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octubre 04, 2013

cuanto más / contra más*, cuanto menos / contra menos*


Para expresar una proporción cuantitativa entre dos términos, en la que el segundo se pone en relación con el incremento o con la disminución del primero, usamos el adverbio «cuanto», cuyo significado se asocia a la noción de cantidad. No usamos la preposición «contra».

Ejemplos:

«Cuanto más me insiste para que vaya, menos me apetece ir.»

«Cuanto menos llueva, menos crecerán las plantas.»

«Cuanto menos tiempo quede para hacer el ejercicio, peor nos va a salir.»








cuando menos / cuanto menos*


Para expresar «por lo menos», «como mínimo», «al menos» también se usa «cuando menos». En este caso la expresión se construye con este adverbio que es de tiempo, «cuando», y no con el de cantidad, «cuanto».

Ejemplos:

«Espero que, cuando menos, vengan la mitad de las personas a las que he invitado.»

«La lluvia nos hizo avanzar en caravana treinta minutos cuando menos»

«Cuando menos, podías haber comprado el pan.»







octubre 03, 2013

flacidez / flaccidez


Ambas formas son válidas. Se recomienda la que se escribe con una sola «c».

«flácido, -da. “Flojo o sin consistencia”. La forma etimológica fláccido (del lat. flaccidus), aún mayoritaria en la escritura, es válida, pero resulta preferible, por su simplicidad gráfica y articulatoria, la forma flácido. Lo mismo cabe decir de los sustantivos flacidez y flaccidez









conciencia / consciencia


Son dos palabras intercambiables excepto para expresar la capacidad de distinguir entre el mal y el bien. Este sentido moral solo lo tiene «conciencia».

Con el significado de conocimiento, en el sentido de percibir o de estado de vigilia, se usan ambas palabras, si bien se recomienda la forma simple, sin «s» después de «n».

El adjetivo en ambos casos es «consciente». En este caso no puede faltar la «s».

Cuando en lugar de tener conciencia o consciencia en primera persona, deseamos hacer «consciente» a una tercera persona, usaremos el verbo «concienciar», que en el español americano suele alternar con «concientizar», también correcto. Nuestro conocimiento del destinatario o el público al que nos dirigimos nos permitirá elegir la forma para ser adecuadamente comprendidos y percibidos.








septiembre 25, 2013

desempeñar un papel / jugar un papel*


Muy fácilmente se echa mano de la construcción «jugar un papel» cuando se quiere decir «desempeñar un papel». Se trata de una especie lingüística foránea, introducida por contagio de otros idiomas que hemos aprendido a hablar los hablantes de idiomas autóctonos, el castellano, en este caso.

No obstante, cuando desees proporcionar a tu expresión buena imagen y precisión, no es recomendable decir «jugar un papel», pues es un extranjerismo que literalmente en castellano no significa lo que probablemente tú deseas expresar. En el lugar de «jugar», el castellano dispone de términos como «representar», «tener», «realizar», «desempeñar», etc.

Así refiere la Academia el origen de la difusión de esta construcción, la tolerancia normativa con la que cabe aceptarla o usarla, y la alternativa óptima:

«jugar el (o un) papel. Esta construcción es calco, ya antiguo, del francés jouer le (o un) rôle o del inglés to play the (o a) role: “Nada me habría sido tan fácil como jugar el papel de traidor” [...]. Es uso ya muy arraigado en la lengua culta, por lo que no cabe censurarlo; no obstante, se recomienda utilizar con preferencia los verbos hacer, desempeñar o representar, según los casos, que son los verbos tradicionales en español en estos contextos. Por otra parte, no está justificado el uso sin determinante (jugar papel): “Nada es real y ni siquiera la moral juega papel importante”».










septiembre 20, 2013

mirar / ver – enfocarse a / focalizarse en (Dos giros muy del castellano americano y que hemos de evitar a ambos lados del océano)


Es un gran placer, posible gracias a Internet, poder escuchar el castellano que se habla y se escribe en diferentes países y además producido en el momento actual. Conocer sus muletillas de moda, sus extranjerismos... Sea de viva voz o mediante la palabra escrita, es un hecho el elevado intercambio de comunicación entre los hablantes que comparten el castellano, un compartir en semejanzas y en diferencias.

En esta convivencia, nuestra atención se fija en lo diferente, en los usos que no compartimos. Unas veces, podremos incorporarlos a nuestro propio uso, pero otras reconocerlos como usos que no caben en un lenguaje cuidado.

A este último caso pertenecen dos construcciones que se oyen y leen corrientemente, casi siempre, en un registro coloquial, pero pueden darse en personas a quienes interesa cuidar su expresión. Una de ellas es el uso del verbo «ver» con el significado de «mirar». Dos ejemplos en el Banco de datos CREA (Corpus de referencia del español actual), el primero en una novela de Ángeles Mastretta y el segundo en otra de David Martín del Campo:

«Entonces, ¿por qué me ves así?»

«Finalmente le digo “¿qué me ves güey?, se te va a atravesar un camello y tú aquí pajareando”.»


Y la otra construcción muy frecuente en el español de América y no propia de un registro cuidado es el uso pronominal de los verbos «focalizar» y «enfocar», es decir, «focalizarse» y «enfocarse», con las construcciones inadecuadas y, curiosamente, intercambiadas. Ejemplos: «Nos focalizamos a prolongar la vida útil de la maquinaria»*, por: «Nos focalizamos en prolongar la vida útil de la maquinaria». «Quisiera enfocarme en cuidar este jardín»* en lugar del correcto y adecuado: «Quisiera enfocarme a cuidar este jardín».

