febrero 21, 2020

«Penguin Random House ha logrado posicionarse como un grupo editorial afianzado y de referencia, formado por diversas pequeñas editoriales en las que cada sello tiene su impronta, su tipo de autores y su idiosincrasia»


Thais Peñalver Cerdá
Alicante Plaza (@alicanteplaza)




«No son pocas las trabas que pesan sobre las tapas de los libros: muchas personas ya les imprimen una fecha de caducidad en formato papel, otras les auguran un futuro incierto eclipsado por el audiovisual e incluso hay quien se aventura a considerar ciertos géneros casi acabados debido al auge de otros. Y no son los autores y autoras los únicos receptores directos de este balazo, sino toda una industria literaria en la que las editoriales también se ven inmersas.

»Con motivo de conversar sobre los desafíos que amenazan al sector editorial, el Centro de Estudios Literarios Iberoamericanos Mario Benedetti (CeMaB), el Máster en Estudios Literarios de la UA y la Librería 80 Mundos organizaron ayer, jueves 23 de enero, una mesa redonda que estuvo moderada por el librero de 80 Mundos Ferran Riesgo y en la que participaron las editoras Vega Cerezo (de Penguin Random House) y Marta Martínez (Contraescritura), así como el editor Luis Sánchez (Boria Ediciones).

»Bajo el título “Editar en el siglo XXI, ¿un reto posible?”, el coloquio pretende iluminar al alumnado del Máster en Estudios Literarios sobre el camino de la edición exponiendo “los desafíos que les surgen a los pequeños editores, la manera en que se desenvuelve el proceso desde que alguien presenta un borrador hasta que se vuelve en un libro, cómo se debe llevar a cabo ese desarrollo, qué hay en medio o qué es y qué papel juega una distribuidora”, enumera los puntos a tratar Vega Cerezo.

»El mercado empresarial mantiene una actitud arrolladora, instaurando un abismo de oportunidades entre las grandes editoriales y las pequeñas, por lo que “tenemos que ser la resistencia, pensar que todavía existe una franja de conocimiento que se transmite a través de materiales perdurables como el libro”, reivindica.

»Una lucha que, además, se acentúa en la frontera desdibujada que separa —y une— la cultura y el ocio, este último un terreno “del que el libro empieza a formar parte, pero que compite en una desigualdad brutal, porque no da una garantía de placer como la que proporcionan los videojuegos, las plataformas de series y películas o los conciertos. El libro es una opción de ocio que requiere otras atenciones y que no tiene la inmediatez de satisfacción que sí incluyen otras opciones”, comenta en contra de esta herramienta de lectura.

»Penguin Random House ha logrado posicionarse como un grupo editorial afianzado y de referencia, formado por diversas pequeñas editoriales “en las que cada sello tiene su impronta, su tipo de autores y su idiosincrasia”, aclara la editora. Y marca un distintivo en “el hecho de estar soportada por un gran emporio empresarial, lo que confiere una ventaja para poder correr riesgos, porque cuentas con la garantía de estar cubierto por un gran grupo, algo que las editoriales independientes no se permiten por no poderlo asumir económicamente”.

»En esta línea de microeditoriales, Marta Martínez alega que resulta fundamental que cada editorial sea consciente de “dónde se posiciona y dónde quiere llegar —o si se quiere quedar donde está—. Yo soy una editorial que, con una inversión inicial de 200 euros, ya llevo cinco años publicando al ritmo de tres títulos al año, por lo que no puedo esperar unos beneficios que me permitan sacar en el siguiente, por ejemplo, 20 libros. Tienes que ser consciente de que tus propias decisiones te van a colocar donde estás”, hace un llamamiento a la responsabilidad de cada profesional. Y muestra su intención pedagógica en cuanto a la estructura “del mundo del libro, porque muchas veces nos quedamos en editor, traductor y librería, pero existen otros intermediarios. Hace mucha falta que el público sepa estas cosas para evitar comentarios como que los libros son muy caros”.

»Debido al modelo de Contraescritura, más modesto y con un carácter más contestatario que aboga por la historia, la editora manifiesta que sus prioridades al publicar “son las personas que hayan sido molestas en su propio contexto histórico, bien sea porque han estado en guerra y se han mostrado pacifistas, porque en su contexto absolutamente patriarcal han apuntado hacia los derechos de la mujer o porque ante las peores situaciones —como haber sido presas en los campos de concentración o en las cárceles rusas de 1945— han luchado por sus necesidades y derechos”, ejemplifica. Y busca que “no solo expliquen la experiencia, sino que aporten el punto de reflexión al libro. No se trata de ensayos sesudos, sino de historias que destilan esas ideas de libertad y de capacidad de negación ante la barbarie”, distingue sus publicaciones.

»Por su parte, el responsable de Boria Ediciones matiza que, aunque sí resulta posible editar en el siglo XXI, “la pregunta que no sabría responder es si se puede vivir de ello. La necesidad de un segundo trabajo en España está a la orden del día. Yo, profesionalmente, soy contable en una empresa”, da a conocer su situación de pluriempleo, que compagina con la editorial. Pese a que los factores pendientes de revisar son múltiples, Luis Sánchez opina que uno de ellos es “el abuso, en España, de la autoedición. Y que quede claro que no la culpo, pero dificulta mucho la cifra de ventas que pueda alcanzar una editorial tradicional”.

»Y desglosa este problema en otro de los “fantasmas que van comiendo espacio de mercado a los que intentamos hacerlo bien: la autoedición encubierta, es decir, que algunos editores ‘se camelen’ al autor de forma que sea el propio escritor quien, sin darse cuenta, se está editando el libro”, advierte.

»La calificación de ‘tradicional’ se adapta al proyecto editorial de Sánchez, una humilde apuesta por la poesía y la narrativa nacional; “no me planteo extenderme por cuestiones económicas, porque muchos libros sí se cubren, incluso generan ganancias, pero otros salen de mi nómina del otro trabajo, una inversión que hago porque la editorial me apasiona”, cuenta. Con autores como el murciano Rubén Castillo o el barcelonés Abel Santos, “quienes están muy consagrados y tienen muchísimo currículum”, anota, “el 80% del catálogo de Boria lo constituyen voces nuevas y está basado en un estilo de edición tradicional que se está perdiendo, porque se ha puesto de moda que el autor tenga que comprar ejemplares y distribuirlos él. Sin embargo, yo lo financio todo y le busco una distribución dentro de mis posibilidades”, revela su modus operandi».


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