Mostrando entradas con la etiqueta pragmática del texto. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta pragmática del texto. Mostrar todas las entradas

febrero 07, 2022

Construcción pragmática del texto. La teoría del principio cooperativo


La pragmática del texto es una ciencia lingüística, de límites o diferenciación en debate, que sirve para construir y descifrar textos con atención al hablante y al oyente: con atención o con, por referencia a ambos y respecto al proceso de una determinada comunicación. Esta sola propiedad puede hacernos valorar la utilidad de la pragmática, ya que no solo una buena construcción del mensaje asegura la comunicación, sino también su capacidad de conectar con su interlocutor o público.

Una parte importante de esta capacidad de conexión nace de conocer el código común que nos une, es decir, el idioma y su universo referencial; otra parte también amplia procede de la capacidad comunicativa del hablante, lo que incluye, entre otros elementos, la mencionada construcción del mensaje.

Dicho de otra forma:

«Para que un acto comunicativo sea exitoso, asumimos que los participantes actúan, generalmente, sobre una base social colaborativa, además de respetar las reglas del sistema de la lengua que comparten. Esta concepción de la comunicación humana lleva a Paul Grice a formular la teoría del principio cooperativo que, en la práctica, actúa como regulador de la conversación.

»Este principio, al que los interactuantes de una conversación adhieren, controla el desarrollo del intercambio y se expresa de la siguiente manera: “Haga su contribución a la conversación según sea necesario, en el momento en que ocurre, de acuerdo con el propósito y la orientación de la interacción lingüística en que usted participa o en la que se haya inmerso”».

(Horacio Miranda Ubilla y Marisa Guzmán Munita, «Análisis pragmático de las máximas griceanas en textos orales y escritos», Literatura y lingüística, n.º 26, 2012).


En este punto, bueno es recordar que un texto escrito se tiene solo a sí mismo para valerse ante el receptor en el momento de la comunicación, mientras que si se transmite mediante elocución, cuenta con el soporte del lenguaje no verbal y otros elementos, como el feed-back de la actitud del receptor o público. Entonces, desde una perspectiva pragmática, pensando en nuestro interlocutor, oyente, público, ¿que factores hemos de tener en cuenta para construir un mensaje que logre su meta de comunicar?

La teoría del principio cooperativo, creada por Grice, «descansa en las máximas de cantidad, calidad, relevancia y modo que, dicho de una manera concisa, implica que los enunciados de los hablantes deben ser lo suficientemente informativos, veraces, pertinentes, claros y breves», explican los autores anteriormente citados Miranda y Guzmán.


Principio cooperativo
del acto comunicativo
máxima
—>
cualidad
cantidad
—>
informativo
calidad
—>
veraz
relevancia
—>
pertinente
modo
—>
claro y breve


En resumen, estas máximas y cualidades, implican los siguientes requisitos para satisfacer con la construcción del texto:

• cantidad —> informativo: aportar la información que se requiere.

• calidad —> veraz: no aportar lo que sea falso o de lo que no se tenga base suficiente.

• relevancia —> pertinente: atenerse al tema o tópico de la conversación.

• modo —> claro y breve: ser preciso.


En el acto de comunicación, y al construir el mensaje, la decisión corresponde al emisor o hablante, quien puede transgredir las máximas anteriores y, aun así, realizar la comunicación con éxito. Así lo expresan Miranda y Guzmán:

«La transgresión de las máximas conversacionales puede explicarse por razones culturales, relacionadas, por ejemplo, con mantener relaciones amistosas en buen pie, por temor, deferencia, etc. Eso lo sabe bien el hablante, quien, dadas las circunstancias, hará uso de su competencia lingüística-pragmática para determinar qué máxima privilegia y cuál o cuáles transgrede o deja de observar».







marzo 06, 2015

Entendimiento comunicativo y entendimiento en el habla: propuesta alternativa a «la aceptación acrítica y pasiva de los conocimientos» mayoritaria


Cuauhtémoc Banderas Martínez
«Los procesos comunicativos en el aula.
Una reflexión desde la pragmática»

Sincronía, nº. 65-66, enero-diciembre de 2014.