Si oyes o lees construcciones con el uso trastocado de «mirar/ver» y «enfocarse a/focalizarse en», es muy probable que te encuentres ante un hablante originario de un país de la América hispana.




septiembre 12, 2013

Sistema Internacional de Unidades


estereorradián, angstrom, centipoise... Son nombres de unidades de medida que forman parte de un código específico, fruto de un acuerdo internacional entre países con diferentes idiomas y válido en estos países. Dicho código, formado exclusivamente por unidades metrológicas, se llama en castellano Sistema Internacional de Unidades o SI. Dado que sus elementos son términos muy específicos y que su existencia y expresión está regulada por leyes nacionales e internacionales, el camino para expresarlos adecuadamente consiste en conocer estas fuentes legales e institucionales, pues en cada momento nos brindarán la información necesaria y actualizada para el uso de estos términos.

El Sistema Internacional de Unidades, o SI, trata de ser la armonización de todos los sistemas de medidas del mundo, y el organismo dedicado a establecerlo es la Organización Internacional de Metrología Legal (OIML). En España, el órgano correspondiente es el Centro Español de Metrología (CEM), que actualmente se presenta como «organismo autónomo adscrito a la Secretaría General de Industria y de la Pequeña y Mediana Empresa del Ministerio de Industria, Energía y Turismo», creado en 1990.

Algunos de los términos de este código, es decir, algunas unidades de medida del SI son específicas de determinado país o países y, en su caso, el SI determina el factor de conversión a valores internacionales.

Para el conjunto del Estado español, en el momento presente rige la Ley 3/1985, de 18 de marzo, de Metrología, donde «se determinan las unidades legales de medida, su materialización y la obligatoriedad de su utilización, en conformidad con los acuerdos de la Conferencia General de Pesas y Medidas (Sèvres), de las que España es miembro fundador» ―en el enlace incluido en la mención de la ley, puedes ver bajo el texto de esta sus modificaciones posteriores―. Es decir, que una vez establecido el Sistema, su aplicación es definida mediante los acuerdos tomados por los países agrupados en el organismo creado para ello, que es la citada Conferencia, The General Conference on Weights and Measures (Conférence Générale des Poids et Mesures, CGPM).

Con estos enlaces a todos los sitios web oficiales, tenemos la materia para poder emplear adecuadamente el SI.

En la Red encontramos algunos materiales didácticos elaborados por profesorado universitario. Pueden servirnos como referencias, resúmenes, pistas, etc., sin olvidar que el cometido profesional de elaboración y/o tratamiento y edición de textos requiere acudir a las fuentes primarias, que son los citados organismos y sus dictámenes, así como la normativa legal vigente.









septiembre 04, 2013

Las siglas en castellano carecen de la -s de plural


Las siglas son palabras invariables, es decir, su forma es igual siempre, independientemente de que signifiquen singular o plural. Así, por ejemplo, palabras como «ONG», «PDF» o «CD» no podrían escribirse «PDFs*», «ONGs*», «CDs*», «PDF’s*», «ONG’s*», «CD’s*».

Así lo expone la ortografía académica vigente:

«Aunque en la lengua oral tienden a tomar marca de plural ([oenejés] = ‘organizaciones no gubernamentales’), son invariables en la escritura: las ONG; por ello, cuando se quiere aludir a varios referentes es recomendable introducir la sigla con determinantes que indiquen pluralidad: Representantes de algunas/varias/numerosas ONG se reunieron en Madrid. Debe evitarse el uso, copiado del inglés, de realizar el plural de las siglas añadiendo al final una s minúscula, precedida o no de apóstrofo: CD’s*, ONGs*.»


Algunas siglas han pasado a ser palabras comunes, sustantivos, como «pyme» o «cedé». Puedes comprobar su aceptación normativa en el Diccionario académico y utilizarlas así, si las prefieres a su forma de sigla o si las consideras más aptas para tu público o lectores. En este caso su morfología funcionará como la de todo otro sustantivo común: las pymes, los cedés.





septiembre 03, 2013

Los útiles sinónimos



Claro que este post no es para decir lo que es un sinónimo, sino para recordar que al escribir solemos incurrir impepinablemente en repetir palabras. Es un efecto poco estético que en el repaso de lo escrito solucionamos reemplazando la repetición por un sinónimo o por una expresión equivalente.

Estas palabras de significa parecido o igual se llaman sinónimas, son los sinónimos.

Es decir, que el post de hoy reivindica el repaso de lo escrito y, además, repaso con atención a las repeticiones léxicas.

No existen los textos perfectos en el sentido latino de ‘acabados’, pues esto implicaría que solo pueden ser de una forma. Por el contrario, el empleo del lenguaje es un espectáculo de diversidad inagotable, de múltiples posibilidades, casi tantas como personas. El uso de los sinónimos es una muestra de esto y también de que no podemos clasificar un texto de perfecto, todo lo más, de correcto.

La corrección es un gran logro, pero si nos decidimos a avanzar más allá, nos mediremos con la maravilla de moldear el lenguaje para aportarle inflexiones, riqueza y capacidad de suscitar algún tipo de comunicación o una respuesta en forma de recuerdo por parte de nuestro lector.