético con el fin de precisar una intertextualidad que permita iluminar los principales ejes temáticos de la obra del autor de Habitación en Roma.

»Belli y Eielson comparten, obviamente, una vocación experimental que se evidencia en dos poemarios notables: El pie sobre el cuello y Habitación en Roma. ¿Cuál fue la razón que nos impulsó a elegir esos dos libros? Creemos que en ambos se observa el tema del poder con meridiana claridad. Los títulos de los volúmenes son de índole metonímica. El de Belli implica el empleo de la metonimia de instrumento: el pie representa (es un instrumento) el poder ejercido contra el cuerpo; en cambio, el poemario de Eielson muestra, de modo palpable, la metonimia de lugar para evidenciar la imposición del discurso del poder hegemónico:

»Decir Roma en vez de catolicismo constituye una metonimia de lugar. Habitación en Roma quiere decir, en principio, habitación en el mundo tecnológico, pues la presencia de los medios audiovisuales, de los avisos luminosos, de la tecnología atómica configura una de las problemáticas medulares de la modernidad (Fernández Cozman, Las huellas… 115-6).


»Hay algo que aparece en los dos poemarios: el empleo de topónimos. Eielson alude a Roma, a Hiroshima y a las distintas calles de la capital de Italia. Belli, por su parte, tiene dos referencias al Perú muy significativas en un libro de tan corta extensión. Los dos poetas emplean giros coloquiales. Eielson los utiliza de manera más directa; por su parte, Belli los mezcla creativamente a una sintaxis clásica de algunos ecos barrocos.

»Eielson nombra a protagonistas vinculados al arte: Giuseppe Ungaretti y Miguel Ángel Bounarrotti, verbigracia; por el contrario, Belli designa personajes o lugares mitológicos: Cupido, Erídano, Leteo, Betis, entre otros. Ambos escritores abordan el tema de la pobreza económica. En el primer texto de Habitación en Roma se afirma que “un animal tan milagroso/ carecería de vientre/ no tendría tantos hijos/ negros blancos amarillos/ que amanecen diariamente/ con la cara ensangrentada/ y los brazos amarrados/ con la lengua acuchillada/ y el estómago vacío” (Eielson, Poesía escrita 156).

»En “Amanuense” se dice: “aunque en verdad yo por mi seso raso, / y aun por lonjas y levas y mandones,/ que a la zaga me van dejando estable,/ ya a más hasta el gollete no poder,/ al pie de mis hijuelas avergonzado, cual un pobre amanuense del Perú” (Belli, Los versos… 110).

»En tal sentido, los dos poetas son herederos de César Vallejo (1991), quien, en “La cena miserable” o “La rueda del hambriento”, abordó la pobreza económica como eje temático fundamental. A diferencia de Poemas humanos donde el poeta de Santiago de Chuco vislumbra una utopía de justicia social (recuérdese el poema “Los desgraciados”), Belli y Eielson no perciben una salida a la crisis de la modernidad: el poder es ejercido, de modo violento, por los representantes del grupo hegemónico (“los mandones”, para Belli; la cultura audiovisual y la tecnología nuclear, para Eielson).

»Otro aspecto en el cual convergen ambos vates es la concepción del trabajo. Es pertinente mencionar que Poemas humanos constituye un antecedente de dicha idea, pues allí los mineros son vistos como intelectuales que unen, de manera fecunda, la teoría a la práctica.

»En los poemarios Habitación en Roma y El pie sobre el cuello, la actividad laboral se vincula con la deshumanización del hombre. En Habitación en Roma, leemos: “señores que sonríen y sonríen/ y operarios que trabajan y trabajan/ con miserables avenidas/ que huelen a ropa sucia” (Eielson, Poesía escrita 173). El amanuense, en El pie sobre el cuello, realiza una actividad degradante y, por lo tanto, nada creativa si la comparamos al acto lúdico y gratificante de escribir un poema.

»Eielson es más neovanguardista que Belli y juega con el espacio en blanco de la página a la manera de Carlos Oquendo de Amat. En cambio, Belli busca un equilibrio (no exento de conflicto) entre lo clásico y el arte de vanguardia. Sin duda, trae a la memoria Travesía de extramares de Martín Adán, donde el soneto ora clásico, ora barroco, se entremezcla con giros metafóricos de índole vanguardista.»