Sincronía (Revista de Filosofía y Letras). Universidad de Guadalajara. Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH). Departamento de Filosofía y Departamento de Letras. MÉXICO



Este artículo, cuyo título ves más arriba entre comillas, es una lectura posible para acompañar un momento de reflexión aspiracional, o un motivo o un catalizador para ese género de pensamientos, sobre qué hacemos, cómo, para qué, qué queremos...

En el desarrollo de estas páginas se conjuga la doble acepción de entendimiento que puedes leer en el título del post; es una buena regla nemotécnica para actualizar mental y prácticamente la propuesta que ofrecen. Aunque Cuauhtémoc Banderas la refiere al ámbito de la educación profesoral, tanto por su expresión amena y asequible como por su contenido puede resultar de utilidad a toda persona que deba dirigirse a una audiencia por razones de explicar, formar, mostrar, etc.

El autor invita a atender a los procesos educativos como actos de comunicación y plantea que:

No hay educación cuando los alumnos no entienden al profesor (pág. 4).

A su vez, el profesor es más eficaz cuando entiende la filosofía educativa de su trabajo, además de los contenidos curriculares (pág. 4).

El entendimiento en ambos casos se traduce generalmente a través de actos lingüísticos, como explicar, ejemplificar, relacionar, contextualizar, etc. (pág. 4).


Esto justifica, enuncia Banderas, el interés de analizar los discursos que se producen en el aula. Más aún en las situaciones de interacción, donde los individuos comparten y negocian significados, y de esta forma, construyen otros nuevos (pág. 5). Por medio de esta interacción, la acción educativa, al igual que la comunicativa, puede lograr no solo la meta del entendimiento comunicativo, sino además la de ser «determinante» (pág. 5).

Lo determinante del acto de habla reúne para el autor dos propiedades, expresadas a través de una cita de Habermas: que pueda considerarse válido y que pueda ser objeto de crítica. Un acto de habla con estas características es el que apela al entendimiento (a la facultad del entendimiento) a través de razones, las cuales, para Cuauhtémoc Banderas, poseen «fuerza de convicción» (pág. 6).

Sin embargo, y en el párrafo final llega la identificación del problema a cuya resolución se pretende contribuir (pág. 6):

«En una gran mayoría de instituciones educativas continúan predominando los actos de habla que no promueven el entendimiento y sí, en cambio, inducen a la aceptación acrítica y pasiva de los conocimientos; este fenómeno está estrechamente vinculado con las deficiencias de la comprensión por parte del docente, no sólo en lo que se refiere a la propuesta pedagógica del modelo educativo en cuestión, sino también, a los contenidos temáticos de la disciplina.»


La solución se ha aportado previamente, en un resumen de lo expuesto en las páginas precedentes (pág. 6):

«Las actividades educativas, en tanto procesos discursivos, para ser adecuadas, productivas o exitosas, deben realizarse en procesos interactivos a través de este tipo de actos de habla. [...] En el ámbito educativo [...] sólo es posible actuar adecuadamente si somos capaces de usar un discurso que tenga la capacidad de crear un vínculo basado en la fuerza de convicción que poseen las razones, potencial que sólo la comunicación lingüística dirigida al entendimiento posee.»






octubre 17, 2014

El periodista personaje


El viñetista Joe Sacco, periodista y autor de libros, ha hablado recientemente de la tendencia entre los cultivadores de este género a dibujarse como personajes de sus viñetas. «El narrador gana protagonismo», constata, y como un personaje más aporta vivencias propias a la historia; en su caso, periodista de guerra, ese yo-personaje es el hombre en tierra extranjera y en medio del conflicto bélico: lo que ve, quiere, cómo se relaciona, etc.

En un reportaje de moda escrito por Suzy Menkes en la revista Vogue—otro género periodístico, pues—, compartido recientemente en este blog, se encontraba un exponente de esta tendencia: en un momento dado, la periodista se autorretrata en conversación con la diseñadora de la casa de moda sobre la que trata el reportaje.

¡Qué cambio, ¿verdad?! Hace no mucho una clave del periodista era su distancia, material, formal, emocional, de intereses, etc. Esto era una salvaguarda de su credibilidad y también de su poder, además de la fuerza propia de su voz con nombre y apellido y de su visión de las cosas.

Pero es que ahora el periodismo es interactivo, el periodista tiene roce social con su público, y no solo esto, sino que forma parte de la noticia, quizá como un personaje de atrezzo, haciendo un cameo... pero ahí está, y si no aparece, ¡malo! Porque ahora hacerse el desentendido, invisibilizarse es considerado sintomático de distancia de la noticia, por tanto, de falta de conocimiento, y sospechoso además de falta de veracidad.

Si el periodista es curtido y es alguien, se espera que se moje; si no, su huella debe ser el buen hacer, es decir, el hacer periodístico, pues es el que hará que se gane el nombre y título de periodista; si es mal hacer, será huella igual, «su» huella.

Claro que no podemos hablar del periodista como un ser independiente, en el sentido de ‘exento’, como las esculturas exentas, las de bulto… El periodista forma parte de un medio, que es el que le publica, y también se debe a él, a su línea y estilo editoriales. Si el medio es tan bueno como el periodista, esta relación será normalmente de respeto mutuo. Para validar todo lo dicho, aquí quedan señaladas las prácticas de Suzy Menkes y de Joe Sacco.






junio 06, 2014

«Presuposición»


En el post anterior dedicado a pragmática, tema de los viernes en la etapa actual del blog, compartí unas sencillas experiencias, o más bien, recuerdos de experiencias, que pueden situarnos en el ejercicio de equilibrismo, en el que se convierte la comunicación textual, siempre que pasamos a considerar la cuestión de los sobrentendidos.

El viernes pasado mencionaba el sencillo criterio de no dar nada por sobrentendido, a riesgo de que aquello que consideramos que se sobrentiende sea ignorado y entonces nuestra comunicación naufrague.

Hoy nos ponemos en la otra orilla, en la de valorar qué sobrentendidos pueden desprenderse de nuestro texto, qué presuposiciones permitimos que nuestro lector, oyente, público, etc. infiera de lo que decimos.

Ayuda a reflexionar esta entrada del Diccionario de términos clave de ELE del Centro Virtual Cervantes. Omito la última parte, específicamente dedicada a pautas de la enseñanza-aprendizaje del español como lengua extranjera.


«Presuposición»

«Se entiende por presuposición un tipo de información que si bien no está dicha explícitamente, se desprende necesariamente del enunciado.

»El concepto técnico de ‘presuposición’ procede de la filosofía. Levinson (1983) presenta un amplio recorrido histórico sobre la concepción del término. Entendida en principio como un concepto propio de la lógica semántica, desde el análisis del discurso se ha indagado en otro tipo de presuposición que escapa del análisis estrictamente lógico, ya que se basa en el conocimiento previo que se da por supuesto y compartido por las personas que participan en el acto comunicativo. Este tipo de presuposición se conoce con el nombre de presuposición pragmática o implicatura.

»Como características lógicas fundamentales de la presuposición se señalan normalmente las siguientes:

»1. La presuposición permite dar cuenta de la veracidad del enunciado del que forma parte. Así, por ejemplo ante un enunciado como [Alberto ha dejado de quererme] se presupone [Alberto me quería]; idea que debe ser cierta para que también lo sea el enunciado desde el que se deriva la presuposición.

»2. La presuposición sigue siendo válida aun negando el enunciado del que se deriva. Así, [Alberto no ha dejado de quererme] sigue presuponiéndose que [Alberto me quería].

»3. Las presuposiciones, por ser significados convencionales de las expresiones, no se pueden fácilmente anular, sin que el hablante se contradiga. [Alberto ha dejado de quererme, pero nunca me quiso].»